Día: enero 12, 2012

Sumergido en la confusión

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Los hechos trágicos que han ocurrido ayer en Yapacaní han lanzado a muchos ciudadanos en un profundo mar de confusión.  Gracias a las imágenes transmitidas por la TV, las versiones radiales y los informes de los diarios, el país fue espectador de los extremos a los que llegó un conflicto que pudo haber sido resuelto hace meses.  Tres muertos y decenas de heridos son mucho más de lo que el país habría podido soportar  del conflicto en un pueblo donde un alcalde del partido de gobierno era repudiado por una gran porción de la población y que, en contraste,  las autoridades superiores se empeñaban en mantener.

Tras haber sido alejado del cargo en noviembre por la presión popular, el alcalde David Carvajal fue reimpuesto por orden de una juez. Y para hacer efectiva la reimposición llegaron entre 500 y 700 policías a un lugar que tal vez no sobrepase los 30.000 – 40.000 habitantes.  Falta una reconstrucción detallada  de lo ocurrido ayer pero se sabe que quienes repudian al ahora  ex burgomaestre lo acusaban de corrupción e incapacidad administrativas. Las acusaciones eran reproducidas por  medios locales de radio y TV,  saqueados el año pasado, en los albores del conflicto, supuestamente por grupos que obedecían al entonces burgomaestre.

Tras más de un mes fuera del cargo, expulsado por presión de sus críticos, una juez ordenó su retorno y para que la orden fuese efectiva, el gobierno dispuso que fuesen a Yapacaní cientos de efectivos policiales.

La furia que se desencadenó ayer en la tarde y  por la noche tras el cabildo convocado por instituciones cívicas del lugar acabó obligando a un repliegue de esa fuerza, que anoche partió de vuelta a Santa Cruz y Cochabamba seguido durante algunos instantes por una multitud de manifestantes. El Ministro de Gobierno, Wilfredo Chávez, dijo al país que la fuerza se retiraba porque, al haber renunciado el alcalde, la presencia del contingente policial  no era más necesaria. Pero el alcalde David Carvajal dijo que no había renunciado (“en ningún momento”)  y volvió más densa la confusión sobre lo que ocurría.  Carvajal ya estaba en Santa Cruz cuando desmintió a su superior. Parecía poco probable que volviese a ocupar el sillón edilicio. El costo que está pagando el gobierno y su partido es demasiado grande como para seguir apostando a su favor. De hecho, horas más tarde se anunció que efectivamente renunciaba,

¿No podían las autoridades prever la violencia que se cernía? Ya se habían registrados enfrentamientos cuando la juez ordenó la reinstalación de Carvajal y éste procuró, sin éxito,  normalizar la administración municipal. Lunes y martes fueron días de escaramuzas entre sectores cívicos y la fuerza policial. Hubo decenas de detenidos y un número impreciso de heridos. Hasta que se desembocó en la jornada sangrienta de ayer.

Los críticos de Carvajal culpan a ministros del entorno más estrecho del Presidente Morales de no haberlo informado debidamente sobre los motivos del conflicto.  Carvajal replicaba que las acusaciones de lenidad y corrupción eran falsas.  A falta de mejores explicaciones, autoridades del gobierno apuntaron ayer, de manera vaga,  a “la derecha”,  la que, de tener la capacidad de generar movimientos como el que se opone al burgomaestre, constituiría un rival de temer.

Yapacaní ha sido uno de los baluartes más sólidos del presidente, donde en los últimos seis años el partido de gobierno siempre triunfó con holgada mayoría.  De manera que la atribución imprecisa a “ la derecha”  de generar la oposición al alcalde parecía no tener asidero.

Todo esto ocurre cuando la atmósfera política ya estaba nublada con declaraciones del nuevo Comandante en Jefe de las FF.AA., quien afirmó que “por iniciativa propia” había dispuesto el desplazamiento hacia Rurrenabaque de aeronaves del TAM que irían a transportar a los marchistas del Tipnis que la policía reprimió el 25 de septiembre.

“Creí que  iba a necesitar, tal vez había heridos; por eso envié, no me ordenó nadie; fue por iniciativa propia”, declaró el pasado martes el general Tito Gandarillas a Erbol, la cadena radial que reúne a unas 300 emisoras rurales en todo el país. El transporte de marchistas detenidos por la policía no ocurrió porque la población de Rurrenabaque bloqueó el aeropuerto. Quizá sin pretenderlo, el nuevo Comandante en Jefe puede haber creado un precedente peligroso.