La palabra que faltó

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Me parece que gran parte de la confusión que se ha dado entre médicos, salubristas, dirigentes obreros y estudiantes de medicina está en la manera en que se ha informado sobre el acuerdo suscrito entre los sectores en huelga y el gobierno. Creo que el eje de esta confusión ha sido la “inaplicabilidad” de la medida dictada por el gobierno para aumentar la jornada de de seis a ocho horas en toda el área de salud. Ha faltado alguien que diga que la pretendida inaplicabilidad, como ha sido explicada, es temporal. El término utilizado en torno al decreto 1126 es impreciso. ¿Cómo tomar decisiones en torno a algo inaplicable? Ejemplo: Tu pedido para viajar en avión a tal lugar es inaplicable porque allí no hay aeropuerto. Si es inaplicable, entonces se debe desechar la opción y pensar en viajar por carretera. Lo mismo ocurre con ese decreto: si es inaplicable se lo debe desechar y no hablar más de él. A menos que el término haya sido utilizado para evitar decir que, “por ahora”, el decreto no será aplicado. Es decir, su vigencia está entre rejas HASTA que se realice aquella reunión que decidirá sobre la salud (¿?), en un propósito tan vasto como decir “fulano va a leer”, pero sin saber qué, sobre qué materia, qué autor, qué número de página, de qué biblioteca, etc. Absurdo, ¿verdad? Aquella reunión decidirá (¿?) si la norma deja de existir o si se acaba el período de su inaplicabilidad y, por tanto, asume vigencia plena; es decir las seis horas se volverán ocho.
Creo que si hubiera sido visto así, el diseño del gobierno habría sido más claro (“la suspensión es temporal”) y los médicos habrían sabido sobre qué terreno se negociaba.
Algo que ha sido poco discutido es el origen del aumento de horas de trabajo: una reunión de las “organizaciones sociales” en Cochabamba en diciembre (no estuvieron representados los médicos). Si se considera la enorme complejidad de la cuestión que se discutía, es como decir que los programas de enseñanza universitaria fueron discutidos y aprobados en una reunión estudiantil cuyos asistentes carecen de la preparación debida. ¿Qué seriedad pueden tener esos programas? Estos días, parece que esta forma de ver y aplicar (perdón) normas es común en Bolivia. ¿Fue siempre así?

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