El gran ausente

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Prefirió ir a Cochabamba. Esa era su “agenda apretada”  que esgrimió como argumento para no recibir a los marchistas. ¿Por qué? La Paz nunca -o pocas veces- vio a tanta gente en las calles, con sus arterias centrales repletas de una multitud compacta,  que sin hacer estallar dinamita ni bombas molotov; sin  otras armas que el ruido de sus voces que penetraban conciencias,  o el de las campanadas que alborozaban corazones. El presidente jamás vio algo así, ni muchos de los propios paceños ni gran parte de los bolivianos.

Yo creo que el presidente se acobardó al sentirse solo frente a esa multitud que sólo le gritaba que cumpliera su palabra y que cumpliera la constitución que él mismo reclamó que fuese aprobada sin una coma de modificación.

Creo que le ganó la actitud cívica y pacífica de los marchistas, que dieron a Bolivia una lección de cómo manifestarse sin violencia.  Cuando los azotaron el 25 de septiembre, pusieron la otra mejilla y siguieron su marcha. Sufrieron hambre, cansancio y frío. Pero nunca perdieron la brújula. Dijeron que llegarían a La Paz y cumplieron.

Con una policía que ahora no es más 100 por ciento confiable y  con algunos de sus integrantes dudosos de las órdenes de las autoridades en el gobierno, que no asumieron la responsabilidad de decir “yo di la orden para reprimirlos y asumo las consecuencias”, y con un ejército que también puede dudar antes de salir a reprimir, el presidente podría haberse sentido solo. Y la soledad, en esas condiciones, es caldo para un comprensible temor.

¿Qué podría decir a esa multitud, una porción de la cual antes lo vitoreaba (sólo días antes vimos la concentración de quienes lo apoyaban)?  ¿Qué podía decir a quienes había considerado “turistas” o mercenarios pagados por la DEA, USAID, ONGs, por Estados Unidos y saboteadores de la economía y del progreso?

La noche pasada debe haber sido para el presidente Morales “el árbol de la noche triste”,  como la que pasó Hernán Cortés, derrotado por los aztecas en 1520.

Lo que pasó ayer, sumado a la abrumadora presencia de votos nulos el domingo, estará ciertamente en la historia. El final de este capítulo ahora yace en gran parte en manos del presidente Morales.

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