El Chile que he visto

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– I –

Pocas veces como en los últimos meses la presencia de Bolivia y su necesidad de acceder al Océano Pacífico a través de un curso soberano ha estado tan visible en los medios chilenos de información. No quisiera equivocarme, pero parecería que muchos chilenos han abierto de repente los ojos a una nueva visión respecto a Bolivia y su más que centenaria aspiración marítima. Y uno de sus orígenes más recientes tal vez se encuentre en un trabajador minero boliviano que figuraba entre los treinta y tres atrapados en la mina San José, que de la noche a la mañana se volvió en Bolivia una celebridad y que en Chile, en pocos meses, estableció lazos de amistad que ayudaron intuitivamente a comprender a muchos en la sociedad chilena que había un reclamo insatisfecho del país al que Carlos Mamani se había integrado y compartido.

Pero existen, naturalmente, otras causas aún más  importantes. Como el empeño impreso a su labor de gobierno por el presidente Evo Morales tras haber lanzado una apuesta tan alta, como muchos de sus predecesores, en pos del acceso marítimo; y en posición  no menos destacada los lazos que, a nivel gubernamental,  han forjado Chile y Bolivia todos estos años y, por último,  la necesidad peruana de no quedar solitario ante sus dos vecinos del norte que parecen despejar rápidamente la atmósfera de litigio que predominó entre ellos gran parte del último siglo.

El momento que viven esas relaciones quizá sea el de mayor aproximación en las últimas décadas, lo que ha creado un ambiente oficial optimista en bolivianos y chilenos. Un funcionario chileno nos dijo a un grupo de periodistas que visitamos su país semana pasada que creía muy posible que hasta el 2012 “e incluso antes” varios de los temas de la famosa agenda de trece puntos entre las dos naciones estén ya resueltos. Otro nos dijo que Chile está dispuesto a ir “hasta el fin” con la propuesta que pueda emerger para resolver el encierro geográfico boliviano.

Fue una invitación oficial la que nos llevó a Chile y los periodistas entendimos –y también esperamos- que entre esos asuntos pueda figurar también el del acceso marítimo soberano.  Pero obviamente se espera la solución de controversias relativamente menores –el Silala, por ejemplo- antes de llegar al paso mayor.   Algunos  de los funcionarios con los que hablamos se pronunciaron sin ninguna mordaza, histórica o política. Pero la condición para hacerlo era que todas las conversaciones serían “off the record”, es decir informales, y no se los podría citar directamente en conceptos que pudiesen surgir.

La visita era parte de un trabajo de “aproximación” con la realidad chilena que la diplomacia de ese país ha puesto en marcha con Bolivia. Lamentablemente, no se ha visto un despliegue diplomático similar de parte boliviana.

A lo largo de los cinco días que estuvimos en el vecino país se sentían los remezones del terremoto provocado por el presidente peruano, Alan García, tras re-inaugurar el puerto libre para Bolivia en Ilo cuando reclamó una salida propia y soberana al mar para Bolivia y aseguró que su país no sería un obstáculo.  La prensa mencionó inclusive un plebiscito propuesto por el senador oficialista Pablo Longueira, en el cual Chile  plantearía a sus ciudadanos una solución a ser ofrecida a Bolivia.

Pero ese no es un puente que se deba atravesar todavía y este es un tema que deseo tratar separadamente. El senador Longueira, de la Unión Democrática Independiente, (UDI), cree que eso podría ocurrir ya el próximo año. Por si acaso, es el mismo senador que con mayor vehemencia sostiene la necesidad de resolver el centenario problema como una cuestión vital para Chile, Bolivia y el continente sudamericano, si los políticos actuales quieren dejar a sus descendientes una región en paz y franco progreso económico y social.

Al senador le escuché subrayar en la TV un concepto práctico: tras el rescate exitoso de los 33 mineros atrapados, el prestigio chileno está más alto y el país podría proponer una fórmula que resuelva el problema con Bolivia.

Por ahora, quiero recalcar que el Chile oficial que he visto trata de llevar impresa la marca de su presidente Sebastián Piñera y asignarle un signo ejecutivo, de alta eficiencia, y de conducir a Chile a la erradicación de la pobreza en un decenio.  Si mantiene el ritmo de crecimiento de tigre asiático de los últimos años, y que con Piñera puede alcanzar índices aún mejores, será capaz de lograrlo. Con lo que Chile se despegaría de América del Sur, probablemente seguido de Perú, Colombia y Brasil.

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Un comentario sobre “El Chile que he visto

    El Chile que he visto -II- « Mientras tanto, en Santa Cruz escribió:
    noviembre 4, 2010 en 12:30 am

    […] En la visita de la semana pasada quedó claro –si es que alguna vez estuvo en duda- que una salida al mar con soberanía sólo será posible al norte de Arica, sobre la línea de la Concordia. Lo escuchamos por la TV y lo leímos en publicaciones escritas. Es decir, una solución que pondría a Chile y Perú separados por una estrecha franja por la que se deslizaría un corredor que recibiría Bolivia. Extensión y otros detalles de esa franja serían objeto de discusiones a iniciarse, o tal vez ya en curso cuando menos a nivel teórico e informal, que una vez definidos serían puestos en consideración de Perú. ¿La resurrección de Charaña? Tal vez, aunque probablemente surjan algunas variantes. […]

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