El silencio de los inocentes

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Es el título de una obra cinematográfica estrenada hace veinte años, con Jodie Foster y Anthony Hopkins en los papeles estelares. Lo he prestado para hablar de la marcha de los Tipnis que tanto incomoda al gobierno del presidente Morales. Los habitantes de esa región, constitucional e internacionalmente  protegida y preservada, no quieren que una carretera pase por su territorio ni que abra el camino para una ocupación masiva de sembradores de coca, necesitados de nuevas tierras pues las el Chapare ya no rinden tanto como antes. Su marcha, primero de cientos y luego más de mil, comenzó con poca bulla. La germinación de la iniciativa fue casi silenciosa. Pero desde el 25 de septiembre ha estallado en un estruendo mundial que revela al gobierno que se proclama defensor de la madre tierra y de las tribus indígenas.  La policía actuó ese domingo como suele hacerlo, sólo que esta vez había cámaras que registraron la intervención. Los nativos eran inocentes porque no creían que “su” gobierno iría a tratarlos de la manera en que fueron tratados. Pero de golpe y porrazo retrocedieron hasta octubre de 1492, como muchos en el gobierno querían y proclamaban como meta suprema. Sobre ellos cayó con violencia todo el peso de la conquista, 517 años después, y con armas que muchos de ellos ni siquiera conocían (gases lacrimógenos).

Para las autoridades,  la marcha obedecía primero a intereses de organizaciones no gubernamentales, curiosamente algunas de las que habían ayudado a encumbrar al gobierno y a formar a algunos de sus líderes. Después, pasaron a ser agentes de USAID, de la Embajada de Estados Unidos  y de la DEA. Y ahora, en el más reciente cartel que les ha colgado, son saboteadores de las peculiares elecciones del 16 de octubre. ¿Qué más? Es probable que se ganen otros  títulos más antes de llegar a La Paz, un día antes o después de esos comicios.

¿Cómo se llegó a esto, con el 25 de septiembre como una fecha que nadie podrá olvidar,  con policías que parecían cebados en  nativos  a los que propinaban gases lacrimógenos y  palazos profusamente sin fijarse si los golpeados eran mujeres, niños o ancianos?  Creo que  hay gente decente en el gobierno (la ministra de Defensa, por ejemplo) en franco desacuerdo con este procedimiento brutal del que ahora nadie  quiere hacerse responsable,  ni el capitán ni los oficiales a bordo.  Cuando los ministros enviados fueron desairados porque los nativos querían la presencia del presidente Morales, el mandatario rehusó ir hasta el llano. ¿Por qué? Los cronistas  tendrán aquí un filón para descubrir el  porqué. Pero en el fondo yacen hechos aparentes: Uno es que el presidente Morales frecuentemente exhibe una carencia de  sensibilidad para lidiar  con quienes no le son afectos, peor si rivalizan con  los favoritos cocaleros.   Otro hecho es que su entorno parece no tener valor  para presentarle una realidad diferente a la que él ve. Y así no actúan con la responsabilidad que debería tener.  Sólo en esa falta de consejería valiente que requiere todo mandatario  se explican numerosas “gaffes” , incluso  la que convierte en conspiradores a los Tipnis  y a los policías en actores que escenificaron la paliza para desprestigiarlo.

La cuestión no deja de ser triste porque nos trae a la memoria  la conquista en sus aspectos más crueles. Buen anticipo del 12 de octubre  hemos tenido, cuando los nativos recibieron a los conquistadores en señal de paz y resultaron esclavizados! La conquista tuvo lados buenos, pero esa es otra historia.

 

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