Día: julio 5, 2010

Otra de Ochoa Antich

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El Universal, el periódico venezolano de mayor circulación, ttrajo ayer, domingo, el segundo artículo de una sedrie prometida por el ex canciller Fernando Ochoa antich. Reproduzco los artículos al subrayar las necvesidad de estar alertas ante los acontecimientos en ese país.

Sin reconciliación posible
Esta irresponsable frase, pronunciada por Hugo Chávez en una de sus inaceptables cadenas, debería ser el primer punto de reflexión de mis compañeros de armas. Ella define, de una manera perfecta, el régimen político que desea imponer la camarilla que, sin ningún tipo de escrúpulos, saquea a Venezuela. Además, deja en claro las diferencias filosóficas existentes entre su visión y la establecida en la Constitución Nacional de 1999. Yo fui uno de los tantos venezolanos que nos opusimos a su ratificación por el pueblo, durante el referendo aprobatorio de ese año, por considerar que significaba un importante retroceso en comparación con la Constitución de 1961. De todas maneras, hay que reconocer que su orientación general es democrática y no atenta contra la vocación libertaria de los venezolanos. Lamentablemente, el régimen chavista ha traicionado esta orientación al tratar de imponer de manera progresiva un régimen marxista-leninista.

El régimen político establecido en dicha constitución se define: «Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político». De esta declaración de principios surge un conjunto de derechos inalienables que tiene nuestro pueblo y que es obligación de la Fuerza Armada defender en toda circunstancia: «el Estado tiene como fines esenciales la defensa, el desarrollo de la persona y el respeto de su dignidad; el ejercicio democrático de la voluntad popular; la construcción de una sociedad justa y amante de la paz; la promoción de la prosperidad y bienestar de nuestro pueblo; y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes consagrados en esta Constitución».

En la reflexión personal que cada uno de ustedes debe hacer no será difícil determinar la permanente violación por el presidente Chávez de estos principios constitucionales. Dedicaré varios artículos a señalar algunas de estas violaciones con el objeto de demostrar que el actual gobierno ha dejado de ser un régimen constitucional y que por esta razón los venezolanos tenemos el derecho de cuestionar su legitimidad y legalidad. La frase de Hugo Chávez, con la cual titulo este artículo, es un buen primer ejemplo: uno de los fines del Estado, según nuestra Constitución, es «la construcción de una sociedad justa y amante de la paz». ¿No han pensado ustedes que la violencia social que todos los fines de semana ensangrienta a Venezuela surge de la siembra de odios que realiza el propio Presidente de la República? ¿No creen ustedes que es injusto que una sola persona pueda ordenar, sin cumplir las normas legales, la expropiación de bienes obtenidos honestamente?

Nuestra Constitución establece: «El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de las entidades políticas que la componen es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables». ¿No consideran ustedes que se irrespeta flagrantemente nuestra Constitución al mantener públicamente el jefe del Estado que orienta sus acciones a establecer en Venezuela un régimen socialista? ¿No se han dado cuenta ustedes que el propio Hugo Chávez en sus intervenciones ha reconocido que el socialismo del siglo XXI tiene como base filosófica al marxismo-leninismo? Estoy seguro que ustedes conocen que esta filosofía contradice los anteriores principios. De esta realidad no deben tener duda. Si alguno de ustedes la tiene, les recomiendo estudiar sus expresiones históricas: los regímenes de Fidel Castro, José Stalin, Mao Tse Tung y Kim IL Sung. Más claro no canta un gallo.

Carrusel de ilusiones

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Uno de los fundadores del desaparecido imperio soviético decía que revolución equivalía al poder soviético más electricidad. Es decir, poder político agregado de energía. La voz de Lenin fue sólo parcialmente escuchada: hubo poder total, pero la energía quedó distante de los planes originales. Cuando estuvo disponible, fue más para la exportación. La ex URSS necesitaba de divisas fuertes para financiar su comercio con las naciones capitalistas.  La ex URSS dependía fuertemente de sus ventas de petróleo y vació gran parte de sus campos para sostener su economía.  Una situación parecida tiene lugar en la Bolivia de 2010. La British Gas y Pan American Energy informan que invertirán hasta 500 millones de dólares más hasta 2012 para garantizar la exportación de gas a Argentina, vecino con el cual no logramos cumplir un compromiso anterior que obligaba a exportar, a partir de este año, 27.6 millones de metros cúbicos de gas natural. Un acuerdo rediseñado prevé llegar a ese volumen sólo en siete años más. Es decir, las inversiones de las dos empresas son para asegurar las exportaciones al vecino país. Un experto petrolero me dice que aún así no es muy seguro que los planes de producción hasta 2012 en el campo de Margarita lleguen a cumplirse. Las reservas del campo son grandes, pero en petróleo nunca se extrae la totalidad que yace en el subsuelo. Este ingeniero me dice que un promedio regular de la producción que sale de los campos va del 30% al 70% de las reservas. El resto es en gran parte extraíble, pero a costos mucho más elevados.

YPFB está en deuda con los bolivianos.  Dio lugar a esperanzas de industrialización, gas para el Mutún, petroquímica y plantas termoeléctricas. Se la suponía una garantía de apoyo sólido para impulsar el desarrollo. Pero su gestión es hasta ahora deficitaria. Ya no se habla de petroquímica ni de termoeléctricas. Apenas de cumplir compromisos incumplidos. La razón es matemática: la producción gasífera no se ha movido desde hace casi cinco años. Los planes iniciales mencionaban que para estos días el país tendría que estar produciendo unos 72 millones de metros cúbicos de gas y apenas sobrepasa los 40 millones, con los que apenas mantiene la cabeza fuera del agua. Para llegar a esos volúmenes es necesaria una exploración intensiva, que no está en el horizonte inmediato. El plan quinquenal de la empresa prevé para este año dos pozos (cierto: dos), número ínfimo cuando hace 40 años YPFP llegó a perforar más de 50 pozos en doce meses. Y el primero de esos dos ya está atrasado: hace pocas semanas las autoridades anunciaron la importación de equipos, lo que hace verosímil pensar que la exploración con ese pozo empezará a fines de este año o comienzos del próximo. El presidente Morales que estuvo en las actividades preparatorias tuvo razón en su impaciencia de hace unas semanas cuando reclamó que la empresa estatal no invertía. A esto  se agrega un aluvión de automóviles que ahogan calles y carreteras del país, lo que presiona por más importaciones de gasolina y diesel. Lo que, a su vez, presiona sobre los recursos nacionales. Todo un círculo vicioso, patente con las tragedias cada vez más frecuentes en nuestros caminos.

Entretanto, Perú ya inauguró su planta de licuefacción de gas cerca de Lima. Y adivinen quién es el comercializador exclusivo para llevar el producto hasta México (¿les suena familiar el mercado mexicano?): Repsol. México era uno de  los mercados del Pacífico al que se esperaba llegar con gas boliviano. El proyecto encontró una oposición feroz. Fue una hoja más en las margaritas de nuestras ilusiones industriales.