Día: marzo 6, 2011

Miradas del exterior

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Ahora muy poco le va bien…

Así se expresa el respetable The Economist al hablar de la situación del gobierno y del presidente Evo Morales. La extensa crónica refleja mucho de lo que la prensa extranjera ha dicho de Bolivia en los últimos meses y a la que el gobierno procura ignorar. Veamos algunos párrafos (la traducción es del blog):

“Hasta la pasada navidad, Evo Morales parecía ser el más fuerte y más exitoso entre los presidentes de izquierda  en Latinoamérica. Su estatus como primer presidente de descendencia indígena de su país, combinado con políticas de canalizar los ingresos provenientes de impuestos más altos sobre los hidrocarburos hacia la mayoría pobre del altiplano de Bolivia, le trajo una popularidad duradera. Al haberse impuesto a la oposición en las llanuras orientales, ganó fácilmente un segundo período en 2009 con el 64% de los votos.”

“Hasta que de repente muy poco le va bien al Sr. Morales. Una abrupta decisión de suprimir los subsidios sobre carburantes, elevando los precios en más del 70% fue saludada con protestas masivas del tipo que el propio Sr. Morales solía organizar contra los gobiernos anteriores. Retrocedió rápidamente, pero eso no aplacó el descontento. El pasado mes, el Sr. Morales tuvo que abandonar un evento en Oruro, la ciudad altiplánica que previamente le era leal, cuando fue saludado a dinamitazos por quienes protestaban contra los aumentos en tarifas del transporte y alimentos, Cuando el gobierno trató de evitar la subida de tarifas de transporte, los dueños de los vehículos los retiraron del servicio el 25 de febrero.”

Luego vino algo embarazoso, agrega, para citar que René Sanabria, general retirado de la policía que es (era) el principal asesor del gobierno en la lucha contra las drogas, fue arrestado en Panamá el 24 de febrero y extraditado a los Estados Unidos, bajo acusación de tráfico de cocaína. Algunos funcionarios dicen que el arresto fue una venganza de la DEA por su expulsión de Bolivia en 2008. Sin embargo, el Ministerio del Interior arrestó a otros tres funcionarios policiales. Tanto la producción de coca como de cocaína han crecido en Bolivia en los últimos años, según las Naciones Unidas.

“Pero el principal dolor de cabeza para Morales es la economía”, sigue la revista. “El abortado intento de quitar los subsidios a los carburantes, que el año pasado costaron US$ 380 millones, fue  una señal de estrecheces financieras.”

Luego destaca que mientras los gastos continúan creciendo, el breve auxilio a los cofres nacionales proveniente de los impuestos en el gas y el petróleo parece haber acabado. La empresa petrolera estatal carece de los medios, y las multinacionales de la voluntad, para expandir la producción de gas natural, Luis Arce, ministro de finanzas, dice que el gobierno tuvo el año pasado un superávit fiscal por el quinto año  consecutivo,  pero otros lo dudan. Según Jaime Pérez, de la fundación Jubileo, dice la revista, el gobierno entró en rojo (en déficit) en 2009. El propio gobierno vaticina un déficit fiscal de alrededor de US$870 millones (4,2% del PIB) este año, elevado para la región.

Los datos no son nuevos para los bolivianos. Pero que los entregue a sus lectores una revista como The Economist marca una fuerte diferencia. La revista –y su página web- es leída por  todos los que en el mundo se consideran bien informados, especialmente los inversionistas. Ante una crónica así, de poco vale la propaganda del Banco Central y de otras organizaciones gubernamentales sobre una supuesta situación bonancible en Bolivia.

La publicación habla de la inflación, que en los 12 meses corridos hasta enero era del 8,4%, y la subida de precios del azúcar y otros alimentos. Destaca que los problemas climáticos y las riadas tienen que ver con el problema, pero también las políticas gubernamentales. Recuerda que cuando los precios subieron en 2008, el gobierno intervino para frenar las exportaciones e impuso controles de precios. El resultado fue que los agricultores sembraron menos. Entretanto, se formaban largas colas en los centros estatales de distribución de alimentos, algunos e los cuales cerraron al acabarse sus existencias y el temor de violencia. “Los periodistas han encontrado alimentos almacenados en las casas de varios funcionarios del gobierno del presidente Morales y líderes del MAS”.

La coalición de movimientos que lo apoya creía que Morales estaba de su lado y le perdonaba sus metidas de pata verbales. Pero ahora, dice la revista, muchos no le otorgan más el beneficio de la duda. El nuevo dicho del gobierno es “gobernar obedeciendo al pueblo”. El punto final dice: “Al haber comandado las calles durante la década pasada, el Sr. Morales se ve ahora comandando a merced de ellas”.

Segregación de la pollera

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La más reciente entrada del diplomático Ramiro  Prudencio  Lizón trae un tema polémico. Un punto de vista diferente cuya lectura es interesante:

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Hace unos días sucedió algo extraño: una alumna de derecho en Cochabamba acusó a sus compañeros de haber modificado una fotografía relativa a su promoción de la facultad, donde todos portaban toga y birrete.  Ella consideró un insulto el estar así vestida, porque deseaba salir fotografiada de pollera.  Posiblemente la muchacha consideraba que era un símbolo de su raza y de su posición social el mantenerse siempre en traje de campesina.

Lo raro es que con atuendo de pollera recibió el diploma de graduación, pero no de las autoridades universitarias sino de las gubernativas de Cochabamba.  Posiblemente las de la universidad exigían que encima de su pollera se pusiese la toga y el birrete, como todos los alumnos que egresan en esa universidad.  Pero ella no podía hacer tal cosa.  El fundamentalismo de nuestros campesinos de la zona andina impide todo acercamiento a la gente citadina.

Ahora bien, si uno ve esa fotografía, observa que todos los demás alumnos son tan morenos como la muchacha de pollera.  Y eso es lógico, porque la mayoría de la población boliviana es mestiza.  Es decir, que no existe racismo en el país sino sólo una discriminación por el vestido.

Evidentemente, no puede haber racismo en un país como el nuestro donde el 95% de la población desciende de los pueblos indígenas.  Por este motivo, desde la fundación de la República sólo hubo diferencias económicas y culturales.  Se podría afirmar que Bolivia es el país menos racista del continente.  Pero pese a ello, existe una marcada segregación por la indumentaria: los que usan el traje occidental se distancian de los que continúan con la vestimenta popular tradicional.

En consecuencia, para superar todo vestigio de racismo en el país, bastaría con educar a los campesinos sobre la conveniencia de usar el traje occidental que ahora es mundial, sobre todo si se van a avecindar a las ciudades.

Pero, lamentablemente, ahora ha surgido una especie de deificación de todo lo indígena, lo que ha determinado que haya muy fuertes presiones para que nuestros campesinos ya no piensen en cambiar ropajes y convertirse en ciudadanos urbanos, sino que se les obliga moralmente a continuar con sus atavíos tradicionales.  Esto sucede sobre todo con las mujeres, quienes deben continuar portando la pollera, pese a ser un vestido caro, incómodo y que no condice con la tremenda actividad de la vida cotidiana del evolutivo mundo moderno.  Además, es menester recordar que la pollera no es traje indígena sino español del siglo dieciocho.  Precisamente ella se constituyó en el símbolo de las discriminaciones sociales que existieron en el país durante casi tres siglos.

Cabe señalar que no son los campesinos los que insisten en mantener sus ritos y vestiduras.  Son los denominados “intelectuales de izquierda”, gente urbana y salida de las universidades nacionales, quienes ahora se han convertido en grandes defensores de la tradición y del conservadurismo.  Ellos han determinado exaltar todo lo que sea costumbre ancestral, calificándola de cultura endógena.

En vez de copiar a los países del Asia, sobre todo a China y Japón, con culturas milenarias pero que han comprendido que debían modernizarse y eliminar sus variadas vestimentas e idiomas, para integrarse en el actual mundo globalizado, dichos intelectuales  han preferido convertir a Bolivia en un país fundamentalista como los más atrasados y conservadores países islámicos.

Al dejar atrás las concepciones progresistas, basadas en la igualdad entre los seres humanos, se ha adoptado en el país una posición eminentemente reaccionaria, que ampara la discriminación, el mantenimiento de las tradiciones vernáculas y, por último, la segregación de razas. De este modo, mientras en el resto del continente se preocupan por la igualdad  ciudadana, en Bolivia se retrocede cien años y se decide mantener a su gente separada y enfrentada, lo que a la postre podría poner en peligro la propia integridad nacional.

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Recibí la siguiente nota de Sr. Teco Villa, a quien respondo:

Estimado señor Teco Villa: Por un error lamentable, quien envió la nota en su lista de distribución me atribuyó la autoria de esta nota hábilmente elaborada. En realidad pertenece al diplomático Ramiro Prudecio Lizón. Pido disculpas de antamano por cualquier otra confusón.

Señor Olmos:
La pollera es una imitación de los vestidos largos que usaban las españolas en la colonia (la mujer aymara es la que más mantiene el largo de su vestido español y la quechua, actualmente, lo usa más corto.
El chaleco que usan los tarabuqueños es igual o parecido a los que usan en algunas regiones de españa incluso similar al de los toreros.
Esos son solamente un par de los ropajes similares al de los españoles (no incluyo la manta actual que reemplaza a la mantilla española y la botina – medio taco – del mismo origen), y hay más…
El Virrey Toledo sacó una ordenanza instruyendo que todos los nacidos en estos territorios, usen ropa igual a la de los españoles de la península radicados en América.
Sergio Villa U.