Otra vez “por ahora”, comandante

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El presidente Hugo Chávez se encuentra otra vez demarcando la raya de su destino y por ahora la única certeza con la que puede contar es que su batalla para las elecciones de octubre se ha vuelto nuevamente cuesta arriba. El mismo ex comandante paracaidista ha anunciado una reincidencia del mal que lo aqueja y que en junio el año pasado lo llevó a una cirugía en La Habana donde le detectaron un cáncer del que, tras la operación y cuatro sesiones de quimioterapia, aseguraba que se había liberado y que ya estaba limpio y sin peligro.
Como en febrero de 1992, el mandatario ha tenido que admitir que, “por ahora”, su lucha contra ese mal continúa. Aquel día, Chávez fue uno de los cabecillas de la mayor intentona golpista en más de tres décadas de democracia venezolana. Tenía la misión de tomar Caracas. Sus compañeros ya habían cumplido con otras ciudades, pero tomar la capital era la consolidación o el fracaso del movimiento. Fracasó, fue preso y, años después, indultado. Volvió ungido presidente constitucional en 1999, tras ser electo como tal, a veces sospecho más por curiosidad sobre qué había después de ese “por ahora” que por convicción. En el fondo, empero, yacía la decepción con la incapacidad –y hasta rapacidad- de sus líderes. Venezuela bien podía haber sido una Suiza latina, con los torrentes de petrodólares que habían ingresado al país. Lo demás es historia conocida y ahora los venezolanos saben el significado de “por ahora”.
Es interesante observar el comportamiento informativo oficial en éste y otros casos. El domingo, ya era “vox populi” la versión inicialmente difundida en la internet por un periodista venezolano, pero el gobierno la negaba rabiosamente, afirmando eran noticias infundadas provenientes de “la canalla”. Pues estaban tan bien fundadas que el propio presidente las corroboró el martes, en un golpe certero a la credibilidad de la propaganda oficial. Más: Dijo que la lesión podía ser maligna.
Dos días antes, al salir al paso de rumores que decían que el mal había reaparecido, había dicho: “Dicen que estoy muriendo…pero pido a Dios, a la Virgen de Coromoto, a los santos de la sabana, que el cáncer no vuelva”. Lo citaba El Nacional. Sólo unos días antes, un solvente periodista brasileño escrito que el mal del mandatario venezolano había hecho una metástasis que apuntaba hacia el hígado. Basaba su versión en análisis de médicos brasileños sobre la enfermedad de Chávez.
La admisión del presidente sobre su malestar ocurrió una semana después de la elección de Henrique Capriles como candidato opositor único para la elección de octubre. Como en un dramático devenir histórico, en la sociedad venezolana parece haber resurgido la misma frustración que consagró a Chávez: los petrodólares han ingresado a raudales a los cofres nacionales, pero Venezuela continúa sin siquiera producir alimentos como para sustentarse y es más dependiente que nunca de sus ventas de petróleo. Ahí también se explica la decisión de la sociedad venezolana de buscar un solo candidato para hacer frente a todo el aparato oficial, apuntalado por la asistencia de Cuba, que tiene en Venezuela un cordón económico umbilical. Es plausible suponer que la sociedad boliviana y otras preocupadas por el rasgo autoritario que suelen asumir sus gobiernos, también querrían una oposición unida. Pero los líderes bolivianos no han mostrado mayor entusiasmo por unir fuerzas para enfrentar a un rival con más de seis años en el poder.

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