Día: julio 2, 2010

La sucesión de Lula

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Algunos medios trajeron este fin de semana la información de que Dilma Rousseff empieza a asumir que será la próxima presidente de Brasil y que en un programa de TV ha dejado asomar algunos de sus planes de gobierno. Es el mismo “script”que ya hemos visto en Venezuela y en Bolivia: Asamblea Constituyente, cambio radical de la Constitución y reformas, especialmente tributaria y  política. Las reformas en Brasil son necesarias, especialmente la tributaria y política, para conferirle al sistema que surgió tras la dictadura militar mejor representación (por ejemplo, la representación de las mujeres en el congreso apenas ronda el 10% cuando, por demografía, debía ser paritaria).  La carga impositiva como contribución al Producto Interno Bruto está entre las más altas del mundo y representa el 39% (superior a Japón, donde es 27% pero inferior a Italia, donde la misma relación llega al 43% y mayores impuestos pueden disminuir la competitividad de las exportaciones brasileñas).

Pero de ahí a extender las reformas a los medios de comunicación en un molde parecido (“control social”)  al que acaba de decretarse en Bolivia y que ya existe en Venezuela, es otro el cantar. Pues los medios en Brasil no son como los de otros países. Tienen mucha influencia, algunos gozan de gran credibilidad y sus periodistas están entre los más exigentes del mundo.

Esta confesión de la candidata ex guerrillera puede ser una piedra muy grande en su camino, precisamente ahora que algunas encuestas la muestran superando en hasta cinco puntos porcentuales al candidato opositor José Serra.

La declaración puede parecer apresurada y peligrosa. Mirando las experiencias que se viven en Venezuela y Bolivia, la prensa brasileña no se quedará de brazos cruzados. Si fue capaz de frenar a Luiz Inacio Lula da Silva en las elecciones de 1989  -las primeras directas para presidente desde el fin del período militarista (1964-1985)- con métodos éticamente reprobables, ahora podría no necesitar de jugar sucio. Tendrá a la vista el cierre de RCTV en Venezuela y, tal vez, los cientos de casos de agresión a la prensa registrados en Bolivia en los últimos años, inclusive un acto terrorista a las oficinas de un canal de TV en Yacuiba que aún espera esclarecimiento, para argumentar su oposición contraria a ese tipo de reforma.

La declaración también puede marcar un momento incandescente en la campaña electoral brasileña, que empieza ahora a toda velocidad, tras el final del campeonato de Suráfrica. Y con Brasil eliminado por Holanda, el humor de los electores puede no estar para experimentos. Los gobiernos del socialismo del siglo XXI han utilizado vorazmente la libertad de expresión y de prensa para apoyarse y alcanzar el poder. Pero una vez alcanzado ese poder, se han vuelto desconfiados con esas libertades democráticas fundamentales (fundamentalísimas, como diría el proyecto original de constitución) y procuran mutilarla, más que amordazarla. El primer Secretario de Prensa del gobierno de Chávez fue el periodista Alfredo Peña, quien rompió con el presidente a los pocos meses, al percibir el camino por el que el ex comandante de paracaidistas empezaba a marchar. Peña había sido Jefe de Reacción del diario El Nacional, uno de los más influyentes de Venezuela y como muchos periodistas de su país se entusiasmaba con la idea del cambio. En Bolivia, la cobertura periodística sobre las marchas y bloqueos dirigidos por el entonces sólo dirigente cocalero Morales era plena, hecho por lo demás natural en un régimen de libertades.

Con Brasil conducido por Dilma Rousseff, la geopolítica de todo el continente sudamericano cambiaría. Colombia, Perú, Chile y hasta Argentina sentirían la influencia de su gobierno. Estados Unidos, que con Barack Obama mantiene una relación tibia con los países sudamericanos, no podría ignorar los cambios que se darían en el tablero geopolítico continental.