Día: junio 24, 2012

Las vueltas de la vida

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Al decidir no reconocer al gobierno que emergió del congreso paraguayo el viernes por la noche, los países del MERCOSUR y algunos de UNASUR entran a una senda de difícil salida: ¿Cómo van a reimponer a Fernando Lugo? Nadie que milite en filas de la democracia está feliz con la forma en que se han desarrollado los acontecimientos en el vecino país. Pero de ahí a pretender revertir un curso encaminado por normas basadas en las potestades legislativas del vecino país es querer torcer mecanismos para acomodarlos a las conveniencias propias.
Bolivia no tiene base histórica para protestar por lo ocurrido. Hay que recordar la propia historia boliviana reciente. El golpe militar contra Walter Guevara Arze, en 1979, fue consumado cuando el Congreso refrendó la destitución resultado de un golpe militar y designó a Lidia Gueiller. ¿No fue aquella una decisión torcida pues representó la ratificación del movimiento de los golpistas? Recuerdo que el único partido en defender al gobierno de Guevara fue el de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Años más tarde, ¿no fue también torcida la actitud de quienes -entre ellos algunas autoridades actualmente en funciones- se opusieron al mecanismo de sucesión cuando renunciaba el entonces presidente Carlos Mesa, quien había asumido tras la renuncia forzada del presidente Gonzalo Sanchez de Lozada? Y ¿no guarda lo ocurrido similitud con los gobernadores y alcaldes opositores apartados bajo acusaciones de calidad sospechosa (uno de los cargos contra uno es que compró autos usados para ahorrar dinero público y contra otro por adquirir generadores eléctricos para una población que estaba a oscuras, en decisiones que bien pudieron ser corregidas sin llegar a los extremos de apartar a sus autores)? Si el juicio a Lugo fue supersónico, el de los casos bolivianos marcha a paso de tortuga esclerótica.
Un hito importante en los acontecimientos en Paraguay es que el ahora ex presidente Lugo aceptó el veredicto del congreso que votaba por su enjuiciamiento, tras subrayar que la decisión era torcida pero que constituía un mandato legal y por eso lo obedecía. Que la transición hubiese sido pacífica no quita la impresión de que el tiempo concedido al ex mandatario para organizar su defensa no correspondió a la gravedad de la decisión que se iba a tomar. Con todo, en aras de la legalidad Lugo siguió el rastro del ateniense Sócrates quien 2.500 años antes aceptó su propia condena a muerte por respeto a las leyes cuyo cumplimiento abogaba. Y en ese camino, Lugo pidió a sus seguidores que se abstuviesen de protestas violentas.
Tardía fue la reacción de los socios paraguayos en MERCOSUR. Por lo que ahora es más visible, existían síntomas de una situación interna de deterioro, cuya expresión más nítida es la votación 76-1 por el enjuiciamiento aprobado por la Cámara de Diputados el jueves y la de 39-4 que ocurrió al día siguiente en el Senado. Casi la totalidad de quienes lo apoyaron y contribuyeron a llevar a Lugo a la presidencia le retiró respaldo. El presidente ido estaba políticamente exangüe y bajo esas condiciones es como querer sostenerse agarrado a un peñasco que está por caer.
Entonces, ¿cómo quieren MERCOSUR o UNASUR reimponerlo, puesto que sus gobiernos sólo reconocen a Lugo como gobernante? Hasta el domingo Franco había sido reconocido por Alemania, Canadá, el Vaticano y España.
Una pregunta importante en el embrollo es: ¿Qué harían Brasil y Argentina sin -o con solo parte de- la energía de Itaipú y Yaceritá, dos fuentes de energía hidroeléctrica en territorio paraguayo? La respuesta será fundamental en la actitud de los dos países respecto a su vecino.