Gadafi en el final

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Con casi todo el mundo al frente –excepto Venezuela, Nicaragua y Cuba- Muammar Abu Minyar Al Gadafi y su familia tenían este lunes el pasaporte comprado para un futuro incierto. Sobre sus bienes y los de toda su familia han caído sanciones de las Naciones Unidas que los reclama como patrimonio del pueblo libio. Gran parte de su cuerpo de embajadores le ha dado la espalda e incluso su representante ante la ONU pidió que se lo sancione, ultrajado por las atrocidades cometidas contra su pueblo. En estos momentos hay una apuesta rodando por el mundo. Si Gadafi llega al Miércoles de Cenizas o, quizá, la Semana Santa. En Trípoli o en algún otro lugar.

Aviones  ingleses y alemanes realizaron en las últimas horas misiones atrevidas para recoger a sus técncos de algunos de los campos petrolíferos libios. No enclontraron mayor resistencia. Los campos quedaron bajo control de técnicos locales, informó Aol. Estas misiones parecieron una advertencia a Gadafi y a los militares que lo apoyan: Libia no está protegida ni blindada y el acceso militar aéreo puede ser una opción fácil si el líder africano continúa aferrado al poder.

Las sanciones impuestas por la ONU y, unilateralmente, por Estados Unidos, que entre otras cosas congelan los bienes y recursos financieros de Gadafi y toda su familia, son las más severas de las que se tenga memoria en tiempos recientes. Son también un campanazo de alarma a otros dictadores o aspirantes a serlo.

Libia pudo ser uno de los países más prósperos de África. Con una producción de 1,8 millón de barriles diarios de petróleo, sólo el año pasado recibió 45.000 millones de dólares por sus exportaciones de crudo.  Son embargo, continúa como país atrasado, pero con lugares de lujuria para Gadafi, su familia y sus allegados.

Con el terremoto político libio, todas las dictaduras africanas han puesto las barbas en remojo. No necesariamente todas.  American on Line (AoL) trae hoy la noticia de que Teodorin Obiang, hijo del dictador de Guinea Ecuatorial y ministro de agricultura, ha ordenado un yate propio con costo calculado en 380 millones de dólares, más del triple de lo que su país gasta en salud y educación anualmente.

En las últimas horas, los rebeldes han apretado el cerco sobre Trípoli y el refugio donde Gadafi se encuentra. Cuál y cómo será el desenlace es aún tema de conjeturas. Gadafi cuenta todavía con tropas leales del ejército y la aviación y columnas de mercenarios. Pero la lógica hace pensar que no dispone de mucho tiempo. No deja de ser penoso pensar que hace cuarenta años, Gadafi representó una esperanza de redención para su pueblo que aguardaba mucho de él. Pero décadas después de 1969, el 30% de la población sobrevive dentro del segmento de pobreza, con menos de dos dólares por día. Sus tiempos de gloria han pasado y ahora le ha llegado de golpe el momento de rendir cuentas.

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