Ante un nuevo juego

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La admisión del presidente Hugo Chávez de que padece de cáncer ha sacudido el tablero del ajedrez político venezolano. Él era prácticamente el único  jugador desde hace doce años. Su discurso de anoche fue  una conmovedora admisión de que se prepara a dejar las banderas que tuvieron en él a su  portaestandarte. Y, probablemente, entregarlas a otro antes que alguien las agarre por su cuenta. Como hizo Fidel en Cuba. Sólo que Hugo Chávez carece de la ascendencia que Fidel Castro tiene sobre la población cubana. No hay que  olvidar que a pesar de todo, Venezuela está escindida en dos partes prácticamente  iguales. Chávez confiaba en su relativa juventud para mantener bajo su puño las banderas de la que él llama “Revolución Bolivariana”, y se proclamaba heredero de Bolívar.

Su quizá momentáneo ocaso político ocurre cuando Venezuela está lejos de  haber logrado “sembrar el petróleo” y desarrollar una mínima autosuficiencia alimenticia; cuando está peleado con Estados Unidos, cuando otras naciones del hemisferio lo miran con recelo, cuando ya no provoca más aquella unanimidad que lo rodeaba al inicio de su mandato, al finalizar el siglo pasado, en fin, cuando su propio “proceso de cambio” ya no provoca el entusiasmo  que solía levantar entre los venezolanos y fuera de su país.

Es previsible sospechar que habrá una pugna interna que Chávez no podrá contener en la lucha entre los círculos inmediatos  para encaramarse en las mejores posiciones de poder. El destino le ha puesto una terrible zancadilla.

Los efectos de este movimiento del tablero se sentirán inexorablemente en Cuba, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, en ese orden, y tal vez en grado menor en Argentina y Uruguay y en todo el espectro de izquierda antiamericano, comenzando por Irán, que tendrá razones para sospechar que el eje que se había forjado entre Caracas y Tehrán carece de la perennidad que creía. A poco más de un año de las elecciones generales de 2012, habrá que determinar cuál será la fuerza de impacto de la crisis de Chávez. Por ahora son muchas cábalas, muchas las preguntas y ninguna respuesta cierta. Se ignora incluso el tipo de cáncer que lo ha afectado.

Mucho de lo que ocurra ahora dependerá de la capacidad de las fuerzas opositoras venezolanas de buscar y encontrar  una unidad compacta, que las muestre como una alternativa que pudo aprender de la experiencia fugaz de Carmona.  Al mando de la oposición en 2002, Carmona intentó eliminar de un plumazo todo lo hecho por Chávez y no dejar vestigios, desde las medidas económicas hasta el nombre que había asumido Venezuela como república bolivariana. Al contrario, eso consolidó a Chávez y revirtió su temporal derrota. Gran parte de la población venezolana se aterrorizó ante la sensación de tener al frente a una derecha pura, y  prefirió al teniente coronel de paracaidistas. El comandante paracaidista de los años de 1990 alcanzó todo el poder empujado por las desigualdades aberrantes que décadas de regímenes dictatoriales y democráticos no habían conseguido paliar a pesar de sus torrentes de petrodólares. El derroche de los ricos venezolanoa era una verguenza. Su campaña por volver a Venezuela menos desigual tuvo de su lado a millones de pobres de los cerros y villas miserias pero su afán de restituir el bolvhevismo, “a la latinoamericana” lo encaminó por un proceso autoritario que le puso a otros millones al frente.  Ahora en su lucha contra el cáncer estará sólo, pese a las grandes y numerosas manifestaciones de simpatía y solidaridad que reciba.

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