Día: octubre 20, 2011

Disturbios en la Plaza Murillo

Posted on Actualizado enn

La policía disparó este jueves por la noche gases lacrimógenos sobre indígenas de los llanos quienes, al lado de cientos de acompañantes y simpatizantes, intentaban ingresar a la Plaza Murillo. Esta vez, en las bocacalles de la Plaza Murillo, los policías eran cientos y frenaban el acceso de una multitud que a ratos daba la impresión de que desbordaría el bloqueo a ese lugar histórico. Los disparos de gas lacrimógeno afectaron a mujeres y niños.

La batahola dejó la impresión de que Bolivia estaba otra vez en ebullición y con las turbinas a punto de estallar. El presidente Morales y sus ministros se retiraron del Palacio de Gobierno poco después de las 20:00. Una mecha quedó encendida que sólo pareció disminuir de intensidad al acercarse la medianoche, cuando los ánimos dieron señales de ceder. Por TV (PAT) se informó de dos policías heridos, pero se desconocía si había bajas entre los marchistas.

Adolfo Chávez, el dirigente de los nativos, le dijo por TV al presidente que se comporte como tal y como cabeza de todos los bolivianos. El ministro de Gobierno Wilfredo Chávez (Que no me Pierda), dijo que había gente ebria en la multitud. El griterío en los alrededores de la plaza, aún escuchado por TV, era ensordecedor.  “Asesinos, asesinos”, era uno de los gritos. Otro: “Pichicateros, pichicateros”. Los gritos se combinaban con el ulular de ambulancias y los estallidos de bombas de gases lacrimógenos. La algarabía era general. Por sobre la multitud se levantaban carteles con una leyenda escrita en letras gigantes: “Déjenlos pasar”.  Era un clamor para que los marchistas pudiesen ingresar a la Plaza Murillo.

Los policías enfrentaban a los marchistas por segunda vez en menos de un mes, desde el 25 de septiembre, y entre ellos parecía predominar el sentimiento de que siendo indígenas, eran discriminados; que el presidente, al no querer descender hasta el llano para encontrarse con ellos, les dio la espalda. Erbol, la red que reune a más de 300 radioemisoras rurales, tiene una versión que vale la pena leer,  aquí.

Una marchista que partió de Trinidad, y que se identificó como Nazareth, contó que en aquella fecha, había sido golpeada y llevada secuestrada hasta Rurrenabaque, donde la población la liberó junto a otros de sus compañeros. Pero eso le costó perder a la criatura de dos meses que llevaba en el vientre. Habló con serenidad y sin estridencias.

El forcejeo en las afueras de la Plaza Murillo persistía  y la oscuridad nocturna parecía haberse abatido otra vez sobre el país.

No hay diálogo, no habrá más cartas

Posted on Actualizado enn

La posibilidad de apertura del diálogo entre los Tipnis y el presidente Evo Morales se desplomó este jueves. Tras un intercambio de cartas –la distancia entre los dos bandos no debe superar los cien metros- los nativos decidieron: Basta de cartas. No hemos caminado cientos de kilómetros para escribirnos cartas. Queremos hablar cara a cara,  dijeron los líderes marchistas, mientras la Plaza Murillo era atrincherada por la policía, que no permitía el ingreso de la mayoría de los marchistas que había quedado fuera.

Al gobierno pareció particularmente disgustado por el planteamiento de los marchistas para que en la Plaza Murillo, donde se ubicaría una porción considerable de marchistas, sea instalada una pantalla gigante  para observar los detalles del encuentro. El presidente Morales, por primera vez políticamente contra las cuerdas tras la abrumadora cantidad de votos nulos en la elección judicial del domingo, accedió a que lleguen hasta él hasta 30 dirigentes nativos.

El disgusto gubernamental con la transmisión en vivo del encuentro omitió recordar que los acontecimientos primarios en un país suelen ser vistos por toda la población. Ejemplos recientes: los propios mensajes del presidente y, para ir más atrás, las reuniones del presidente con los entonces prefectos en el palacio de gobierno en torno a la autonomía en gestación.

Una democracia transparente no teme mostrar a la ciudadanía las incidencias de un diálogo trascendental como el que debe constituir el encuentro de indígenas de las tierras bajas con el Primer Mandatario. Este blog ha pedido que la reunión sea pública.

El fuerte cordón policial contrastaba con el carácter pacífico y alegre de la llegada de los marchistas, que algunos medios dijeron que había congregado a cientos de miles de paceños. Raras veces La Paz había visto manifestaciones sin dinamitazos.

El ministro de Gobierno, Wilfredo Chávez, dijo que los cordones policiales que impedían el ingreso a la Plaza Murillo era de seguridad y calificó de incomprensible la actitud de los dirigentes de los marchistas de  insistir en que a la primera reunión asista un número de nativos que no podría caber en el Palacio de Gobierno. La llegada de algunos estudiantes y maestros crispaba el ambiente.

Los marchistas dijeron que daban plazo hasta las 08:00 de este viernes para que la guardia policial sea retirada de la plaza y los  marchistas y la ciudadanía puedan ingresar al lugar. Pidieron que La Paz y organizaciones sociales y sindicales estén prontas para solidarizarse con ellos.

El presidente y sus ministros se retiraron del Palacio de Gobierno, tras criticar la actitud de los marchistas de pretender una pantalla grande en la plaza. En el Salón Ministerial del palacio habló pocos minutos ante las cámaras y, como es habitual, no hubo preguntas.

El gran ausente

Posted on Actualizado enn

Prefirió ir a Cochabamba. Esa era su “agenda apretada”  que esgrimió como argumento para no recibir a los marchistas. ¿Por qué? La Paz nunca -o pocas veces- vio a tanta gente en las calles, con sus arterias centrales repletas de una multitud compacta,  que sin hacer estallar dinamita ni bombas molotov; sin  otras armas que el ruido de sus voces que penetraban conciencias,  o el de las campanadas que alborozaban corazones. El presidente jamás vio algo así, ni muchos de los propios paceños ni gran parte de los bolivianos.

Yo creo que el presidente se acobardó al sentirse solo frente a esa multitud que sólo le gritaba que cumpliera su palabra y que cumpliera la constitución que él mismo reclamó que fuese aprobada sin una coma de modificación.

Creo que le ganó la actitud cívica y pacífica de los marchistas, que dieron a Bolivia una lección de cómo manifestarse sin violencia.  Cuando los azotaron el 25 de septiembre, pusieron la otra mejilla y siguieron su marcha. Sufrieron hambre, cansancio y frío. Pero nunca perdieron la brújula. Dijeron que llegarían a La Paz y cumplieron.

Con una policía que ahora no es más 100 por ciento confiable y  con algunos de sus integrantes dudosos de las órdenes de las autoridades en el gobierno, que no asumieron la responsabilidad de decir “yo di la orden para reprimirlos y asumo las consecuencias”, y con un ejército que también puede dudar antes de salir a reprimir, el presidente podría haberse sentido solo. Y la soledad, en esas condiciones, es caldo para un comprensible temor.

¿Qué podría decir a esa multitud, una porción de la cual antes lo vitoreaba (sólo días antes vimos la concentración de quienes lo apoyaban)?  ¿Qué podía decir a quienes había considerado “turistas” o mercenarios pagados por la DEA, USAID, ONGs, por Estados Unidos y saboteadores de la economía y del progreso?

La noche pasada debe haber sido para el presidente Morales “el árbol de la noche triste”,  como la que pasó Hernán Cortés, derrotado por los aztecas en 1520.

Lo que pasó ayer, sumado a la abrumadora presencia de votos nulos el domingo, estará ciertamente en la historia. El final de este capítulo ahora yace en gran parte en manos del presidente Morales.