Día: agosto 16, 2010

Sale Potosí, entra Oruro

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Potosí vivió este lunes un día de alegría popular, con el retorno de sus delegados a la Villa Imperial tras haber logrado compromisos del  gobierno del presidente Evo Morales en torno a seis puntos que consideraba vitales y que dieron origen al movimiento cívico de mayor envergadura que ha enfrentado el régimen de Morales en los últimos años. Las autoridades departamentales decretaron para el martes una jornada de regocijo, dijo la TV

No eran conocidos los términos de los acuerdos logrados por el departamento al cabo de dos semanas y media de paro total. En algunos puntos, como el aeropuerto y una carretera dentro del departamento, probablemente tendrá que esperar. Habrá que aguardar y conocer el texto de los acuerdos para tener un  mejor juicio sobre los compromisos asumidos. Pero cualquiera que hubiese sido el resultado, es evidente que el gobierno, en última instancia, tuvo que ceder. Los potosinos le habian reclamado que fuese al lugar del conflicto, como él les habia enseñado cuando era el campeón de los bloqueadores. El presidente los desairó y no fue. Creyó que su fórmula de evadir el conflicto trabajaría de su lado.  Pero, en este caso, no fue así. Tuvo que ceder.

Aún peor, en el proceso puede haber perdido el cariño del departamento que más se jugó por él. Los dirigentes aseguraron este lunes que ni el presidente ni sus ministros serán bienvenidos a Potosí cuando  el departamento celebre su aniversario cívico, el 10 de  noviembre. Esta tarde los potosinos mostraron cómo han cambiado los ánimos políticos del departamento: en medio de las manifestaciones de celebración, fue quemado un muñeco que representaba a Morales. Los manifestantes pisotearon el rostro del muñeco, lo apalearon y, por último, le prendieron fuego en medio de una loca algarabía. Personalmente, nunca había visto escenas así contra el presidente. Menos aún contra un presidente que acaba de iniciar un segundo mandato tras haber sido electo, de acuerdo a datos de la Corte Nacional Electoral, con dos tercios de los votos ciudadanos. Las imágnes que mostró la TV exhibían multitudes felices con la que consideraban una victoria, pero que también, como lo demostraba el muñeco maltratado y quemado, hacían ver una rabia incontenida. Gritaban el estribillo que durante décadas ha caracterizado a las marchas sindicales y de organizaciones de izquierda en el mundo de habla castellana: el pueblo unido, etc. Y a los gritos, seguían otros de repudio al gobierno y la repetición sonora del que ha marcado su rebelión: “Potosí Federal”.

Una acción tiene una reacción, dicen las leyes de la física. Y la otra parte en disputa, que permaneció callada hasta este lunes, en la tarde inundó las calles por miles. Para protestar, pues Oruro considera que el gobierno se ha parcializado con Potosí. A los orureños, al parecer, no les agradó la perspectiva de que se levanten dos fábricas de cemento en la zona en disputa, donde hay ricos yacimientos de piedra caliza que Oruro consideraba sólo suyos. Oruro también quiere caminar hacia el “vivir bien”   que proclama la nueva CPE para todas las naciones  englobadas en Bolivia, aunque la mayoría del país desconozca cómo y en base a qué se llegará a esa meta, ideal de la humanidad al que pocas naciones han conseguido aproximarse.

De ellas, ninguna está en el reducido número de países comunistas que figuran como amigos de Bolivia. Los potosinos festejaban esta noche el fin de una pesadilla que esperan que no vuelva a ocurrir. Y cabía preguntarse si los orureños no estaban inaugurando una nueva vuelta, remachando la idea de que también en las regiones altiplánicas de Bolivia hay conflictos y que los llamados movimientos sociales no tienen mandos absolutos.