El mensaje y la realidad

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La rebelión de los ayllus de Potosí ha dejado en la ciudadanía la sensación de que esos desórdenes pueden ser sólo el comienzo de una escalada de protestas violentas contra la carestía de la vida y  un resultado en cámara lenta del gasolinazo del día después de Navidad.   Las paredes que evitan estallidos parecen tenues. Ahora las víctimas son los comerciantes y la mayoría ciudadana de Llallagua, invadida por  enardecidos pobladores de los ayllus del norte potosino, irritados porque el  poco dinero que tienen no alcanza para sus urgencias básicas.  Estamos ante un peligro claro e inminente, como diría Jack Ryan en la novela (vuelta película) de Tom Clancy.

Ha sido el primer brote violento tras la anulación del gasolinazo.  Los efectos de esa medida habían quedado agazapados, pues en  la “neo retórica” que prevalece  “nivelar” precios sólo podía ocurrir en gobiernos “neo liberales”. Sólo que parte de la población no está dispuesta a aceptar al que Fernando Henrique Cardoso llamaba de “neo bobismo”, o la “neo estupidez”. Desde zonas en las que el gobierno gozaba de prestigio y predominio indiscutible, crece el descontento por la carestía, agravada por una peligrosa escasez de artículos de primera necesidad, pese al vigoroso retroceso que anuló el gasolinazo horas antes del Año Nuevo.

La revuelta en los ayllus estalló a menos de 24 horas de la posesión de tres nuevos ministros y de 48 del fastuoso primer aniversario del estado plurinacional. El festejo estuvo precedido de una obsesiva propaganda televisiva, que ya no cala como antes, pues la gente mira sus bolsillos y no piensa mucho en las “tensiones creativas” sobre las que teorizó  una alta autoridad.

El presidente leyó un discurso que trataba de mostrar que Bolivia era otro país. Leyó, infelizmente con mucha dificultad, hasta estadísticas mínimas, como lo habrían hecho  Paz Estenssoro o Hernán Siles en sus tiempos mejores.  Pero un gobierno que llegó  a serlo en gran parte gracias al desencanto de los sectores populares con los continuos fracasos de quienes no se preocuparon por incluir en la vida nacional a gran parte de “la Bolivia profunda” de campos agrestes y de provincias remotas, debería saber que llega un momento en que ni a los más fieros simpatizantes se convence sólo con palabras.

En el trasfondo del mensaje yacía vagamente la idea del “socialismo andino”, en una versión que pretende reproducir el fracasado experimento soviético o el empobrecido sistema cubano.

Hay que preguntar a las autoridades, incluso al  presidente: ¿Qué tiene Bolivia que sería capaz de hacer lo que no pudieron los rusos (en un espacio tan grande -18 veces el de Bolivia- que caben once husos horarios y una población entonces 25 veces mayor)? ¿O qué resultado final que los encandila tiene el experimento de más de medio siglo en Cuba (que el propio presidente Castro dice que no funciona ni allí)?

De petróleo, la sangre de la economía del país, el presidente casi ni habló. No podía, pues estaba muy cerca el “gasolinazo”. Pasó por alto que tras cinco años de  “nacionalización” la producción apenas supera  40.000 barriles diarios, menor a la de hace cuarenta años, cuando exportábamos.  Por si acaso, ese volumen representa el 0,04% de la producción mundial, dato que debería ser suficiente para exhibir nuestras limitaciones.

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Un comentario sobre “El mensaje y la realidad

    Santiago Choque escribió:
    enero 31, 2011 en 10:28 am

    Distinguiro Sr. Olmos:
    Lector de sus artículos a veces o siempre Ud. me confunde pues no sé a quien o a qué se refiere “Jack Ryan en la novela (vuelta película) de Tom Clancy.”
    Me gustaría mucho frecuentar el cine pero en mi comunidad es muy difícil. Ud. se expresa como si todos sus lectores estuvieran “up date” con las películas y la literatura actual. Es una falla suya, disculpe que se lo diga. Se dirige Ud. a una pléyade de eruditos, intelectuales o polítólogos? Dónde están estos tipos? En Santa Cruz de la Sierra? En Llallagua? Dentro del socabón?
    Hágame el favor!!
    Santiago Choque, humilde ciudadano nacido como usted en un lugar de Bolivia de cuyo nombre no quiero acordarme…

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