Día: agosto 1, 2010

Capitalismo destructor y creativo

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Un reciente reportaje del New York Times trajo a la luz un hecho que marca la era en la que hemos entrado: todo tiende a volverse digital. El diario de mayor influencia en el mundo relata un hecho casual para introducir al lector en la lucha que se libra entre la información electrónica y la que viene impresa en papel, como el que recibe este comentario.

“Al volver de la escuela, Elisa Cammarota se quita la mochila y lee su diario de principio a fin.”  Algo parecido hace Anthony Azoulay, si bien se interesa en artículos de fútbol y fotografías a doble página, informa el diario al abrir el tema.

En verdad, se trata de dos niños franceses de diez años, y su país está entre aquellos donde las empresas periodísticas más sufren con la declinación de la circulación de diarios y, consiguientemente de la lectura convencional de noticias y reportajes. Sin embargo, no todo el horizonte es negro, como lo demuestran los editores del diario francés que apasiona a los niños como Anthony y Elisa: Mi Diario, o Mon Quotidien. Un dato que estremecería a los editores en cualquier lugar del mundo relieva la experiencia en la que se ha embarcado Mi Diario: en términos per cápita, dice el diario neoyorquino, en Francia se vende la mitad de diarios que se venden en Francia o Alemania, y los lectores son cada vez menos, especialmente los jóvenes. Entre los de 15 a 24 años, sólo un 10% leía diarios  el año 2007, de acuerdo a una encuesta de entonces. Y eso era la mitad del porcentaje de sólo diez años antes.

Los dos niños de la historia han sido escogidos, como varios otros de su edad, para ayudar a decidir los temas que serán abordados en siete páginas de Mi Diario. Los niños y sus compañeros invitados discuten con  los editores temas y detalles sobre las notas. Se supone que los amigos de los niños y sus parientes y conocidos se vuelven entusiastas lectores de Mi Diario, gracias a esta imaginativa manera de conquistar lectores y mejorar la calidad y contenido de la publicación.

Otros diarios  han aplicado sus propias fórmulas para estimular su lectura: entregan gratuitamente una suscripción anual a sus lectores, si se comprometan a seguir siendo suscriptores al cumplirse el período de gracia. La experiencia ha tenido éxito. Por un año, pues tras la gratuidad la circulación ha caído precipitadamente. Pero han persistido en el experimento. En la época digital casi todo vale para sobrevivir.

Todo esto ocurre mientras se diseminan los pequeños i-Pads lanzados en abril por Apple, para otorgar a  las computadoras una funcionalidad cada vez mayor. De los 3,3 millones de unidades ya vendidas en el último trimestre, he visto una en Santa Cruz, comprada en Estados Unidos. Aunque se le atribuyen  flaquezas, como su exposición a la luz del sol, son un éxito mundial y sus ventas sólo apuntan a crecer. Y los precios por unidad a disminuir de los US 600.oo actuales.

La substitución de tecnologías y la incorporación de otras que mejoran las vigentes, son un signo de nuestra era, o quizá la mejor época del capitalismo destructor y creativo del que hablaba Joseph Schumpeter, el genial economista y premio Nobel austríaco. No creo que estemos ante un pre-anuncio de la desaparición de los medios escritos. Creo que libros y diarios impresos están aquí para quedarse. Pero para no perder la batalla deben mejorar, especialmente su contenido, hacerlo más “visual” y con mayores detalles que las otras fuentes de información no pueden ofrecer.

Errata. En la versión original escribí que Schumpeter era alemán. Fue un desliz que lamento y que ahora corrijo. Desafortunadamente no hubo caso de advertir a tiempo a los diarios que publicaron este artículo.