Alberto Ostria Gutiérrez

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Compartocon Uds.la más reciente entrega del diplomático Ramiro Prudencio Lizón, con el título arriba escrito.

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En estos momentos en que se ha producido un nuevo acercamiento a Chile,  es menester recordar a don Alberto Ostria Gutiérrez, el más insigne y destacado diplomático boliviano del siglo veinte, y cuyo  aniversario de  nacimiento se cumplirá el 6 de enero.

 

Primeramente, cabe recordar que su extraordinaria labor por la vinculación de Bolivia con los países vecinos, dando lugar a la construcción de los ferrocarriles de Santa Cruz a Corumbá, y de Santa Cruz a Yacuiba, ha marcado un hito en la historia del país, ya que con estas obras se puso en práctica su ideal de que Bolivia dejara de ser un territorio de antagonismos y pasara a ser uno de contactos y entendimientos.

 

Pero lo importante es recordar su gran actuación en pro de resolver el problema marítimo nacional. Al respecto, su gran capacidad de persuasión y la tenacidad que ponía en su labor, lograron que Chile se aviniese, mediante notas intercambiadas en 1950, a reconocer la existencia de dicho problema y asumir el compromiso de solucionarlo, dando a Bolivia una “salida propia y soberana al océano Pacífico”.  Por ello, la negociación oficializada en ese año de 1950, constituye asimismo, uno de los principales hitos históricos de la larga y todavía inacabada lucha que Bolivia mantiene desde la Guerra del Pacífico, en procura de romper su enclaustramiento geográfico.

 

Su labor como embajador en Chile se inició en 1947, y desde un principio hizo conocer al presidente González Videla, que Bolivia estaba llana a estudiar las compensaciones que se pediría por el puerto de Arica, cuya cesión nuestro país anhelaba desde el inicio de su historia republicana, por ser su puerto natural.  Pero el presidente chileno, le aclaró que su gobierno rechazaría cualquier petición que incluyese la cesión de Arica, por consideraciones de carácter histórico y patriótico.

 

No tuvo más remedio el embajador Ostria que circunscribir las aspiraciones bolivianas a una franja al norte de Arica.  Ahora bien, una vez delimitado latamente el territorio que Chile cedería a Bolivia, la negociación ingresó en una etapa más complicada: la de las compensaciones.

 

Uno de los cancilleres chilenos, don Germán Riesco, le exigió que Bolivia especificara claramente cuáles serían las compensaciones territoriales  y comerciales que otorgaría en pago de la franja.  Ostria respondió que su gobierno  no podía dar compensaciones territoriales sino a cambio de Arica.  De no ser viable esta solución, sólo estaba en condiciones de ofrecer los beneficios de la gratitud de un país con grandes riquezas.  La entrevista terminó fríamente, con e l consejo del canciller Riesco que en Bolivia se meditase lo difícil que era para un país acordar entregas territoriales sin recibir otras a cambio.

 

Tuvo que ocurrir un cambio de cancilleres en Chile para que la negociación marchara más definidamente.  Don Horacio Walker Larraín, decidido partidario de un arreglo con Bolivia, una vez posesionado como canciller, accedió a los requerimientos de Ostria de oficializar la negociación que se estaba llevando a cabo desde hacía tres años.

 

Es así que se cursaron entre el embajador Ostria Gutiérrez y el canciller Walker Larraín, las célebres notas de 1º y 20 de junio de 1950, mediante las cuales Chile aceptaba “entrar formalmente en una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda ser posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico, y a Chile obtener compensaciones que no tengan carácter territorial y que consulten efectivamente sus intereses”.

 

Han pasado  sesenta  años de la suscripción de esas notas, y nuestro país se encuentra todavía muy alejado del mar.  Gran culpa de ello se debe a la generalización de la pérdida de la fe en la posibilidad de obtener una costa propia. Y, evidentemente, si los propios bolivianos no nos afanamos en tratar de alcanzar el mar, éste no bañará nunca a nuestra patria.  Pues como dijo ese gran patriota que fue don Alberto Ostria, “las grandes soluciones de la historia no son fruto de la inercia, sino de la voluntad de los pueblos orientada hacia un ideal.  Y ese ideal, el ideal portuario, mientras no sea alcanzado vivirá lo que viva la nación”.

 

 

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