Día: marzo 22, 2012

Hora de las cuentas

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Petróleos de Venezuela (PDVSA) registró el año pasado una sobreacumulación de las deudas de sus clientes, entre ellos YPFB, que subieron un 44% y representaron 28.900 millones de dólares, de 20.000 millones en 2010. La noticia está en el diario caraqueño El Universal.
La noticia es un campanazo para Bolivia. Significa que si YPFB le debe a PDVSA por el diesel que recibe (el diesel que se vende en Bolivia proviene casi en su totalidad de Venezuela), pronto empezará a escuchar que tocan a sus puertas para que pague sus compromisos, pues también han crecido (casi el 20%) las obligaciones aún no cubiertas de Venezuela con sus proveedores. Bolivia compra petróleo y derivados a precios internacionales y los vende subsidiados. Eso explica el curso vertical que ha seguido el consumo de ese carburante en los últimos años y la tentativa infructífera de nivelarlos a fines de 2010.
Tal vez en poco tiempo más el país empiece a conocer los montos reales del endeudamiento con Venezuela, no solamente por diesel sino por los aportes “directos” de ese país a los programas que el gobierno lleva a cabo de manera directa, sin fiscalización. Esos programas continúan, aunque Venezuela ha dejado de financiarlos. Pero los volúmenes aportados por Venezuela son desconocidos, tanto en Bolivia como en la propia Venezuela.
El candidato presidencial opositor Henrique Capriles ha dicho que revisará, y eventualmente suspenderá, la asistencia de su país a Cuba, Nicaragua, Bolivia y otros países de la llamada Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Las elecciones presidenciales en ese país serán el 7 de octubre próximo.

El informe que cita el diario caraqueño dice que PDVSA reconoce que “hubo un aumento en las cuentas por cobrar a clientes de los convenios energéticos como YPFB (Bolivia), Ancap (Uruguay) y bureau de Monétisation des Programmes (Haití).”
El informe periodístico dice que las exportaciones petroleras de Venezuela a América Latina y el Caribe representaron 620.000 barriles diarios, cerca de un cuarto de la producción petrolera de aquel país.

Sociedad laica y secularizada

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Comparto con Uds. la más reciente entrega del sacerdote oblato Gregorio Iriarte. Vean la relación que estos conceptos tienen con nuestra realidad habitual.
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Aunque en Bolivia todavía vivimos mayoritariamente dentro del ámbito de los valores y las tradiciones religiosas, sin embargo, es evidente que a nivel mundial se avanza hacia una sociedad cada vez más secularizada y laical. También nuestra sociedad camina en ese sentido.
El Concilio Vat.II nos dice que las realidades temporales ( políticas, económicas, científicas…etc ) tienen su propia autonomía. (G.S. n.36)
Sin embargo, se debe distinguir entre el laicismo anti-religioso y la sana laicidad para situarnos en una posición correcta.
La laicidad reconoce e impulsa un proceso que lleva a una diferenciación entre lo profano y lo sagrado, concebidos ambos como ámbitos diferenciados con características propias.
No obstante, el laicismo, a diferencia de la laicidad, es una ideología que pretende eliminar de la vida social todo tipo de legítimas expresiones religiosas. Es un rechazo total a todo lo sagrado.
En una sociedad cada vez más multicultural y más globalizada, los distintos credos religiosos tienen que aprender a convivir y aceptar la pérdida de hegemonía y a renunciar a cualquier privilegio. Hay que aceptar esta situación que reconoce la autonomía de la sociedad civil, sin vincularla necesariamente a una cosmovisión religiosa.
Un Estado basado en la sana laicidad es a-confesional pero no es anti-religioso.
Esto es que nos propone la Nueva Constitución Política de Bolivia:
una verdadera laicidad que no es sinónimo de irreligiosidad….
tenemos la impresión, empero, que en nuestro ambiente están surgiendo, impulsadas por el propio Estado, prácticas religiosas ancestrales sin consonancia con el espíritu y la letra de la Nueva Constitución Política del Estado que, en el art. 4 dice claramente: “El Estado es independiente de la religión.”
Una laicidad inclusiva se da cuando el Estado respeta y garantiza el desarrollo de los diversos credos religiosos sin que él los asuma en forma oficial. Queda todo abierto a la opción de cada persona y a cada grupo social. El Estado se debe limitar a respetar la libertad religiosa sin identificarse con ningún credo ni culto religioso.
La laicidad y el secularismo entendidos como el reconocimiento del protagonismo libre y responsable de las personas es positivo y es necesario. El laicismo con actitudes agresivas contra la religión no respeta los derechos y libertades de los ciudadanos .
La laicidad y la secularizad son expresiones de la autonomía de la sociedad civil y lo debemos aceptar como algo positivo y necesario ya que reconoce el protagonismo libre y responsable de las personas. No mezcla ni identifica lo religioso con el poder político. Tampoco subordina la Iglesia al Estado ni el Estado a la Iglesia. Son realidades distintas que se deben respetar, y en muchos casos colaborar mutuamente, pero nunca supeditar, dominar, o perseguir.
En una sociedad secular, la religión y la Iglesia tienen que ser críticas cuando se desconoce la libertad de las personas y su igualdad real, o cuando se da una grave falta en la vigencia de los derechos humanos, así como cuando constatamos la pérdida de los valores ético-morales en nuestro ambiente. La Iglesia tiene que seguir ofreciendo una espiritualidad humanizadora frente al materialismo hedonista, consumista e insolidario, y permanecer vigilante frente a tantas idolatrías deshumanizadoras.