Día: mayo 23, 2012

La carga de la prueba

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A lo largo de las últimas 24 horas, ha quedado claro que nadie en el gobierno agarrará el guante supuestamente lanzado desde su prisión por el general retirado de la policía René Sanabria. Al ex jefe policial le toca, de acuerdo al gobierno, precisar sus declaraciones, hechas en dos  hojas de papel desde la prisión en Estados Unidos. En el manuscrito que se atribuye a quien fuera uno de los hombres de mayor confianza y poder en el gobierno hasta su detención en Panamá y su casi inmediata remisión a Estados Unidos,  se dice que el ex ministro de Gobierno Sacha Llorenti debería revelar los nombres de funcionarios del gobierno implicados en el narcotráfico. El ex ministro dijo que, de ser auténtico el documento, se trataría de  “una patraña” y que en el gobierno no ha habido ningún encubrimiento.  Su sucesor Carlos Romero destacó que el manuscrito “no tiene firma” y por consiguiente carece de seriedad.

Es decir, desde la prisión el ex alto funcionario tendría que probar que el documento es efectivamente suyo. (Deberá tener a su lado a un notario – boliviano, claro, y en lo posible del partido de gobierno). Entretanto, no habría ninguna investigación. ¿Les parece?

Remedios urgentes

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REMEDIOS URGENTES  PARA UNA  SOCIEDAD   EN CRECIENTE VIOLENCIA

P. Gregorio Iriarte (OMI)

– Debemos   buscar un electricista

para restablecer  la corriente positiva entre las personas.

– Debemos buscar  un  oculista para  dulcificar tantas miradas hirientes.

– Debemos  buscar un artista para dibujar  sonrisas en los rostros

amargados.

– Debemos buscar un arquitecto para construir la paz en los hogares y

en nuestra sociedad en permanentes conflictos.

– Debemos buscar un jardinero para  llenar  de maravillosos colores

y perfumes  nuestro mundo contaminado.

– Debemos buscar un profesor de matemáticas  que nos ayude a sumar

y a contar  siempre  los unos con los otros en una sociedad

tan individualista.

– Debemos  buscar un político  que busque más el servicio al pueblo

que  el poder personal.

– Debemos  buscar un profesor que enseñe más con el ejemplo

que con la palabra.

– Debemos buscar un sacerdote que nos enseñe que debemos amarnos

y perdonarnos los unos a los otros  lo  mismo que Dios

nos ama y nos perdona a todos.

Cochabamba, mayo, 2012

Ché creyó que sería juzgado

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Lo dice el general ® Gary Prado, en sus “Memorias virtuales”

Ernesto Ché Guevara creía que iba a ser juzgado por un tribunal militar en Santa Cruz, cuya octava división del ejército lo había capturado en los parajes selváticos de Ñancahuazú donde se había entregado. Estaba animado y unas horas antes había tenido una última, si bien fugaz, conversación con el capitán ante cuya compañía se rindió tras alertar a gritos quién era y que tendría valor más vivo que muerto. Algunos detalles de los últimos momentos del legendario guerrillero argentino-cubano han sido expuestos al público internauta en una extensa deposición en un canal de historia del Instituto Prisma, que lo ha colocado a disposición de su audiencia desde abril pasado.

El segmento inaugural de Videoteca Virtual  con deposiciones sobre la historia contemporánea de Bolivia trae, entre 16 personas entrevistadas, más de tres horas de testimonios del entonces capitán y ahora general retirado Gary Prado Salmón,  quien, en octubre de 1967,  selló la derrota de la insurgencia con la que el Ché quería crear “uno, dos, tres, muchos Vietnam” en América Latina.

El comandante guerrillero fue llevado prisionero a un cuarto de la escuela de La Higuera, donde estaba instalada la unidad del ejército que combatía a la guerrilla. Prado Salmón, -en la silla de ruedas que lo dejó un episodio cuando, años más tarde, dirigía una operación en Santa Cruz- afirma que en la noche del 8 al 9 de octubre fue con frecuencia a ver a su detenido, a quién le preguntaba cómo se encontraba, qué necesitaba;  le llevaba cigarros, café y alguna comida. Eso creó ambiente para alguna conversación que el general retirado describe lacónicamente, dentro de lo que puede haber sido un diálogo del prisionero con su captor.

¿“No supo Ud. que ya tuvimos una revolución aquí, que ya hicimos la reforma agraria?”

“Si, supe. Ya vine yo por aquí…estuve en el (19)53. Pero todavía hay mucho por hacer…”

“Claro…pero déjenos hacer a nosotros…una cosa que no nos gusta es que nos vengan a decir de afuera lo que debemos hacer”.

“Si. Tal vez nos equivocamos…”

“Entonces, ¿quién tomó la decisión de venir a Bolivia? ¿Usted?

“No. No fui yo…otros niveles…”

“Pero ¿qué otros niveles? ¿Fidel?”

La respuesta del guerrillero fue su silencio, enigmático pero elocuente, según evoca Prado Salmón. El diálogo es espartano y contiene sólo unas palabras más que las que aparecen en el libro del general boliviano “La Guerrilla Inmolada” (Imprenta Sirena, Santa Cruz, 2006), en la que narra su participación en la campaña de 1967, la mayor emprendida por el ejército de Bolivia desde la guerra del Chaco y la única victoria de las armas bolivianas desde Ingavi, en el siglo XIX.

El ex comandante militar y ex embajador en varios países refuerza la creencia de que el Ché vino a Bolivia porque ya no había lugar para él en Cuba. Por eso se fue al Africa (El Congo), donde luchó con Laurent Kabila (muerto en 2001 en un confuso incidente armado). Salió de allí decepcionado. “Allá están colgados de los arboles, todavía”, dice el general retirado, citando al comandante guerrillero. “Continúan así…El problema es tribal allá”.

El diálogo se volvió más fluido en la tercera o cuarta conversación aquella noche, cuando el prisionero pregunta  ¿“Qué van a hacer conmigo?”

“Va a ser juzgado…”

¿“En Camiri?

“No. En Santa Cruz. Ud. ha sido capturado por tropas de la 8ª División y corresponde que el consejo de guerra, el juicio, la corte marcial, sea allá, en la sede del comando”.

“Ah, si.”

Prado dice que el prisionero parecía más animado con la perspectiva del juicio y que él, después, salió hacia la zona de operaciones. Al retornar supo que había sido ejecutado.

El general retirado habla de los errores de la insurgencia a partir de sus primeros momentos y a lo largo de  la campaña de siete meses. Uno de los primeros fue enviar al francés Regis Debray a determinar la zona en  la que se desarrollaría la campaña. En vez de procurar el norte de La Paz, en Caranavi y Alto Beni, se fue al Chapare y tras emitir su informe, se decidió lanzarla desde el sudeste, testimonia.

Es inevitable preguntarse si, para una empresa de la magnitud que se estaba forjando, no era posible un comisionado más confiable, independientemente de la coincidencia ideológica, que conjurase errores fatales y pudiese determinar bases logísticas apropiadas: caminos, población, centros de acopio de alimentos, etc. No fue así. El “informe Debray” fue suficiente para optar por el sudeste, subraya Prado Salmón.

En las “memorias virtuales” también destaca “cosas raras” en la guerrilla, como la dedicación a lo largo de horas por parte de su comandante para que los combatientes aprendiesen quechua en una región en la que se hablaba castellano y guaraní. “Allí nadie habla quechua”.

Una de las mayores “rarezas” fue haber dividido, de entrada, la columna en dos. “Un día chocábamos con la guerrilla aquí y al día siguiente nos tropezábamos con la guerrilla a 180 kilómetros y nos preguntábamos: ¿Cómo pueden moverse tan rápido, si no había ni caminos?  Era que la guerrilla se había dividido en dos grupos y no podían encontrarse. Ese fue uno de los de los grandes errores. Un error infantil de un comandante: dividir sus fuerzas y perderse. Cada  uno por su lado. Nunca más se encontraron.”

El ejército boliviano decidió rodear la zona de operaciones y luego combatir la insurgencia con pequeñas unidades cuyos integrantes habían sido entrenados durante 16 semanas en Santa Cruz, en una zona entre La Esperanza y Guabirá, recuerda Prado Salmón. Subraya que aún antes de comenzar, la impreparación llevó a que el “contacto cubano”, como lo llama Prado Salmón, desapareciera y se uniese a la guerrilla, en vez de coordinar tareas con Humberto Vásquez Viaña, quien debía actuar como “enlace urbano”. (Vásquez Viaña ha escrito “Dogmas y Herejías de la Guerrilla del Ché”, es un conocedor de primera magnitud de la fallida campaña y coincide con Prado Salmón. En su obra, menciona una docena de elementos para afirmar que Fidel Castro “le quemó las naves” al Ché.)

La guerrilla guevarista, dice Prado Salmón, aislada del mundo, se hundió en “un abandono total”.

Para explicarlo subraya que Guevara ya no tenía más papel alguno para jugar en Cuba. Y que fue al África poco menos que forzado. Pero retornó desilusionado al cabo de un tiempo sin haber conseguido nada.  Poco después, en Bolivia, emprendería su aventura final.

(*) Soy uno de los entrevistados por TVTK y escribo esta nota debido al valor testimonial de la entrevista al general Prado.

Ché creyó que iba a ser juzgado

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Lo dice el general ® Gary Prado, en sus “Memorias virtuales”

Ernesto Ché Guevara creía que iba a ser juzgado por un tribunal militar en Santa Cruz, cuya octava división del ejército lo había capturado en los parajes selváticos de Ñancahuazú donde se había entregado. Estaba animado y unas horas antes había tenido una última, si bien fugaz, conversación con el capitán ante cuya compañía se rindió tras alertar a gritos quién era y que tendría valor más vivo que muerto. Algunos detalles de los últimos momentos del legendario guerrillero argentino-cubano han sido expuestos al público internauta en una extensa deposición en un canal de historia del Instituto Prisma, que lo ha colocado a disposición de su audiencia desde abril pasado.

El segmento inaugural de Videoteca Virtual  con deposiciones sobre la historia contemporánea de Bolivia trae, entre 16 personas entrevistadas, más de tres horas de testimonios del entonces capitán y ahora general retirado Gary Prado Salmón,  quien, en octubre de 1967,  selló la derrota de la insurgencia con la que el Ché quería crear “uno, dos, tres, muchos Vietnam” en América Latina.

El comandante guerrillero fue llevado prisionero a un cuarto de la escuela de La Higuera, donde estaba instalada la unidad del ejército que combatía a la guerrilla. Prado Salmón, -en la silla de ruedas que lo dejó un episodio cuando, años más tarde, dirigía una operación en Santa Cruz- afirma que en la noche del 8 al 9 de octubre fue con frecuencia a ver a su detenido, a quién le preguntaba cómo se encontraba, qué necesitaba;  le llevaba cigarros, café y alguna comida. Eso creó ambiente para alguna conversación que el general retirado describe lacónicamente, dentro de lo que puede haber sido un diálogo del prisionero con su captor.

¿“No supo Ud. que ya tuvimos una revolución aquí, que ya hicimos la reforma agraria?” (Para la nota completa ir a Páginas, aquí)