Día: agosto 4, 2010

Potosí: Séptimo día – Surco: tercer día

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Los potosinos volvieron a desairar al gobierno y decidieron no asistir a una reunión convocada para realizarse este  miércoles en Sucre, con representantes de Oruro y del gobierno. En la capital de la República estuvo aguardando en vano el Ministro Carlos Romero. No hubo ninguna representación oficial del movimiento cívico potosino. Mientras el 6 de agosto está a solamente unas horas, los potosinos se sienten como quien nada tiene que celebrar en el aniversario de la patria que nació sobre sus hombros. La conclusión viene de declaraciones que formularon desde la Villa Imperial algunos vecinos que llamaron a la TV (No mentirás) y a emisoras nacionales. La jornada fue de calma, comparada con la del martes.  Salvo, claro está, la creciente sensación de aislamiento de  la población, aue no ha ocurrido ninguna solidaridad militante de otros departamentos. En la noche, dirigentes cívicos se reunían para adoptar decisiones respecto al paro, que por primera vez ha puesto a un departamento del altiplano frente al gobierno del presidente Evo Morales. En la noche, el ministro Carlos Romero esperó en Sucre en vano: nadie de Potosí se hizo presente en ese lugar, donde potosinos y orureños irían a discutir, a decir del gobierno, sus diferencias limítrofes. Romero se enfrentó por las cámaras con Celestino Condori, dirigente cívico potosino, quien hablaba por teléfono. Romero era visto en el Programa No Mentirás, de PAT, en cuyos estudios de Sucre se encontraba. El dirigente cívico ofreció “todas las garantías” para que el gobierno se atreva a ir a Potosí y negociar con los potosinos soluciones para los problemas de ese departamento, Romero insistió en un campo neutral como Sucre. Condori también insistió en que a la cabeza de los negociadores del gobierno debía estar el presidente Evo Morales. “Los cuidaremos como a niños”, dijo un dirigente de los cooperativistas mineros, que se encargarían de la seguridad de los negociadores oficiales.

La estrategia del gobierno en este conflicto parece ser la de aguardar y presionar desde sus filas del MAS para conseguir que algún o algunos sectores cívicos potosinos den un paso hacia la negociación fuera del departamento. Poco a poco, las arterias de Potosí se van cerrando y  el camino en que se encuentra muestra que el conflicto sólo puede emperor antes de empezar a mejorar.

En La Paz, el senador Fidel Surco, protagonista de uno de los episodios de tránsito más bochornosos de los últimos tiempos, decidió pedir licencia –y le fue concedida- por quince días. Entretanto, el caso que seguirá el trámite legal, tuvo una voltereta: la periodista Amalia Pando, de Erbol, dio un batacazo informativo al entrevistar a un testigo del episodio quien, identificándose plenamente por su nombre, apellido  y profesión, dijo que personalmente había visto que quien conducía el vehículo en el que venía el senador Surco era el propio senador Surco, no el chofer, a quien el senador había responsabilizado, y que ambos habían descendido tras chocar con un vehículo pequeño. La Razón, de La Paz, que reprodujo la entrevista para colocarla en su página web, compartió la primicia. La periodista hizo una tarea infrecuente en el periodismo escrito boliviano: investigar, ir hasta el lugar del evento y procurar testigos que narren lo que  han visto. Tuvo éxito.

Humberto Quispe, carpintero de El Alto, dijo a la periodista en el programa “La Mañana en Directo con Amalia Pando”, que estaba a apenas un par de metros del lugar del episodio. El incidente se produjo cuando el vehículo sobrepasó, sin hacerlo despacio, un rompe-muelles. En la transcripción ofrecida por La Razón, Quispe aseguró que el chofer Edgar Torres estaba en el asiento al lado del volante y que cuando salieron llegó una patrulla de tránsito que “rogaba” al senador que subiese al vehículo de la unidad.

Quispe dijo que al principio no reconoció  al senador, pero que le parecía una figura familiar. Finalmente, tras reconocerlo, lo increpó para que se entregase como pedían los agentes de tránsito.

La entrevista y las declaraciones de Quispe pueden contribuir a cambiar los designios que se había trazado Surco. Una tarea que resta a las redacciones: encontrar y entrevistar a Torres, el chofer del senador Surco.

Potosí ardió

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La jornada del martes en Potosí fue aún más grave que la descripta en la entrada anterior. La ciudad hirvió durante el día de una marcha convertida en cabildo, con unos 100.000 participantes que, con los desórdenes que se registraron, no pudo ser concluido. El gobernador del partido de gobierno, Félix González, estuvo retenido y sólo escapó subiendo a los tejados, dice La Prensa.  Hoy debería celebrarse otro cabildo, a cuya convocatoria el gobernador fue obligado por la multitud, que obligó a la autoridad a unirse a la marcha que recorrió el centro de la ciudad, informó El Deber.

El titular de primera página del diario paceño La Razón dice: Estalla la violencia y Potosí pone en vilo al gobierno. También informa que durante la marcha la furia llevó a los potosinos a forzar un cabildo en el momento, en la Plaza del Minero, lugar histórico pues el lugar conmemora la nacionalización de las minas en 1952. La luz se cortó y algunos grupos de manifestantes enardecidos intentaron tomar la gobernación. También atacaron la residencia del principal dirigente del MAS, César Navarro, e incluso el domicilio de algunos de sus parientes. El dirigente masista, que había sostenido que la movilización que vive Potosí era patrocinada por seguidores del alcalde René Joaquino, dijo que los atacantes llegaron a colocar dinamita en su domicilio.

La multitud de 100.000 personas calculada por algunos medios no tendría precedentes en el pasado inmediato en Potosí. La cifra equivale a más de dos tercios de la población de la ciudad, que el INE calculaba en 154.000 en 2007.

Esa participación multitudinaria derrumba la afirmación de las autoridades de que el movimiento es parcial y promovido por sectores opuestos al gobierno.

Las próximas horas serán de tensión creciente, a menos que el gobierno encuentre una fórmula apaciguadora, que al momento de escribir esta entrada no aparecía en el horizonte. Los potosinos exigen que el propio presidente vaya hasta la Villa Imperial, lo que tampoco parecía previsible pues equivaldría a una capitulación.

La Prensa, en las primeras líneas de su información de esta mañana, pone en evidencia toda la gravedad de la situación vivida por Potosí el martes. Con información del diario El Potosí y agencias destaca que el gobernador del MAS fue apedreado y perseguido por una turba cuando pretendía unirse a la marcha cívica. En la concentración y la marcha se unieron tanto pobladores de la ciudad como de las provincias. El grito que resonó por las calles fue “Potosí federal”.

Potosí: Sexto día – Surco: Segundo día

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Potosí culminó este martes el sexto día de huelga general indefinida con un ruidoso cabildo al que asistieron decenas de miles de personas (50.000, según el corresponsal de Radio Fides). En ese escenario surgió el grito de “Potosí Federal”, en el inicio de un nuevo reclamo que podría agravarse si el gobierno del Presidente Evo Morales no encuentra una salida para el planteamiento potosino de negociar en  la ciudad del Cerro Rico los reclamos del departamento cuya riqueza permitió fundar y mantener a Bolivia durante más de un siglo de vida independiente.

Fue un martes 3 de malos augurios, con el Senador Fidel Surco descargando sobre su  chofer la responsabilidad sobre el  “episodio de tránsito” en el que estuvo involucrado el lunes.

Fue también un martes en el que el dirigente aymara Fernando Untoja consideró que el gobierno había iniciado un fuerte declive como el que a principios de 2003 activaría los movimientos que llevaron a la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. “La rebelión de Potosí se va a generalizar…Así empezó la caída de Goni”, dijo en PAT, en el programa No Mentirás que compartía con la socióloga cruceña Susana Seleme. Untoja vaticinó que los gritos que surgieron de Potosí se extenderán a los otros departamentos altiplánicos: Oruro y La Paz. Pero subrayó que los hombres en el gobierno no eran la representación aymara sino “un grupo” que utiliza a los campesinos. La socióloga Seleme subrayó que el motín potosino contra las autoridades del gobierno fue activado por la pobreza extrema que sofoca a gran parte del departamento, que esperaba del régimen del MAS una gestión eficiente que siquiera la paliase. Dijo que los  hombres del gobierno “no saben gobernar” y se declaró avergonzada con el título de Doctor Honoris Causa que habían otorgado horas antes al  presidente dos universidades argentinas.

La jornada testimonió la furia de Potosí que reflejaba la frustración del departamento, que se sentía desairado e ignorado por el gobierno a favor del cual votó masivamente (en algunos distritos el gobierno y sus candidatos obtuvieron cerca del 100% en las elecciones de abril pasado). Algunos manifestantes apedrearon la prefectura, a cargo de un gobernador del partido de gobierno, y rompieron vidrios de oficinas públicas. Pero ni el ruido ni la rotura de vidrios deben haber resonado tanto como el grito de “Potosí Federal” que Untoja vaticinó que prenderá en otras regiones. Cuando en Santa Cruz se gritaban vivas a la autonomía, el gobierno acusaba a los dirigentes regionales de sedición y querer dividir a Bolivia. Este martes no hubo esas acusaciones.

El vicepresidente García Linera pidió repetidas veces durante la jornada que los dirigentes suspendieran las presiones y dialogasen en Cochabamba, donde debía realizarse una reunión con autoridades de Oruro. Los dirigentes potosinos, ya exacerbados con afirmaciones oficiales de que el movimiento era promovido por “intereses de la derecha”, dejaron plantados a sus anfitriones, el gobierno y la delegación orureña.

El gobernador potosino, Félix González, del  MAS, fue abucheado por la multitud que lanzaba gritos indignados y de fuerte calibre contra el gobierno y su partido. En el cabildo también hubo expresiones duras contra el Vicepresidente García Linera y el Ministro del Interior, Sacha Llorenti. Llorenti había dicho en la víspera que la agitación en  el departamento minero había sido impulsada por el alcalde electo René Joaquino, a quien los concejales del partido de gobierno intentan destituir porque compró vehículos usados para su gobierno departamental porque ahorraría, según ha dicho, algunos miles de dólares a su austera administración.

Uno de los detonantes del conflicto es la jurisdicción sobre riquezas naturales entre  los límites de Oruro y Potosí.  Pero también figura en la lista de reclamos reivindicaciones de vieja data, como carreteras y caminos dentro del departamento.

La tensión de la jornada tuvo un clímax cuando el senador Surco salió brevemente a hablar con los periodistas tras haber declarado ante el fiscal paceño que investiga el incidente del lunes. En una actitud que tanto Seleme como Untoja calificaron como arrogante y cínica, Surco negó que hubiese estado conduciendo el vehículo que produjo el choque y dijo que el conductor era  “mi chofer”, de quien dijo que estaba lúcido. Pero reconoció que él estaba ebrio y aseguró que tras la colisión el chofer salió a buscar ayuda. Él, creyendo que su puerta estaba trabada, se deslizó hacia el asiento del volante y  por eso los vecinos que lo interceptaron creyeron que era el conductor.  Por lo menos en la oposición, nadie le creyó. La asambleísta Norma Piérola dijo que Surco no podrá “tapar el sol con un dedo”. Entre otras afirmaciones, dijo que la vagoneta Toyota 2005 estaba registrada a nombre del senador y que había incumplido preceptos éticos pues el chofer (Edgar Torres) era pagado con fondos públicos.