La primera jornada

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Primer día de paro. La Paz y otras ciudades bolivianas vivieron este miércoles una jornada de violencia, típica de otras ya vividas por el país en la inminencia de acontecimientos políticos mayores. Nadie lee el futuro, de modo que sólo en el tiempo se podrá medir el significado final de esta primera jornada del paro nacional de 72 horas decretado por la Central Obrera Boliviana.
La Paz, Cochabamba, Tarija, Santa Cruz y Potosí fueron centros de confrontación que, por los informes de esta noche, han dejado cuando menos siete heridos.
En La Paz, las escaramuzas (piedras vs. gases) se prolongaron por más de una hora en las proximidades de la Plaza Murillo, a la que jóvenes vistiendo mandiles blancos pugnaban por ingresar. La policía logró contenerlos en medio de nubes de gases. Coincidentemente, mientras ocurrían los disturbios, se encontraba en el Palacio de Gobierno el ministro español para la cooperación internacional Jesús García-Gargallo, quien vino a Bolivia dentro de una gira ya programada que ocurre a pocos días de la nacionalización de una empresa española. No había detalles sobre lo discutido, pero al español debe haberle llamado la atención el estruendo de las explosiones de gas y de cartuchos de dinamita.
En Cochabamba se apostaron miles de cocaleros, los que ahora parecen la vanguardia más clara de apoyo que tiene el gobierno. Quién paga por esta movilización aún no está claro. La masiva presencia de los plantadores/cosechadores de coca del Chapare -que previsiblemente respaldan la construcción de la carretera por el TIPNIS- trajo a la memoria las jornadas violentas de enero de 2007. Las agrupaciones cocaleras realizaron un cabildo en el que resolvieron dar apoyo pleno al gobierno, declararse en “movilización permanente” y rechazar una “intención golpista”de  una “derecha” que no explicaron. Quienes hablaron, pintaron  una película diferente de la que muchos en el país ven desde hace más de un mes. Dijeron que el paro médico es extremadamente parcial y sólo es obedecido por un 20% de galenos. La presencia cocalera masiva derivó en el aplazamiento para el jueves de una marcha de la Central Obrera Departamental.
En Tarija y Potosí los gases lacrimógenos combinados con las piedras de los manifestantes en varias zonas de esas ciudades alborotaron los vecindarios fue fueron escenario de la batahola. En Santa Cruz hubo bloqueos en las afueras de la ciudad y sobre sus carreteras de acceso. Las versiones que recibí de transportistas que venían de la periferia referían que médicos y estudiantes de medicina habían cerrado el paso a todos los vehículos.
Fue una jornada tensa. Ella puso un sello a la ruptura entre el gobierno y la matriz laboral boliviana, que rechaza el aumento del 8% sobre el salario mínimo anunciado por el presidente Morales el 1 de mayo, y apoya la exigencia de los médicos (más de un mes en paro) para derogar el decreto 1126 que les impuso una jornada diaria de ocho horas. Los médicos dicen que si se les impone esa carga horaria, deben ser incorporados a la Ley General del Trabajo.
La de hoy fue una larga jornada de una larga semana, una de las más tensas ocurridas en Bolivia en los últimos años. Ni de lejos ha sido un día como los que se esperaba que viviría Bolivia bajo el gobierno del presidente Morales.

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