Sólo una anécdota

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Tiendo a creer que todo lo ocurrido en el trayecto de los marchistas desde Trinidad-San Borja-Yucumo-La Paz quedará registrado por la historia como una anécdota de los días más difíciles de este gobierno y probablemente de su eclipse. En su conjunto, el gobierno  ha sido puesto al desnudo, desprovisto de grandes apoyos e  inerme ante la ofensiva pública de los Tipnis, que han atraído atención universal. Salvo algunos cientos de colonizadores, la mayoría sembradores de coca, el país ha estado al lado de los marchistas con manifestaciones surgidas en todos sus  costados, desde Pando y Beni hasta Tarija, Santa Cruz y La Paz, pasando por Oruro, Chuquisaca, Potosí y Cochabamba. Nadie apoya abiertamente la posición de las autoridades. Podrán los propagandistas del gobierno  mostrar por televisión las imágenes más paradisíacas de la que sería la vida silvestre con la carretera por el medio del parque, pero la opinión contra la obra persistirá. Lo ocurrido este fin de semana será registrado como una anécdota surrealista adicional dentro de la multitud de acontecimientos que ha empezado a surgir por todas las latitudes donde hay interés por la preservación de la naturaleza. En estos momentos, el aparato del gobierno respecto al Tipnis parece un carruaje que desciende sin jinete por una ruta en declive.  Y empezarán a ser repasados algunos momentos crueles de la política boliviana reciente, desde el enfrentamiento de Pando, el apresamiento que lleva ya tres años sin juicio del ex prefecto Leopoldo Fernández; la violencia en Huanuni, Sucre y  Caranavi  hasta la aún dudosa operación magnicida-terrorista- separatista de Santa Cruz atribuida a Eduardo Rózsa Flores.

La incorporación forzosa del canciller Choquehuanca  y del viceministro Navarro a la marcha durante un par de horas para recorrer unos seis kilómetros rumbo a las puertas de Yucumo, ha evidenciado que los indígenas de los llanos también tienen estrategias para debilitar al adversario. Con las dos autoridades a la cabeza de la marcha y rodeados de mujeres, en la mañana del sábado rompieron el bloqueo que había impuesto la policía, que no podía disparar gases lacrimógenos ni utilizar sus armas sin poner en riesgo a las dos autoridades. Ahora están a sólo pocos metros de Yucumo, donde se asegura que los aguarda otro grupo de colonizadores dispuestos a no dejarlos pasar y con la intención de hacer del parque su tierra prometida.  El romper el primer bloqueo policial les dio acceso al agua que se les negaba (no son muchos los que creen que el bloqueo policial era para evitar que los nativos bebiesen de las aguas del arroyo Chaparina supuestamente contaminadas.) Bebieron y no hay noticias de alguien que se hubiese sentido mal. Entretanto, el canciller y el viceministro (otro viceministro logró escapar) fueron también obligados a verificar el daño que caqusaba en muchos de los marchistas la falta de agua. Ayer sábado, dijo el Ministro Sacha Llorenti, había cuatro policías heridos, si bien se conocía la identidad de sólo uno que recibió un flechazo en el cuello. Se ignora la gravedad de los heridos y de la letalidad de la herida causada por el flechazo. El ministro dijo que denunciaría lo ocurrido ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), donde hay varias otras denuncias bolivianas que aguardan un pronunciamiento de los magistrados. Una admisión de la denuncia sería como un dominó que arrastraría a todas las que aún están pendientes. El organismo interamericano está para defender a individuos e instituciones que sostienen que sus derechos han sido avasallados. Pero no se sabe de estados que hubiesen presentado demandas reclamando… ¿qué? ¿Protección ante una marcha de nativos que se oponen a una carretera?

Hasta ahora, la batalla de los Tipnis ha sido ganada por éstos. La causa del gobierno no tiene adherentes públicos sino partes interesadas (los colonos, mayoritariamente productores de coca, actividad que no goza de grandes simpatías en el exterior).

Los días que vienen, como casi todos los de los últimos cuatro años, desde que retorné a Bolivia, no se pintan de celeste.

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