Día: agosto 8, 2010

Charaña, otra vez

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Con el título de El ejemplo de Charaña, el diplomático Ramiro Prudencio Lizón ha escrito un artículo sobre el tema, que vuelve a cobrar actualidad. Charaña está en la mira boliviana, y a ella se suma ahora la del gobierno, algunos de cuyos dirigentes fueron en su tiempo opositores tenaces a esa fórmula. Con autorización del autor, este blog reproduce el artículo:

El ejemplo de Charaña

Pocos días atrás, un eminente militar chileno, el general Juan Emilio Cheyre, ex jefe del Ejército y actual presidente del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica de Chile, ha manifestado que el acuerdo de Charaña es una solución viable “porque satisface una aspiración boliviana” y porque considera una compensación territorial.  En otras palabras, se entregaría a Bolivia un corredor al norte de Arica a cambio de un trueque de territorios.

Evidentemente, la propuesta del general Cheyre ha impactado en Chile. Ya recibió el apoyo de un destacado columnista de El Mercurio de Santiago, principal periódico de la derecha chilena;  pero sobre todo, del  Ministro de Defensa, Jaime Ravinet, quien comentó que “la posición de Cheyre es un aporte que necesariamente tendrá que ser evaluado en su oportunidad”.  Luego agregó que éste es un gran momento para resolver el problema marítimo boliviano porque el gobierno del presidente Morales es el régimen con más estabilidad y apoyo popular que ha tenido Bolivia en estos últimos treinta años.

Cabe recordar que la negociación que se inició en el encuentro presidencial de Charaña, en febrero de 1975, fue la más importante que se llevó a cabo en la segunda mitad del siglo pasado.  En ella, mediante nota de 19 de diciembre de 1975, Chile presentó una propuesta formal de solución, con la cesión soberana a Bolivia de un corredor al norte de Arica, con continuidad territorial hasta el mar.

En dicho corredor estaban incluidos, el ferrocarril de Arica a La Paz, el aeropuerto de Chacalluta y el camino de Arica a Visviri, que está vinculado al de Charaña a La Paz.  En cuanto al litoral, éste comprendía ocho kilómetros de costa, lo que hubiera permitido la construcción de un puerto más amplio que el de Arica, que abarca sólo un kilómetro y medio.  Es menester destacar que la mencionada proposición del gobierno militar de Pinochet tuvo aceptación de toda la colectividad chilena, política, económica y cultural.

En cuanto a nuestro país, desde la segunda mitad del siglo veinte se ha mantenido una política definida frente al mar.  Así, en las tres principales negociaciones realizadas en ese periodo de tiempo, en 1950, en 1975 y en 1987, el corredor constituía su eje central.

Lamentablemente, una feroz oposición al gobierno de Banzer y, por ende, a la negociación que se estaba efectuando con Chile, determinó que dicho gobierno llegase a la insensatez de romper relaciones con ese país, dando con ello fin a tan clara posibilidad de adquirir una zona territorial hasta el mar.

Sabemos que el actual gobierno chileno presidido por Sebastián Piñera ha comenzado su gestión señalando que no negociará nada con soberanía.  Pero las voces del general  Cheyre,  de El Mercurio,  y de otras que están surgiendo, principalmente de uno de los ministros de Estado más significativos  como es el de Defensa,  es muy posible que lo hagan variar, ya que fue precisamente la derecha chilena quien  aceptó tratar el tema marítimo en las tres citadas negociaciones de la segunda mitad del siglo pasado.  Mientras que con  los gobiernos de izquierda, de Allende, Frei Montalva y de la Concertación, pese a su simpatía por nosotros, nunca se avanzó nada en concreto.

Ahora bien, la base de la negociación de Charaña era la transferencia a Bolivia de un corredor al norte de Arica mediante un trueque de territorios.  Y fue precisamente un rechazo terminante a la compensación territorial lo que dio fin a tan trascendental gestión.  Pero si Bolivia no acepta efectuar dicho  canje, vanos serán los esfuerzos que se hagan para convencer a Chile de que acceda tratar la cuestión de nuestro enclaustramiento.

Hay que tener presente que con un canje no se gana ni pierde territorio.  Sólo que con éste, Bolivia habría alcanzado después de más de un siglo de enclaustramiento, ser ribereño del océano Pacífico y, de este modo, se libraría de la penosa dependencia que actualmente vive respecto a su comercio exterior.