La envidia

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Comparto con Uds. la más reciente entrega del padre Oblato de María Inmaculada Gregorio Iriarte.
LA ENVIDIA, UN CÁNCER SOCIAL

Érase un repugnante y mofletudo sapo que croaba a la orilla de una pestilente laguna mientras una humilde luciérnaga alegraba, con su lucecita intermitente, el calor de una sofocante noche de verano.
La luciérnaga se acercó, todo ilusionada, hasta la laguna donde el sapo trataba de cazar algún insecto. Con su mensaje de luz quería alegrar la vida del pobre sapo.
El sapo la miró con desconfianza y al verla parpadear en la oscuridad de la noche le escupió lanzándole su repugnante saliva venenosa.
La pobre luciérnaga se sintió mareada, sin llegar a comprender lo que estaba pasando, mientras trataba de reaccionar y, todo desconcertada, preguntó:
– “Hermano sapo ¿por qué me escupes,,,?
Y el sapo, con un tono lleno de resentimiento, contestó:
-“Porque brillas…”
Eso es la envidia: sentirse uno mismo amargado y deprimido
al ver los éxitos y las cualidades de quienes nos rodean.
El envidioso se siente mal porque el otro se siente bien; se ve humillado porque el otro triunfa; se deprime profundamente porque el otro tiene éxito, ya sea en el campo intelectual, en el político, en el económico o en el religioso o en el afectivo.
La envidia es, entre nuestras pasiones, la más negativa y la más ilógica. El envidioso se torna en enemigo de sí mismo. Él es la causa de su propia amargura y de su propia depresión.
Los antiguos pintores representaban a la envidia como una bruja consumida en carnes y con mirada turbia hacia quienes triunfan.
La envidia es un verdadero cáncer moral que mata toda amistad y todo auténtico amor. El envidioso, en vez de sentirse contento por lo éxitos ajenos, reacciona interiormente con sentimientos de decepción y de frustración. Los éxitos de los otros se constituyen en su mayor tormento interior.
La envidia ha sido definida como la tristeza y el pesar ante el bien o el triunfo ajeno. Ella es la causa más común de los humanos resentimientos. El envidioso no busca tanto su propio éxito. Lo que más le duele es el éxito de quien está a su lado y lo juzga como si fuera su adversario. Lo ve, no tanto como hermano o compañero, sino como enemigo que le arrebata su propio triunfo. Prefiere el fracaso de sí mismo más que el éxito ajeno.
La envidia es un sentimiento que no produce nada positivo en las personas, sino profunda y dolorosa amargura.
El ejemplo clásico de las graves consecuencias a las que nos puede llevar la envidia lo tenemos en el pasaje bíblico de Caín y Abel. (Gen.4, 2-15) Es un relato redactado con un lenguaje simbólico y con la finalidad de hacer entender al pueblo cómo la envidia de Caín hacia su hermano Abel es causa de grandes males. La envidia puede llevarnos hasta desear la muerte de un ser humano. La envidia provoca muchos males en nuestra sociedad ya que, no pocas veces, se llega a desear la derrota más que el triunfo de nuestros compatriotas. En muchos casos la envidia ha sido la responsable de grandes males para las personas y para lo pueblos.
La lección bíblica es muy clara: La envidia, lo mismo que en el relato de Caín y Abel, nos pude llevar hasta el fratricidio.

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