Mar:Solución a medio camino

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La más reciente entrega del diplomático Ramiro Prudencio Lizón revela que Bolivia planteó un ultimátum a Chile durante la fase final de la negociación de Charaña, que luego fracasó. Lean  Uds.

Solución a medio camino

El lunes antepasado, los cancilleres de Bolivia y Chile, Alfredo Moreno y David Choquehuanca, respectivamente, mantuvieron una reunión muy importante en La Paz.  Se dice extraoficialmente que el ministro Moreno se habría referido en ella a una posible concesión de un corredor al norte de Arica, sin soberanía.

Hay que el corredor al norte de Arica fue la base de las tres principales negociaciones de la segunda mitad del siglo veinte: 1950, 1975 y 1978.  En la segunda, denominada Negociación de Charaña, el gobierno chileno llegó a presentar una propuesta oficial de entrega del corredor con soberanía, pero con una compensación territorial.

Hubo dos problemas que derrumbaron ese trascendental entendimiento: el veto peruano y la reticencia nacional a la compensación territorial.  Ahora bien, con el fin de obviar esos problemas, durante dicha negociación se determinó proponer a Chile, en marzo de 1978, una “solución de medio camino”.    Ella consistía en el otorgamiento de un régimen de autonomía en el corredor ofrecido, pero sin cesión de soberanía.

En un principio, el gobierno del presidente Pinochet aceptó la sugestión boliviana.  Pero grande fue su sorpresa cuando el negociador boliviano, Willy Vargas Vacaflor, manifestó al canciller, almirante Carvajal, que la respuesta chilena debía ser inmediata.  El tenía instrucciones de su gobierno de retornar al día siguiente a La Paz con la respuesta definitiva.  Como se comprenderá, el gobierno chileno consideró ese hecho como un ultimátum y cambió de parecer.   Y de este modo, se perdió una solución semejante a la que hoy se debate y que pudo darse hace más de treinta años.

Lo triste fue que una semana después, el gobierno de Banzer rompió relaciones diplomáticas con Chile, dando fin a la más importante negociación que hubo en el siglo veinte sobre nuestra reintegración marítima.

Si se concreta el actual ofrecimiento chileno del corredor, se podría decir que ya estarían resueltos los dos problemas anteriores.  Primeramente, Perú no podría objetar que Bolivia se sirva de un corredor donde no posee la soberanía territorial;  y segundo, nuestro país no tendría obligación de otorgar compensaciones, ya que no está recibiendo nada  soberano.

Evidentemente, un arreglo sin soberanía no es definitivo.  Sólo una solución de medio camino, pero sería un primer paso positivo para llegar al mar.  Ya lo dijo en 1975 un eminente diplomático chileno, Enrique Bernstein: “el día que Bolivia ponga un pie en la costa del Pacífico, nunca saldrá de ella”.

De todos modos, existe un asunto fundamental que se debería tratar prioritariamente: la necesidad perentoria de Bolivia de contar con un puerto propio en la costa del corredor.

Al respecto, es menester considerar que durante todo el siglo veinte, nuestro país se esmeró en obtener ese puerto propio, porque Bolivia no desea eternamente depender de muelles ajenos para su comercio exterior.   Sólo si se consigue una absoluta libertad de tránsito, nuestro pueblo podrá quedar satisfecho.  De otro modo, se accedería a  una costa  para contemplarla, como sucede en la zona franca de Ilo.  Evidentemente, ello no significaría que el país dejase de utilizar los puertos chilenos y peruanos.  El incremento de nuestro comercio exterior requerirá del servicio de varios de ellos.

Hay personas ingenuas que consideran que la construcción de un puerto determinaría un alto costo.  Eso es absurdo.  Actualmente todos los puertos importantes han sido privatizados.  En consecuencia, nuestro país deberá efectuar una licitación internacional para la construcción y administración del puerto del corredor por unos treinta años. Naturalmente toda la tributación correspondería a Bolivia y, además, se pediría a la empresa que una buena parte de sus empleados sean bolivianos.

Si la propuesta chilena conlleva la autonomía del puerto, los bolivianos deberíamos aceptarla, porque permitirá de todos modos, que nuestro país alcance su cualidad marítima después de más de ciento treinta años de enclaustramiento.

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