Día: febrero 13, 2012

El camino venezolano

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Con una participación ciudadana superior a las expectativas, Henrique Capriles Radonski, actual gobernador del Estado Miranda, fue electo este domingo por una abrumadora mayoría como el candidato de la oposición venezolana para enfrentar al presidente Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del 7 de octubre. Votaron casi tres millones de venezolanos. Los líderes que participaron en la justa electoral creían que dos millones o sólo un poco más serían una demostración de fortaleza, aunque el gobierno ridiculizaba la cifra en un país con cerca de 14 millones de electores.

La elección de un solo candidato para entrar al ruedo electoral con la misión de enfrentar y vencer a un rival formidable, ganador frecuente de elecciones en más de dos lustros, puede ser una enseñanza para los partidos opositores de otros países del continente con elecciones presidenciales en el próximo par de años, como Bolivia (2014) y Ecuador (2013).
El joven abogado Capriles (menos de 40 años) recibió de inmediato el endoso de su principal rival en la justa, Pablo Pérez, su colega gobernador del rico estado de Zulia.  Al reconocer su propia derrota, Pérez le dijo al vencedor: “Serás el nuevo presidente de Venezuela”.
En el mensaje de Pérez puede leerse una reedición moderna de la cultura democrática que se implantó en Venezuela cuando fue derrocada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, al comenzar 1958. Demócratas de la talla de Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Jóvito Villalba, Luis Beltrán Prieto y otros que abarcaban todo el espectro político de entonces se unieron para encaminar al país por la senda democrática que la dictadura le había negado durante una década. El sistema surgido entonces envejeció al cabo de cuatro cuarenta años y cayó arrollado por el teniente coronel Chávez, quien prometía una democracia más efectiva y transparente, que rescatase al 40% o más de venezolanos que vivía en la pobreza, una vergüenza en un país que había recibido tantos recursos petroleros que habrían sido la envidia de cualquier país altamente desarrollado.
Los ingresos venezolanos se multiplicaron aún más con el ascenso de los precios de las materias primas. Con un aluvión de petrodólares, Chávez apuntaló su proyecto para un “Socialismo del Siglo 21”, pero tampoco logró rescatar a su país de la lacra del subdesarrollo, que en Venezuela luce más indignante. Sólo un dato: Venezuela es importadora neta de alimentos. (Pregunten a cualquier boliviano con amigos o parientes en Venezuela qué es lo que más le piden cuando viaja a ese país. Le responderá: Leche. O algún otro alimento esencial.)
Los analistas que escuché esta noche coincidían en decir que Capriles y la Mesa de Unidad que concibió la fórmula de elección primaria para designar al candidato de oposición tienen el desafío de consolidar la corriente unitaria para enfrentar a Chávez. El mandatario bolivariano parte con la ventaja de todo el aparato informativo estatal y el uso discrecional de las cadenas de radio y televisión en escala nacional.
Como gobernador, cargo que conquistó tras haber estado preso acusado de participar en un ataque contra la embajada de Cuba durante el intento de derrocar a Chávez en 2003, Capriles enfrentó el reto de administrar su estado con todo el poder chavista en contra. El presupuesto de su gobernación fue reducido y proyectos importantes para remozar hospitales y clínicas fueron cancelados. (¿No encuentran algunas semejanzas con otras latitudes con las que estamos familiarizados?) Sin embargo, su administración escrupulosa le ganó el favor del electorado, consolidando el camino político que había iniciado como alcalde de un municipio de clase media de Caracas.
Se lanzó a la arena política nacional a la cabeza de un partido: Primero Justicia. Partía de la convicción de que sin justicia, al margen de visiones de izquierda o de derecha, una sociedad no avanza pues el ciudadano está indefenso. Como alcalde, uno de sus mayores éxitos administrativos fue reducir drásticamente la delincuencia del municipio que administraba.