Día: octubre 17, 2010

Mañana alegre con un fondo tenso

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Fue una mañana musical y alegre la de este domingo en la Plaza 24 de Septiembre en Santa Cruz. Periodistas y artistas se unieron para manifestar su oposición a la  Ley contra el Racismo y la discriminación que han calificado unánimemente como “ley mordaza”. La concentración no correspondió a las expectativas (se esperaba reunir a millares) y sólo algunos centenares se congregaron en el histórico lugar. Pero el acto fue suficiente para testimoniar  la persistente  resistencia a esa ley que los periodistas ven como una guillotina sobre la libertad de prensa y de expresión, aprobada por el Senado “sin cambiarle una sola coma” como pidió el Poder Ejecutivo.

Una presencia emblemática en el lugar fue la de Francisco Arauz Caro, uno de los iniciadores del movimiento, quien alentaba a sus colegas e incitaba a los simpatizantes a estampar sus firmas e identidades en los libros con los que se quiere demostrar la impopularidad y disconformidad con la ley. Con su polera blanca que llevaba la frase “la lucha continúa”,  el periodista me dijo que la recolección de firmas ya pasaba de 130.000. “Y este no es el fin. Pronto duplicaremos ese total”, dijo.

La multitud en la plaza era entretenida con la presencia algunos pesos pesados de la TV local. Carlos Valverde (Sin Letra Chica), por ejemplo, conversaba con diversos grupos que frecuentemente se formaban a su alrededor mientras Enrique Salazar (Que no me pierda) leía a voz en cuello la lista de participantes del ayuno, incluso de los que se vieron obligados a abandonarlo por razones de salud. Un grupo cantor hizo reir al público interpretando la tonada infantil “Los pollitos dicen…”, en referencia a la frase del presidente Morales, hace un tiempo, al referirse a los periodistas, cuando los llamó “pollos de granja”. El ballet folclórico de Héctor Molina deleitó al público con interpretaciones del folclore cruceño. Y el humorista Javier Roca lo hizo reír al tomar su guitarra e imitar a intérpretes de la canción internacional, desde José Feliciano hasta el ya fallecido Pedro Vargas. Pero una nota especial la dio la cantante Gisela Santa Cruz, quien hizo vibrar al público interpretando algunas de las piezas más famosas de su repertorio. Fue un domingo matinal alegre, pero el trasfondo entre el gobierno y la prensa continuaba tenso.

LA SIP NO SERÁ RECIBIDA POR EL PRESIDENTE

La mañana transcurría en ese ambiente cuando se supo que el presidente Evo Morales no recibiría a una misión de tres miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa que llegan esta noche. Se creía que serían recibidos mañana lunes por el Primer Mandatario. La decisión cierra una de las puertas que parecía abiertas para entablar un diálogo capaz de superar el impasse surgido con la prensa. Por lo visto, las cosas empeorarán más aún antes de empezar a mejorar.

PRIMEROS EFECTOS DE LA LEY

La ley, sin embargo, ya comenzaba a correr y sus efectos empezaban a ser sentidos. Quienes llegaban con avisos comerciales a los diarios se encontraban con múltiples trabas para colocarlos. No se podía solicitar “una joven” porque la encargada de recibir la publicidad decía que eso podía parecer una discriminación hacia los adultos. Tampoco se podía decir “buena presencia”, menos aún “empleada doméstica” o solicitar a alguien “con experiencia” o “con certificados” para cumplir alguna labor porque habría quienes podrían sentirse discriminados y el medio ser pasible a castigos.

“Había que hacer malabarismos para encontrar palabras que más o menos puedan caber en lo que uno estaba procurando”, me dijo  una señora que había colocado un aviso en un diario cruceño.

Una sana envidia

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Un artículo del ensayista y crítico venezolano Laureano Márquez que invito a leer. Tomado de ElUniversal.com.ve
Hoy apetecería escribir de muchas cosas: Por ejemplo de lo difícil que es luchar por la democracia en China, de la prisión del Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo –encarcelado por pedir elecciones directas– y la alcahuetería de las democracias occidentales que en nombre del billete se hacen los bolsas. También provoca tocar el tema de la llamada gira “ideológica” iniciada por Esteban, quien además viaja en el tiempo, porque hay reseñas de que llegó a Rusia el jueves en la tarde, cuando aquí todavía es jueves en la mañana. Pero sin duda el tema de la semana es Chile. No hablemos de los mineros de los que ya conocemos hasta su vida personal en medio de la intriga que nos deja el ya llamado “minero infiel”, que seguramente inspirará una telenovela que bien podría llamarse “trágame tierra”.
Provoca más bien comentar algo que flota en el ambiente: la sana envidia que los venezolanos sentimos cuando vemos un país, tan parecido al nuestro, que avanza y triunfa por encima de adversidades, mientras nosotros nos hundimos en un mar de petrodólares… Hoy es, pues, un viernes para la sana envidia… ¿Por qué no tenemos un gobierno como el de Piñera?, nos preguntamos.
Naturalmente que son inevitables las tradicionales acusaciones de golpismo y fascismo por admirar a un hombre como Sebastián Piñera.
Lo curioso es que admiro también a su antecesora, la señora Bachelet, y creo que uno puede admirar a la vez a personas de derecha y de izquierda, que hay algo más que ese simplismo de encasillar ideológicamente a la gente y hacer “giras ideológicas”.
Parece, más bien, que hay gente inteligente y gente que no lo es, gobernantes eficientes y otros que no lo son, políticos decentes y políticos corruptos, gobiernos democráticos y gobiernos tiránicos. Y parece que esto nada tiene que ver con la ubicación ideológica.
Por más que los Pinochets de izquierda parezcan menos dictadores porque son más inteligentes, hábiles y simpáticos, oprimen igualito que el otro, silencian igualito, fusilan igualito y encarcelan lo mismo. Este mundo se ha vuelto más complejo, ya no importa la derecha y la izquierda, sino lo comprometida que una sociedad esté con los valores de la democracia y la libertad.
Ver a un hombre tan eficiente como Piñera, además vestido de rojo, es algo que, inevitablemente, a los venezolanos nos sorprende. El problema no está en el color, pues, sino en la disposición de entender un país como un espacio para el progreso y la solidaridad, como un patrimonio común. La diferencia está en asumir que no se gobierna para castigar al que no está contigo, sino para el bienestar de todos. ¿Qué tiene Chile que no tenemos nosotros? Es la gran pregunta que nos hacemos. ¿No fueron allí los mismos conquistadores? ¿No conocieron ellos también la misma anarquía fundacional? Quizá la gran diferencia está en que los chilenos, encargaron a un hombre del brillo intelectual de don Andrés Bello el diseño de una universidad de primera, mientras nosotros, hasta el sol de hoy, no hacemos otra cosa que destruir las nuestras y mediocrizar la educación.
Con razón dijo otro Andrés (Eloy Blanco) –en el discurso que pronunció cuando se lanzaron al mar los grillos de la dictadura gomecista en el Castillo de Puerto Cabello– lo siguiente: “Hemos echado al mar los grillos de los pies. Ahora, vayamos a la escuela a quitarle a nuestro pueblo los grillos de la cabeza, porque la ignorancia es el camino de la tiranía”.
…Los grillos en la cabeza… he ahí la diferencia…