Día: diciembre 4, 2011

Cierre de una librería

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Esta semana ha traído una noticia, en el ámbito de la cultura y el conocimiento, que es como para vestir un crespón negro. En un país donde se lee muy poco, acaba de ser anunciado el cierre de la sucursal en Santa Cruz de la librería Lectura. Una de las casas de libros más esmeradas, con una selección calibrada de sus ofertas, Lectura ha sido una compañera de quienes visitan las librerías, a veces por el gusto de pasearse en ellas y colocar los ojos sobre obras que brillan en las galerías de las grandes urbes y en los ambientes literarios. Decir que tal título se lo encuentra en Santa Cruz es saborear una satisfacción. Decir que los que ofrecía Lectura a quienes suelen frecuentar los cafés de la Mons. Rivero no estarán más a la mano, es deslizarse en la tristeza. Pese al lugar concurrido, las ventas de Lectura eran limitadas y no justificaban la inversión, mucho menos los afanes de los dueños y administradores, los esposos Arauco&Berdegué.

Los libros tienen ventas limitadas no solamente porque la lectura es también limitada, sino porque el estado, que debería estimularlos, los grava pesadamente. Importar un libro es prepararse a desembolsar en impuestos lo que se pagaría por material de lujo. Sí. El libro es un lujo, aquí en nuestro medio. Imprimirlo, es aún más difícil. Por razones explicables en vista del terreno en el que operan, las casas impresoras generalmente carecen de correctores de pruebas. Esa tarea, que en otras partes es parte del trabajo de la casa impresora, pues una buena calidad construye su prestigio, queda a cargo del…escritor. Escribir para un público más sofisticado es, entonces, una tarea agotadora y para quienes pueden financiar la impresión. Los gastos de impresión corren por cuenta absoluta de quien la ordena. Por todo esto, el trabajo de vender libros es una vocación financieramente peligrosa.

El cierre de esta sucursal –la sede principal está en La Paz- es una pena y, en cierto modo, una vergüenza.

Bifurcados

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Potosí y Oruro no logran entenderse en sus problemas limítrofes, Chuquisaca y Tarija están con el cuchillo entre los dientes en torno a cómo repartirse las regalías de un yacimiento petrolífero que dicen que  está ubicado en el subsuelo entre los dos departamentos; los colonos o recién llegados al TIPNIS quieren una carretera que ya ha sido rechazada y que costó más de dos meses de marcha a pié desde Trinidad hasta La Paz, y una paliza brutal de la policía sobre los marchistas opuestos a que la carretera atraviese aquel territorio defendido por la CPE y convenios internacionales; entre el gobierno y la oposición no ha habido jamás, en los últimos  años, un acuerdo de trabajo conjunto. Estamos bifurcados por corrientes antagónicas que hacen que cualquier movimiento hacia adelante, hacia el progreso, conlleve esfuerzos descomunales…e innecesarios.

No solamente es la bifurcación. Es también la contradicción diaria entre la palabra empeñada y los hechos reales. Es una práctica constante del “si” pero “no”. ¿Es cultura? ¿Actitudes atávicas? ¿Inseguridad? Se firma una ley sobre el TIPNIS, luego se la “desfirma”  y se firma otra que ahora también se quiere “desfirmar” para dar lugar a una nueva. Las autoridades y este Poder Legislativo pasarán a la  historia como los más veloces “desfirmadores” de las leyes que firmaron.

Hasta ahora no logro entender las razones de la disputa entre Tarija y Chuquisaca por la distribución de regalías de uno de los mayores yacimientos de gas natural en el país. Escucho hablar de reuniones y declaraciones de autoridades que deberían conocer el tema al dedillo. ¿Creemos los bolivianos que problemas semejantes no se  han presentado en otros países productores de petróleo en los 160 años de la industria? Claro que sí.  Y ¿cómo los han resuelto? Han sido problemas tan recurrentes en Estados Unidos, Canadá, países árabes, etc. que hay normas internacionales para medir la participación de uno u otro estado en la producción y regalías. Pregunto: ¿Han hecho una búsqueda de esas experiencias?

Para comenzar, aconsejaría a quienes están en esta disputa pasearse por “Petroleum Conservation”, una publicación de vieja data del American Institute of Mining and Metallurgical Engineering  donde desde hace unos sesenta años son descritos algunos de los procedimientos a ser seguidos cuando un yacimiento traspasa los límites de otro estado. Porque la perforación de un yacimiento es la que, al final de todo, permite determinar el petróleo que pueda existir en un determinado lugar. Y se perfora según normas que  indican el mejor lugar para hacerlo sin distorsionar el yacimiento y  obtener la mayor producción posible y por el mayor período de tiempo. Todo buen ingeniero petrolero ha oído hablar de esta obra, la ha leído o la tiene en su biblioteca. Es sólo cuestión de consultarla y ahorrarse varios cientos de miles de bolivianos en movilizaciones, viajes, alimentación y otros. Y tal vez investigar en sitios  como Kaleidoscopio en el que participa Repsol (socios bolivianos) y en aquellos que refieren el desarrollo de supercomputadores en los que está embarcada China para mejorar el trabajo de la industria petrolera. Algo se ve en sitios citados al final.  Para avanzar en conceptos, los campos compartidos son “unitizados”, unificados  volverlos solamente uno. Los beneficios son compartidos de acuerdo a cálculos pre-establecidos. Nadie los disputa.

No veo razones para querer inventar la pólvora (literalmente, por los aprestos de uno y otro departamento) cuando existen normas para resolver lo que reclaman. Nadie percibe entre los participantes de esta contienda que -quizá- poco mejorarán lo que desde hace muchos años ya existe.

http://www.bsc.es/projects/kaleidoskope_tmp/index.html, http://news.bbc.co.uk/2/hi/technology/8362825.stm y http://www-03.ibm.com/innovation/us/outcomes/pdf/full-stories/oil.pdf?lnk=es_outcomes-q32011&lm=S&lsr=outcomes_topics_oil_fullstory_pdf&lpg=smarterplanet_outcomes

(*) https://haroldolmos.wordpress.com