Días agitados

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La detención y extradición a Estados Unidos del general René Sanabria ha activado en la semana que concluye una movilización sin precedentes en los últimos tiempos contra el narcotráfico y ha colocado a decenas de policías bajo sospecha de involucramiento con ese delito. La detención de Sanabria fue seguida en Montero por la de otro jerarca de la policía, el coronel Robert Valdez Ponce, ex jefe de la Interpol, acusado de narcotráfico.

Pocas veces  en la historia boliviana reciente ha habido una cacería anti-narcóticos de la magnitud de la que está en curso. Los bolivianos nos habríamos sentido más felices si esa conducta se hubiese dado desde los albores de este gobierno, que llegó bajo el signo del cambio. Era de esperarse, entonces, una acción moralizadora contra las drogas.

El Deber nos informó esta semana que al menos cuarenta policías y agentes han sido detenidos en los últimos meses por presuntos vínculos con mafias del narcotráfico. Se trata de un problema de magnitud nacional, cuya investigación interesa a todo el país, incluso los pasos que deba seguir. Su auge es demasiado impetuoso para mantenerlo dentro de los límites del gobierno. Sin embargo, la Cámara de Diputados con mayoría del MAS ha dispuesto que la comisión investigadora del caso relativo al general Sanabria sea unipartidaria.

En todas partes el oficialismo procura imponer su visión. Pero cuando se obstruye que haya una visión desde otra posición, para ofrecer algún equilibrio al trabajo que se debe realizar, se esparce la impresión de que se atenta contra normas éticas fundamentales. Las comisiones investigativas que organiza el parlamento brasileño suelen incorporar a todas las representaciones legislativas y sus investigaciones son, por lo general, transmitidas a todo el país por la cadena televisiva del Poder Legislativo, que es tomada por estaciones privadas y retransmitida instantáneamente. Los debates y sus conclusiones, entonces, adquieren credibilidad. Creo que es igual en otros países, especialmente en nuestro vecino Chile. ¿Sería posible pensar en algo semejante aquí?

Habrá que ver con qué cara son recibidos por el congreso o por parlamentarios de los Estados Unidos, o por  las autoridades encargadas de la investigación en el estado de Florida los parlamentarios de esa comisión unilateral cuando visiten aquel país como parte de su trabajo. Especialmente en estos días, en que los legisladores del gobierno han aprobado una moción para expulsar a USAID (Agencia de cooperación de los Estados Unidos), que funciona en Bolivia desde 1942. (Con qué creen que Bolivia substituirá la cooperación que le viene de la principal potencia de la tierra? ¿Con fondos venezolanos? Lo dudo, especialmente ahora que empieza a cobrarnos por el diesel que nos suministra y por las entregas canalizadas por la embajada de Venezuela para el programa “Bolivia cambia, Evo cumple”.) ¿O con recursos iraníes? La duda es aún mayor.

Además, el ex ministro Juan Ramón Quintana sostiene que el ex embajador de Estados Unidos en Bolivia, David Goldberg, acosa “indirectamente” a Bolivia, de donde lo expulsaron en 2008. No hay detalles conocidos de ese acoso. Y el presidente Morales asegura creer que Estados Unidos quiere involucrarlo en delitos de drogas, en una secuela más de la captura del general Sanabria.

“No estoy tan seguro,  pero puedo pensar  que esto es parte de una estrategia de Estados Unidos para que se vea que esto es un narco-gobierno. Detienen al general Sanabria (la declaración fue el 10 de marzo) y a los dos días la JIFE (Junta Interamericana de Fiscalización de Estupefacientes) dice que no es suficiente la reducción de cultivos de coca y después, el Departamento de Estado califica como un fracaso la lucha contra el narcotráfico”(en Bolivia). Uno espera que sólo haya una susceptibilidad excesiva e el jefe de estado.

La serie remacha con el reproche de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, contra los bombardeos a Libia. El cuarteto solitario, sin embargo, poco puede hacer. Con la  daga de las fuerzas que encabeza Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Italia en el cuello, Gadaffi (su cuartel general fue bombardeado este domingo) ha pedido una reunión del consejo de Seguridad de la ONU, donde se votó 10-0 por las acciones militares (hubo cinco abstenciones, incluidas las de Rusia y China). La reunión luce, de inmediato, improbable, mientras los ataques no anulen la capacidad ofensiva de la fuerza militar de Gadaffi,  o mientras no el libio renuncie, en cuyo caso la reunión sería innecesaria).

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