Día: enero 30, 2012

Inconsecuencias

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El partido de gobierno se propone estudiar (perdón, simplemente cambiar) la ley que aprobó y que el presidente Morales sancionó sin ganas el 24 de octubre. Eso fue poco después de que el pueblo paceño en casi su totalidad, y tras similares demostraciones de afecto en Caranavi, El Alto y los lugares por donde pasó la caravana de originarios del lugar que venía desde hacía más de dos meses, paliza policial de por medio, fuera recibida con una simpatía que fue más que un plebiscito sobre cómo el pueblo boliviano percibía la marcha para impedir que el TIPNIS sea cortado en dos por una carretera.
Es imposible no ver la mano oficial tras esta contramarcha que ahora busca que los legisladores y el gobierno se arrepientan y desfirmen lo que firmaron. El propio presidente Morales estimuló la “contra” y los legisladores oficialistas se curvaron. Alguien del entorno gubernamental más estrecho escribió que lo que es válido hoy puede no serlo mañana, una teoría relativista que hay tomar en cuenta seriamente, incluso los del Conisur que ahora están marchando. De esa ecuación puede resultar que lo que pretenden hoy no sea más válido mañana.
Sin embargo, las simpatías que esta contra-marcha ha recibido dejan un sabor a oficialismo. Lamentablemente, porque los que marchan son también necesitados, aunque en sus filas haya cocaleros contumaces. Los que pregonan que se debe apoyar esta marcha son rivales de temer de la consecuencia de los actos y las palabras. No se les puede creer.
Escuchaba esta mañana a un vocero oficialista diciendo que había que buscar “equilibrio” entre los marchistas originales y los de ahora. Perdón, ¿no lo hicieron antes?
La delegada de Naciones Unidas Yoriko Yasuawa, quien siguió de cerca la primera marcha y vio las transmisiones de la TV que mostraron la brutalidad represiva de la policía, manifestó su esperanza de que el gobierno y los legisladores sean capaces de construir un diálogo. (Partiendo de la premisa de que lo que se apruebe hoy puede ser reprobado mañana, diría yo, evocando los actos frecuentes de las autoridades). Las palabras de la delegada muestran que el nuevo conflicto –artificial o real- que se vive en las llanuras bolivianas es también seguido con preocupación por observadores extranjeros.