El gas que se nos va

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Los informes de estos días nos cuentan y nos hacen conscientes de una realidad, muchas veces intuida pero sólo ahora corroborada desde varias fuentes: el  gas natural, la riqueza que apuntalaría nuestro desarrollo por las próximas décadas, era sólo una quimera. De acuerdo a los informes registrados estos días, de cerca de 50 trillones de pies cúbicos que hace menos de una década se creía que guardaban los depósitos ya conocidos hemos ido bajando paulatinamente, a medida que escaseaban las inversiones. El descenso entró en un tobogán en 2006, cuando las inversiones prácticamente desaparecieron tras las medidas contra los principales inversionistas y con la decisión de Petrobras de abocarse a la exploración y explotación de hidrocarburos en su propio territorio. En Bolivia, en estos tiempos perforamos uno o dos pozos exploratorios por año, versus 50 y 60 hace cuarenta años! Es decir, estábamos mejor cuando parecía que estábamos peor. Las informaciones más recientes,  atribuidas a la medición de la Ryder Scott Petroleum, conocida certificadora de reservas, cuyos resultados aún no son oficialmente conocidos, dicen que las reservas están en 8,6 trillones, menos de un tercio de los volúmenes que se creía que existían hace cuatro años: 26,4 trillones. Es como si en cuatro años el país hubiese gastado casi tres cuartas partes de sus reservas monetarias internacionales, sin capacidad para reponerlas. Hay que subrayar que los grandes y pequeños inversionistas tienen los ojos sobre los informes de las compañías certificadoras y basan en gran parte en esos informes sus decisiones de invertir. Algo más: hemos buscado inversiones directas en algunos países (China y Corea del Sur), pero lo que nos han ofrecido son créditos. Más claro: no desean arriesgar capitales en nuestro país, menos aún cuando las reservas declinan.

La controversia que rodea la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación ha silenciado momentáneamente este problema pues ha desviado la atención hacia otros temas que la ciudadanía considera fundamentales: las libertades de prensa y de expresión.  Pero solamente por ahora, pues la cuestión es demasiado grande como para colocarla debajo de la alfombra. Pues si no hay gas para exportar y tal vez tampoco para el consumo interno, ¿con qué se mantendrán las regiones? ¿Podrá haber autonomías  desprovistas de IDH y de regalías petroleras? ¿Con qué divisas pagaremos las importaciones?

Curiosamente, las reservas actuales, si resultan confirmadas, serían sólo suficientes para cumplir con Brasil hasta 2019, el año en que fenecen nuestros compromisos con ese país. De ahora en adelante, quedarían clausuradas las iniciativas para industrializar ese recurso, que pronto dejaría de existir en cantidades mínimas como para justificar inversiones en industrias basadas en gas natural. Es decir, adiós plantas termoeléctricas y adiós petroquímica basada en gas. Y también adiós a El Mutún, para el que se necesitaría más de lo que actualmente se exporta a Argentina!  Tampoco se podría hablar más de nuevas ventas a Argentina, menos aún de proyectos para Paraguay o Uruguay. Tal vez también por eso Brasil ha dejado de mencionar la posibilidad de extender sus compras de Bolivia más allá de 2019. Cuenta ya con sus propias reservas, capaz de volver prescindible el gas boliviano que antes le era vital.

YPFB ha guardado hasta ahora un silencio casi total. Pronto tendría que cambiar de actitud.

Un comentario sobre “El gas que se nos va

    rolman escribió:
    octubre 25, 2010 en 7:24 pm

    se nos fue… que lastima…. en nombre de los lastimados EL PUEBLO!!

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