No hay carretera …por ahora

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Se suspende la carretera. Con estas cuatro palabras el presidente Evo Morales dio por concluida la declaración a la prensa que había anunciado el Palacio de Gobierno para referirse a la represión de los nativos del Tipnis. No habrá carretera que atraviese el Tipnis, por ahora…

A lo largo de su declaración, negó que hubiese  habido muertos durante la intervención policial del domingo. Los vecinos de San Borja y las noticias de la radio y de la TV habían mostrado a testigos las noches del domingo y la mañana de hoy que aseguraban que había cuando menos cuatro muertos: dos adultos y dos niños como resultado de la intervención de la policía. El presidente desafió a que le demuestren que ha habido víctimas fatales. La policía aseguró que la versión sobre víctimas fatales era falsa.

El Ministro del Interior, Sacha Llorenti, había dicho que había una orden de un fiscal para desencadenar la acción policial. Esa afirmación quedaría en entredicho a lo largo del día,

El presidente leyó una  decena de  decretos y otras disposiciones que autorizaban la carretera San Ignacio-Villa Tunari. No hizo mención a la CPE aprobada hace dos años que obliga a los gobernantes a consultar con los nativos de las áreas protegidas sobre cualquier obra que afecte su hábitat. El gobierno no hizo la consulta.

El presidente anunció también que quiere llamar a un referéndum de Cochabamba y Beni para definir si se hace o no se hace la carretera. No mencionó  que el Tipnis es un parque nacional, es decir de toda Bolivia, no solamente de Cochabamba y Beni y que, en todo caso, el referéndum podría ser nacional, si llegare a realizarse. Y, por último, podría ser también continental. Pues se trata de uno de los respiraderos de oxígeno del continente. Esto lo escuché decir a la socióloga Silvia Rivero en el programa Cabildeo televisivo de Amalia Pando. Los nativos han ganado tiempo, a menos que se cancele la obra por completo y se decida por un nuevo trazado que no toque el parque.

Como es común en las reuniones presidenciales con la prensa, no hubo preguntas. O no se las permitió. Si era previsible que la opción del aplazamiento de las obras era una de las probables decisiones del gobierno,  por qué no se la anunció antes de la intervención policial o antes de que empezara la marcha, hace 42 días? Muchas preguntas quedaron en el tintero.

El presidente simplemente acabó sus palabras con un “buenas noches”. No habló de la renuncia de la Ministra de Defensa, Cecilia Chacón (por su valentía, cualquiera que hubiesen sido las circunstancias, su actitud fue unánimemente encomiada por la audiencia de PAT y de gente que escuché privadamente), ni de cuándo se realizaría el plebiscito ni sobre a quiénes abarcaría la consulta, ni si se atendría a las normas constitucionales y a los convenios externos suscritos por Bolivia. Esas normas asignan a los nativos de lugares protegidos la facultad de decidir sin intervenciones de terceros, ni siquiera de colonos, sobre sus territorios. Y, todavía más, les asignan participación en los recursos naturales que llegaren a ser explotados.

El rostro del presidente parecía demudado. No había sido derrotado, pero parecía sentir que no había podido cumplir con aquello de que “la carretera se hará sí o sí”. Le habían torcido la mano.

Igualmente, se  desconocían los detalles de la reacción de los nativos, que todavía curaban las heridas de la intervención policial. La supuesta orden para la descarga policial sobre los marchistas habria sido expedida por una fiscalía. Esta aseveración fue desmentida por el Fiscal General de la Nación. Otra información decía que la orden judicial la habría impartido el Ministro del Interior, Sacha Llorenti, al coronel Aracena, comandante de la operación.

Pero alguien estaría  mintiendo, pues el presidente dijo que lamentaba todo lo ocurrido. Si lamentaba lo ocurrido  (no podría lamentar lo que habría ordenado), era porque ignoraba que hubiese una orden de intervención policial de esa  magnitud. Y tal orden no podía haber sido desconocida por el ministro Llorenti.  No se puede suponer que el Ministro actuó sin consentimiento del presidente ni que el coronel Aracena lo hubiese hecho sin una disposición expresa del Ministerio de Gobierno. ¿De dónde partió la orden? Nadie asumía la responsabilidad.

El país parecía haber despejado parte de sus nubarrones esta noche. Los nativos dijeron que reiniciarían la marcha, pero eso fue antes del mensaje presidencial.

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