Día: julio 25, 2011

Los medios bajo asedio

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Es uno de los subtítulos de un trabajo magnífico sobre el estado de la prensa en los países llamados  “Bolivarianos” que vale la pena leer. Viene en inglés y lo ha escrito el periodista Douglas Farah, para el Freedom House Institute. El trabajo original, de más de 40 páginas, puede ser encontrado en http://www.strategycenter.net/, columna de la izquierda.

Farah, entre otros conceptos, subraya el siguiente:

“La ironía de la situación actual en estos países (se refiere especialmente a los países del grupo bolivariano) es que es muy improbable que los presidentes más hostiles a los medios habrían ganado las elecciones (de las que resultaron electos) si sus antecesores hubiesen utilizado los mismos métodos contra los medios que ellos ahora emplean”.

Sorprendentemente, destaca, estas naciones pertenecen a la OEA, cuya comisión interamericana de derechos humanos tiene una declaración de principios, cuyo primer punto recalca que “la Libertad de Expresión, en todas sus formas y manifestaciones, es un derecho fundamental e inalienable de todos los individuos. Además, es un requisito indispensable para la verdadera existencia de una sociedad democrática”.

Farah es un periodista veterano, que trabajó primero en la United Press International, luego en The Washington Post y actualmente es consultor de varias organizaciones promotoras de la libre expresión.

El estudio, que coloca a Bolivia como un país donde “parcialmente” existe libertad de expresión, sostiene que ese derecho es socavado diariamente.  “Muchos de los métodos empleados para silenciar a los medios no son nuevos, pero ahora son más sistemáticos, más sofisticados y envueltos en un lenguaje de transformación social, renovación legal y revolución como justificativo para cerrar el flujo informativo hacia el público”, sostiene el estudio.

Muchos encontrarán paralelos en esas afirmaciones en nuestra propia realidad boliviana. Pero vean lo que dice después:

“Lo que es quizá más alarmante es que el público afectado en esas naciones, cansado de décadas de corrupción y enfrentado a una creciente inseguridad física y declinación económico, opone muy poca resistencia. Grupos de observadores internacionales, la OEA, la ONU y otros, han, en los últimos años, elaborado un conjunto de informes sobre la deteriorada capacidad de ejercitar la libertad de expresión en la región. En la mayoría de los casos, los gobiernos que se movilizan más agresivamente contra este “indispensable requisito para la verdadera existencia de n a sociedad democrática “han acentuado sus  su esfuerzos para silenciar a los medios independientes sin prestar mucha atención al precio político de hacerlo”.

Farah entrevistó a más de veinte periodistas (editores y reporteros) de Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y Colombia,  personalmente y por cuestionarios vía e-mail.

Irónicamente, subraya Farah, los medios fueron fundamentales en dar fin a las dictaduras en Bolivia y Ecuador y jugaron un papel prominente en exponer la corrupción de los partidos políticos tradicionales que, en fin, los llevó a la elección de líderes populistas. Fue la capacidad de los medios independientes en exponer la corrupción e incompetencia, y en cubrir las voces alternativas que venían de los movimientos sociales, que permitió a líderes populistas a ganar prominencia y vencer elecciones presidenciales. Morales, dice, tuvo una presencia constante en los medios como líder de los movimientos que removieron a tres presidentes antes de llegar a la presidencia en uno de los países más inestables de la región. Sus mensajes fueron cubiertos sin censura.

En Ecuador la prensa ya era persistentemente acosada antes de que ocurriese la condena en primera instancia del periodista Emilio Palacio y una multa descomunal de 40 millones de dólares al diarioEl Universo, de Guayaquil. En El Comercio, de Quito, cuenta Farah,   todas las entrevistas con funcionarios oficiales debían ser autorizadas y monitoreadas (como ahora ocurrirá en Bolivia en el camino hacia las elecciones de octubre), informó el periodista Arturo Torres, cabeza de un grupo que investigaba acusaciones de corrupción en el gobierno.  “Esto ha llevado a que muchos funcionarios dejen de ofrecer informaciones, especialmente las relacionadas con casos de corrupción, porque ahora tienen miedo”, dijo el periodista citado por Farah.

Recuerda que Morales excluyó a la prensa no oficial de cubrir sus raras conferencias de prensa durante seis meses, afirmando que estaba mancomunada con la oposición política. El periodo abarcado por Farah no abarca casos más recientes, como el apresamiento temporal de un periodista en Tarija por la elaboración y edición de un video en el que el presidente es acusado por sus vinculaciones con los cocaleros. Más oscura es la situación en Nicaragua, donde Daniel Ortega no ha ofrecido  una sola conferencia de prensa en más de un año, dice Farah.

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