Una nueva nacionalización

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Como un  “justo homenaje a los trabajadores bolivianos” el presidente Morales ordenó este 1 de mayo la nacionalización de las acciones de la Red Eléctrica Española (REE) a cargo de la distribución de energía electrica por más de tres cuartos de la red nacional.. La decisión causó sorpresas, entre ellas la coincidencia con una ceremonia en la que Repsol, nacionalizada en Argentina hace dos semanas, iba a inaugurar, sólo horas después, una segunda planta procesadora de gas en el campo Margarita. Esa inauguración era emblemática del trato que se otorga en Bolivia a los inversionistas extranjeros.
El gobierno español consideró la decisión boliviana “muy diferente” de la asumida por Argentina cuando expropió las acciones de Repsol. Se desconocía, sin embargo, cómo se manifestaría esa diferencia. En el caso de YPF de Argentina, España obtuvo respaldo inmediato de la Unión Europea y Estados Unidos, lo que anticipa una espinosa disputa y mil-millonarios reclamos de compensación. En el de Bolivia, no era público el monto total de inversiones de la empresa española (sus ingresos del año 2011 fueron calculados en 60 millones de dólares) ni cuántos empleados y obreros tendría. (Recomendaría anotar cuántos empleados y obreros tiene registrados hasta el 1 de mayo y cuántos tendrá el 31 de diciembre. En la noche, la nueva empresa estatal ya tenía a un gerente posesionado).
El diario El País, de Madrid, insinuó una visión desde España en un editorial que esta noche estaba en sus páginas digitales: “En la desafortunada estela del gobierno argentino y su decisión de expropiar el 51% de YPF, el presidente de Bolivia, Evo Morales, ha firmado el decreto de nacionalización de la compañía Transportadora de Electricidad S. A. (TDE), propiedad de Red Eléctrica Española (REE). Como en el caso de YPF, estamos ante un caso de expolio de una propiedad con dueños y accionistas, basado en retóricas insostenibles en términos de mera racionalidad económica o seguridad jurídica contractual. Morales y su Gobierno han actuado al margen de las reglas que ordenan el respeto a la propiedad y el ordenamiento jurídico internacional.”
El comentario concluía así: “(El presidente Evo) Morales ha interpretado la expropiación de YPF como signo de debilidad del Gobierno español. Aunque causó algunas protestas internacionales, no se ha tomado una sola medida que castigue de verdad al expropiador. El daño económico de la decisión de Bolivia es inferior al de YPF. Sin embargo, hay una diferencia significativa: Red Eléctrica está participada por el Estado. El Gobierno está directamente concernido. Esperemos que ahora responda de forma disuasoria.”
La nacionalización siguió un ritual del gobierno de anunciar medidas de esa naturaleza en cada celebración del Día del Trabajo. El presidente dijo que la empresa española había incumplido sus compromisos de inversión. Sólo unos 80 millones de dólares en 16 años (“apenas cinco millones de dólares al año”).
En la tarde, el mandatario ingresó a las oficinas e instalaciones de la empresa nacionalizada, en Cochabamba, que estaban ya bajo custodia militar y con un cartel gigante desplegado en la parte frontal de su edificio: “Nacionalizada”.  Al hacer el anuncio en La Paz, dijo que la empresa recibiría compensaciones por sus inversiones.
Si una de las intenciones de la medida era mostrar un rostro nacionalista en momentos en que el gobierno se encuentra ante quizá la peor ola de conflictos (médicos, salubristas, estudiantes, maestros, COB) de su gestión, las manifestaciones de la fecha no fueron apaciguadoras. Los discursos en Santa Cruz fueron duros, con reclamos a gritos de la renuncia de los ministros del Trabajo y de Salud. Las marchas de la COB rechazaron el aumento del 8% anunciado por el presidente. Y la huelga nacional de los médicos ingresaba a su segundo mes, la más prolongada de ese sector, sin perspectivas de una solución.

En la ceremonia de inauguración de la planta procesadora de gas en Margarita,  el presidente reafirmó que “el gobierno respetará los intereses de la petrolera española Repsol por cumplir el rol de socia de YPFB (y no patrona)”, reseño Erbol y dijo que “quienes invierten en este país son bienvenidos, siempre sus inversiones serán reconocidas al ser empresas socias del pueblo boliviano”. En esa línea de complicado equilibrio, encomió a la filial de REPSOL en Bolivia.

Pronto podrán verse los efectos de la señal que el anuncio de hoy ha enviado a los inversionistas extranjeros, especialmente a los de España y de la Unión Europea.

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