Gas por mar

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En su más reciente entrega periodística, el diplomático Ramiro Prudencio Lizón analiza las idas y venidas bolivianas respecto al gas natural y el tema marítimo. Vale la pena leer los antecedentes de las inconsecuencias bolivianas que recuerda el diplomático Prudencio.

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El Ministro de Hidrocarburos lanzó últimamente una intempestiva declaración, señalando que Bolivia no venderá gas natural a Chile por el rechazo decidido en un referendo del 2004, pese a que los dos países habían efectuado hace pocos meses conversaciones sobre la materia.  Además reiteró la malhadada expresión de que no se entregaría ninguna molécula de gas a ese país.

La respuesta chilena  a tan absurda e intransigente posición provino inmediatamente  del propio presidente Sebastián Piñera.  Este declaró con dureza que no existen problemas limítrofes pendientes entre los dos estados y que el Tratado de 1904 fijó los límites ha garantizado 106 años de paz entre Chile y Bolivia.

Cabe recordar que durante todo el presente siglo veintiuno, los gobiernos chilenos que se sucedieron se preocuparon grandemente por adquirir gas boliviano.  Llegaron a aceptar conceder a nuestro país una zona franca de 600 hectáreas con plena autonomía, denominada Zona Económica Especial, en el puerto de Patillos, a cien kilómetros de Iquique, donde se instalaría un complejo proceso de licuefacción de gas destinado a su exportación a EEUU y a México.

Posteriormente, parecía que las relaciones bilaterales mejorarían mucho más. El presidente Ricardo Lagos fue a Santa Cruz, donde manifestó al presidente Mesa su intención de ceder a Bolivia un corredor al norte de Arica.  Pero, lamentablemente, pronto provino una desinteligencia entre dichos mandatarios en la Cumbre de las Américas realizada en Monterrey;  y fruto de este desencuentro fue la aprobación del referendo al que hace mención el actual ministro de hidrocarburos, y su absurdo corolario, la enunciación de una política demagógica denominada la “molécula de gas”.  Ella consistía en que Bolivia no sólo no vendería gas a Chile, sino que no permitiría que países que se abasteciesen de su gas, como Argentina, pudieran hacerlo a esa nación.

Pese a tan serios contratiempos, el deseo de gas boliviano era tan grande en Chile, que apenas Evo Morales asumió al poder el presidente Lagos vino a Bolivia para tratar el asunto.  Aquí en La Paz, le informó sobre su disposición de ceder el corredor en forma soberana y, además, de adquirir nuestro gas a un precio doble del que pagaban Brasil y Argentina.

Luego el presidente Morales viajó a Santiago donde casi diez mil personas clamaron por una salida al mar para Bolivia.  Y  el gobierno de la presidente Bachelet  manifestó públicamente que muy pronto se iniciarían las conversaciones para dar a Bolivia una salida propia y soberana al mar.

Pero poco después, absurdamente el gobierno nacional volvió a suscribir un acuerdo de venta de gas a Argentina con la cláusula de la “molécula de gas”.  Esto provocó en el pueblo chileno una gran aversión por nuestro país, al extremo que un 80% de su población manifestó que rechazaba una eventual cesión territorial a Bolivia.  Desde ese momento, el gobierno de la señora Bachelet reculó en lo referente a nuestro problema marítimo, y  mencionó que sólo concedería una zona sin soberanía.

Han pasado cinco años de esos sucesos, y ahora, con el presidente Piñera, la situación ha desmejorado grandemente.  Chile se cansó de esperar nuestro gas y ha continuado señalando que negociaría una salida al mar sin soberanía.

El presidente Evo Morales, molesto por esta ambigua actitud chilena, decidió en marzo pasado, cambiar el rumbo de su política con Chile y anunció que nuestro país apelaría a los organismos jurídicos internacionales. Pero no ha desestimado todavía el diálogo bilateral.

En consecuencia, ha sido el gas el elemento fundamental de nuestras relaciones bilaterales del presente siglo.  Pero mientras Chile se esmeraba  en obtener nuestro gas, Bolivia se encaprichaba en no venderle.  Ahora, como bien dice un editorial de La Razón, ni siquiera existen posibilidades de exportar gas a otros países fuera de Argentina y Brasil.  Entonces, ¿para qué provocar nuevamente a Chile con la absurda política de la “molécula de gas”?   Esta política sólo servirá para endurecer al país trasandino contra nosotros.  Y el mar se alejará mucho más de nuestro territorio.  Porque los bolivianos debemos comprender que sólo cuando vendamos gas a Chile ese país estará llano para tratar la cuestión marítima con soberanía.

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