Cabildo sucrense repudia a semi alcaldesa masista

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Los sucrenses fueron a un cabildo abierto este martes para discutir la extraña situación que ha surgido la capital boliviana: Cómo un representante del  MAS, Verónica Berríos, cuyo partido perdió las elecciones, pudo reemplazar al sector vencedor representado por Jaime Barrón. Los sucrenses adoptaron un conjunto de resoluciones, entre las que se destaca el repudio de la ciudadanía a la alcaldesa Berríos y el desconocimiento de cualquier decisión que pudiere tomar. La situación sucrense está llegando a límites que cuestionan severamente la vigencia de democracia.

Entrevistado por el programa “No Mentirás” en PAT, el Concejal Nelson Guzmán, que apoya a Barrón, dijo que en su ciudad se había producido un “golpe de estado” de carácter municipal  pues la semi alcaldesa (no encuentro un nombre que exteriorice su condición) fue posesionada en una ceremonia de 10 segundos y bajo protección de la policía. Además, dijo el concejal, la resolución que dio base al juramento de la semi autoridad municipal coloca a quienes se opusieron a esa semi nominación como partidarios de ella. Una reserva puesta sobre la calidad del cabildo fue la escasa participación ciudadana comparada con las expectativas de los organizadores, que esperaban una multitud mucho mayor.

Al volcán en peligro de erupción en que se ha convertido Sucre estos días se le agregó un ingrediente más: el ex alcalde de La Paz, Juan del Granado, ex aliado del gobierno, dijo que efectivamente si hay una acusación formal contra una autoridad, ésta debe ser suspendida del cargo, pero –eso sí- se la debe substituir temporalmente por un representante de la agrupación ganadora.  Es decir, del partido de Barrón, no del MAS.

El gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas,  se jugó por Barrón, también convertido en semi alcalde, la nueva categoría política boliviana surgida estos días. El programa televisivo mostró declaraciones formuladas algunas horas antes por el mandatario regional en las que preguntó “quién puede probar” que fue Jaime Barrón quien envió a los grupos acusados de humillar a campesinos hace dos años en la plaza central de Sucre. “(La destitución de Barrón) es una violación de los derechos ciudadanos”.

La evolución de este conflicto es como caminar descalzo sobre vidrio roto. Su exposición a los ojos nacionales y observadores externos vuelve difícil creer que en Bolivia impera la normalidad democrática.

Ahora se le suma otro síntoma igualmente peligroso:  la marcha de los pueblos indígenas del oriente, que este miércoles ingresaba a su tercer día y que pretende recorrer 1.600 kilómetros y pasar por Santa Cruz y Cochabamba antes de llegar a La Paz. Desconozco el calendario, pero la caminata todavía tiene muchos días por delante.

Los marchistas colocan al gobierno entre la espada y la pared cuando le exigen autonomía y autodeterminación de los pueblos indígenas.  Los dirigentes indígenas –ya son 500 en la marcha- exigen al gobierno que cumpla los compromisos que llevaron a la aprobación de la CPE.

Uno no puede ignorar que Bolivia es la geografía para un experimento social que congrega a 1.600 ONGs (cálculo de la revista brasileña Veja, la tercera en circulación mundial). La marcha recuerda la que realizaron los mismos pueblos indígenas hace veinte años, una piedra angular en los acontecimientos políticos y sociales que se sucedieron en los años siguientes, inclusive los últimos cinco signados por el presidente Evo Morales.

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