Día: enero 10, 2011

Bajo el trauma del 26/ y 31/12

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Con el rechazo del  67% de la población, de acuerdo a la más reciente encuesta de Captura Consulting publicada por El Deber el domingo,  el Presidente Evo Morales tiene muy pocas opciones para salir del atolladero al que entró el 26 de diciembre creyendo que su poder sería suficiente para convencer a los bolivianos que a partir de ese día la vida les sería más cara. Como en el amor, recuperar la pasión perdida es un trabajo muy serio en el que los regalos y lisonjas no son suficientes cuando un componente esencial también se ha desvanecido: la confianza.  Curiosamente, el presidente está ante un porcentaje superior al que obtuvo cuando fue re-electo a fines de 2009 (64%).

Como gran parte de sus antecesores, el presidente puede creer que aún tiene una carta que no jugó a plenitud: la demanda ante Chile por una salida al mar. Otros presidentes han escogido ese viejo tema para distraer la atención del público o para granjearse simpatías patrioteras cuando sienten que se apaga  el fervor popular del que gozaban. Aquí es donde yace el peligro.

El gobierno de nuestro vecino y la población chilena en general son conscientes de esta tendencia,  supuestamente dotada de una gran fuerza de distracción. Sólo hasta cierto punto. Por lo que puedo observar desde Santa Cruz, en esta región y en casi todo el oriente boliviano, la actitud respecto al problema marítimo es diferente de la pasión -legítima, pues son las regiones que más sienten la mediterraneidad- con la que viene cargada en el occidente. Por estas latitudes se cree más en el fortalecimiento  nacional, económica y educativamente, como base para una negociación equilibrada con nuestro vecino. En un memorándum de 1904 los cruceños proclamaron que la salida al Atlántico era más ventajosa  para el país en su conjunto, especialmente para las exportaciones agrícolas, que ir por el Pacífico y reclamaron obras de infraestructura lleven los productos de oriente y occidente hacia el Atlántico. No se les hizo mayor caso.

El presidente Piñera lo dijo a sus ministros: Bolivia enfrenta una “situación compleja”. Es decir, Chile debe tener cuidado en sus relaciones con Bolivia. ¿Que significa eso? Tal vez no dar pasos que alteren mayormente el statu quo vigente entre las dos naciones desde hace 131 años. Uno de  los síntomas de la “situación compleja” es expresado en los resultados de la encuesta de Captura Consulting.

El vocero del gobierno, Iván Canelas, ha tratado de minimizar la lectura que emerge de esa encuesta, en la que el equipo ministerial sufre una desaprobación aún mayor: 79% de los encuestados no encontró competentes a sus integrantes. Desestimar estos mensajes de opinión pública, especialmente cuando tienen carácter negativo, es actuar como el avestruz y esconder la cabeza ante una realidad.

La caída en vertical de la aprobación del gobierno y sus líderes no sorprende. Viene tras el gasolinazo y el subsugiente retroceso en la medida. Pero, sobre todo, ante la percepción general de que no existe un “plan B” y que estamos sin brújula en medio de una tempestad.