Misterios de las cifras

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Un informe de la oficina en Bolivia de la ONU ha llamado la atención por sus cifras sobre la situación económica y social boliviana en las últimas décadas. Del documento distribuido por la internet surge la impresión de que nunca el país estuvo en mejores condiciones y que gran parte de ellas se ha dado sólo en los últimos años.

Este tipo de informes es normal en todo el mundo. En nuestro caso, no trae nada que no hubieran dicho otros informes.  Pero llama también la atención la ausencia de cifras comparativas. Y no es una deficiencia  atribuible a la organización sino a la forma incompleta de la divulgación de las realidades que el organismo quiere subrayar.  Hay que partir de una premisa: Las cifras dicen muy poco si no vienen acompañadas de comparaciones adecuadas que destaquen su relevancia.

Algunos ejemplos. Bolivia es todavía uno de los países con mayor concentración de riqueza. El informe dice que en 1970, el 20% más rico concentraba el 59% de la riqueza, mientras que el 20% más pobre recibía sólo el 4%. Treinta y siete años después, los porcentajes eran obscenamente peores, pues en 2007, ese 20% más rico recibía el 60% de la riqueza del país en tanto que en el otro extremo, el 20% más pobre sólo recibía el 2%. El tiempo escogido abarca dos generaciones y puede decir mucho de nuestro estancamiento. Pero las cifras no son explicadas.

En escala boliviana, ¿qué es “riqueza”?  ¿Cuánto es ese 60% o aquél 20%? Los que hicieron el estudio no lo dicen. No sabemos a partir de qué nivel de ingresos un boliviano sería considerado “rico”. ¿A partir de Bs 7.000, o 9.000 mensuales? Con el volumen de nuestro Producto Interno Bruto, (totalidad de bienes y servicios producidos por todo el país en un año), no alcanzamos a otros de la región. Nos corresponderían menos de $2.000 anuales por persona (Paraguay: más de $US4.000 y Brasil aproximadamente $US6.000 anuales). En el caso boliviano, son menos de 14.000 pesos por año. Tomada fríamente, la cifra indicaría que Bolivia deja de ser país muy pobre y avanza hacia ser país de ingresos medianos, o casi medianos, pues muchos países, especialmente en África y Asia, son aún más pobres. En 1970, nuestro PIB anual por persona era de $US 241 (su valor actual sería el cuádruple), para 4,2 millones de habitantes. Ahora tenemos un PIB de cerca de 17.000 millones de dólares para una población superior a nueve millones.

Sin cifras complementarias, las de concentración de la riqueza son un misterio. Sólo nos dicen que los ricos de 1970 recibían porcentualmente  un 1% menos que en 2007.  No se sabe, salvo a cálculos complicados, cuánto es y cómo se dio ese aumento, que en estos momentos representaría $US 170 millones. Ni cómo el ingreso de los más pobres cayó a la mitad (del 4% al 2%).

Un dato revelador es la supuesta ampliación de la clase media, en la escala boliviana (ignoramos el rango de ingresos de esta clase media), y el aumento de quienes dejaron la pobreza absoluta (menos de un dólar diario) entre 2000 y 2008. Pero, ¿gracias a qué? El estudio confirma que eso ha ocurrido gracias a iniciativas individuales y privadas más que a la acción del estado. (En algo deben haber contribuido los bonos iniciados  por el vituperado neoliberalismo.)

El estudio subraya que “hoy” los indígenas y las mujeres tienen mayor posibilidad de conseguir cargos públicos que antes. La palabra “antes” es imprecisa en extremo. ¿Desde cuándo? Ese deberá ser otro tema.

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