Sin sorpresas, Dilma se impone a Serra

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Fue una elección sin sorpresas ni mayores emociones. Dilma Rousseff, quien nunca había ganado una elección-ni tampoco se había presentado como candidata para cargo público alguno- ganó al veterano socialdemócrata José Serra. Pero a su lado estuvo como una sombra Luiz Inacio Lula da Silva casi el tiempo todo. Y el electorado prefirió continuar con lo que Lula exitosamente empezó: el ascenso de las clases menos favorecidas hacia escalones superiores. El 55% de los brasileños le dio su confianza, especialmente en el noreste, vasta región aún muy detrás de los estados ricos de Brasil, frente a un 45% que prefirieron a Serra, cuya fuerza fue mayor en el rico sur y sureste del país continente.

Rousseff había estado en la punta de las preferencias desde el 1 de octubre, cuando se realizó la primera vuelta electoral, al cabo de la cual ningún candidato obtuvo el 50% más un voto para ser ungido. Pero con Lula a su lado durante toda la campaña de la segunda ronda, Rousseff retuvo el gobierno para el Partido de los Trabajadores (PT).

En las próximas semanas se sabrá qué cambios podría introducir la primera mujer en ser electa presidente para regir al país más grande geográfica y económicamente de América Latina. Los puestos claves, como es habitual, serán las relaciones exteriores: ¿Continuarán en sus cargos Celso Amorín, quien ha estado en funciones durante los ochos años de Lula, o el de Hacienda, dirigido por Guido Mántega? Los operadores financieros también estarán con los ojos puestos en el Banco Central: ¿Continuará al mando de Henrique Meirelles?  Hay que subrayar que fue la designación de Meirelles, un destacado economista ligado al mundo financiero internacional,  la que acabó llevó a la ruptura de los grupos más radicales del PT y a la construcción de uno de los pilares que abonarían el ascenso de Marina Silva, la sorpresa en el primer turno electoral, cuando obtuvo casi el 20% de la votación en un país con 195 millones de habitantes. Meirelles, sin embargo, se convirtió en la roca que mantuvo orden en las cuentas externas e internas de Brasil y contribuyó de manera significativa a la estabilidad de la economía brasileña.

Cuando los invitados y enviados especiales a la posesión, además del cuerpo diplomático, asistan a la ceremonia de posesión de Dilma Rousseff el 1 de enero, estas interrogantes probablemente ya habrán sido respondidas. Y empezará un nuevo ciclo que poco a poco irá mostrando si Rousseff, o simplemente Dilma, como la llaman los brasileños,  será una copia carbónica del gobierno de Lula o si buscará una identidad propia, hasta ahora desconocida.

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