Día: diciembre 27, 2010

Y ahora, ¿quién podrá defendernos?

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El gobierno ha aplicado uno de los mayores aumentos en el precio de los carburantes en los últimos años. El país joven no tiene memoria de un mazazo de tal magnitud desde aquel “Bolivia se nos muere”.  Con eso sólo puede esperarse  un aumento generalizado de precios que horadarán más los bolsillos empobrecidos de la mayoría de los bolivianos.

Con el nuevo precio, la gasolina boliviana cuesta 13 centavos de dólar más que el litro de la gasolina estadounidense (80 centavos vs. 93 centavos), que tiene mayor octanaje y rinde más. Hemos sobrepasado a Estados Unidos, la superpotencia, y nos hemos aproximado a Suiza, donde el litro cuesta $US 1,37, y hemos hecho un avance extraordinario rumbo a la aspiración presidencial de alcanzar a los helvéticos en quince años.

En sí, eliminar subsidios no es malo. La teoría dice que es esa la manera de sincerar la economía y de aprender a vivir con lo que se tiene y a partir de ahí comenzar a crecer sobre bases reales. Los precios de los carburantes han permanecido estáticos por muchos años y han sido  un persistente estímulo al derroche. Su progresivo crecimiento hasta alcanzar este año cerca de 400 millones de dólares, representa más de un cuarto de lo que Bolivia recibe por sus ventas de gas natural, mayoritariamente a Brasil. Es decir, uno de cada cuatro dólares que ingresan a las arcas nacionales se iba en subsidiar carburantes. Era algo insólito que empujaba el contrabando en las regiones fronterizas a favor de nuestros vecinos, donde los precios son más reales. Esa situación mítica del pueblo de Jauja iba a concluir. Lo malo está en cómo se lo ha hecho.

Lo grave está en la forma intempestiva, sin gradualismo  y  “sin anestesia” alguna, como ya dijo un dirigente obrero. La noticia se extendió como  un reguero por todo el estado y dejó atónitos a la mayoría de los bolivianos, pues resultaba difícil creer que un gobierno como el actual fuese a adoptar una medida de tan tremendo peso impopular, al más nítido estilo “neoliberal.”

Los síntomas de que “algo estaba mal” frueron más visibles a partir del corto televisivo de hace pocas semanas en el que una voz se quejaba de que el contrabando chupaba gran parte de los carburantes nacionales.  No se conoce oficialmente cuánto ni el deetalle de los valores correspondientes de esa farra.

En escala masiva que empequeñece el problema boliviano a una dimensión Liliput, Venezuela experimenta lo mismo con sus vecinos. Allí está la gasolina más barata del mundo y un intento de subirla de ese nivel, también a la condición de la gasolina más barata del mundo llevó a los disturbios del   27 de febrero de 1989 que influyeron decisivamente en la ascensión de Hugo Chávez como fenómeno político. Pero Venezuela es uno de los primeros productores de petróleo del planeta. Bolivia está en una escala diminuta.

El propio presidente Morales, generalmente reacio a admitir errores en su administración (hasta anoche estaba en Venezuela) reconoció que “no vamos bien” en materia de hidrocarburos. En realidad, vamos mal. Antes de su elección, se creía que Bolivia era una potencia gasífera tipo “el cielo es el límite” que alimentaría de energía todo el cono sur del continente, incluidos Brasil y Argentina. Resulta que las reservas son ahora alrededor de un quinto del volumen que el país creía. Se esperó durante meses que el gobierno informase oficialmente de la magnitud de esas reservas. Ahora, según informes de dirigentes de la Cámara Nacional de Hidrocarburos, las reservas serían suficientes para cumplir durante sólo una década más los compromisos actuales. En realidad, se trata principalmente de cumplir con Brasil (hasta 31 millones de metros cúbicos diarios). Y esta semana el Vicepresidente García Linera dijo que las cifras finales de una auditoría serán conocidas sólo en enero.

Esa disminución de reservas, que corrió paralela a una sequía de inversiones en el sector, ha llevado a YPFB a perforar apenas un par de pozos por año para fines de exploración. En la década de 1970 la empresa perforaba entre cuarenta y cincuenta pozos y producía más gasolina que la que producimos ahora, décadas más tarde.

El canto de “viene el lobo”  de precios más altos se acabó. Ahora ya está presente el lobo con precios que gran parte del país considera demasiado elevados para los niveles de ingreso que percibe la mayoría. Entramos a un nuevo año y entonces, citando al  “Chapulín Colorado”, uno tiende a decir: “Y ahora, ¿quién podrá  defendernos?”