Un país de avestruces

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La censura en campaña

La censura en Venezuela tiene nuevas manifestaciones. Lo dice Teodoro Petkoff en su diario Tal Cual. El artículo reproducido  a continuación, con título  y subtítulo, describe la cuestión:

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Eso es lo que quiere la chavocracia. Que metamos la cabeza en la arena para que no nos enteremos de lo que ocurre a nuestro alrededor. Un nuevo paso, pero de siete leguas, ha sido dado hacia la censura de los medios. La Defensoría del Pueblo solicitó, y obtuvo, de un juez, la prohibición a los medios de comunicación impresos de “publicar imágenes de contenido violento, sangriento, grotesco, bien sea de sucesos o no, que de una u otra manera vulneren la integridad psíquica y moral de los niños, niñas y adolescentes…” Pero la sentencia del juez es particularmente curiosa.

Mientras para El Nacional y Tal Cual la prohibición durará hasta que “se decida el fondo de la presente acción de protección”, o sea hasta que finalice el juicio, para los demás medios impresos la abstención de publicar tales imágenes se extiende por el “lapso de un mes, contados (sic) a partir de la publicación de la presente decisión”.

Ese mes coincide, casi día por día, con la campaña electoral.

De modo que la intención, lo cual explica lo estrafalario de la sentencia, es la de censurar durante el mes de la campaña electoral las noticias atinentes al peor problema que padece el país, según la opinión de los venezolanos, el de la inseguridad.

Durante la campaña está prohibido mostrar las imágenes de la terrible violencia hamponil que azota al país. Se comienza por censurar fotografías. El paso siguiente, dentro de esta lógica represiva, que ya se ha dado contra El Nacional, es el de censurar los textos escritos sobre ese tema. De allí a la censura total no quedan sino unos pasos, que este país no puede ni debe aceptar.

Tanto el documento de la Defensoría del Pueblo como el del juez son dos monumentos al fariseísmo. Son incontables las veces que hemos visto y leído las expresiones de parientes de las víctimas, aglomerados ante la morgue de Caracas, solicitando justicia. Son miles los venezolanos que han terminado en la morgue. ¿Alguna vez la Defensoría del Pueblo se ha acercado hasta los familiares de esos compatriotas para llevarles aunque sea la promesa de hacer algo por ellos? Jamás. ¿Alguna vez la Defensoría del Pueblo se ha preocupado por las condiciones en que se ven obligados a trabajar médicos forenses y empleados de la morgue? Jamás. Lo más cerca que ha estado la Defensora del tema de la espantosa expansión de la criminalidad en nuestro país fue cuando le brotó del cerebro aquella necedad de que lo de la delincuencia es una “sensación”. De resto, el de la violencia y la delincuencia no es su problema. Más aún, ya que de la psiquis e integridad de los niños se trata, ¿alguna vez la Defensora ha llamado la atención a Chacumbele por la utilización de niños en sus actividades políticas y en sus programas, cosa absolutamente ilegal y expresamente prohibida por la Lopna, y esa sí totalmente dañina para sus delicadas mentes, tanto como el lenguaje insultante que le es propio? Nunca.

El juicio que nos han abierto será una fotografía que no podrán prohibir, por más que quieran. Será la fotografía de la descomposición moral, ética y política de la chavocracia.

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