La paz del Chaco, 75 años

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Con autorización del autor, reproduzco la entrega del diplomático Ramiro Prudencio Lizón, quien escribe sobre las “bodas de diamante” de la paz del Chaco. Bajo el título  “Conmemorando la paz del Chaco”, el internacinalista escribe:

En el presente mes de junio se ha conmemorado el 75º aniversario del protocolo de 12 de junio de 1935, que dio fin a las hostilidades después de tres años de una cruenta guerra, donde perecieron más de sesenta mil hombres.

Para recordar tan significativa fecha, los ministros de defensa de ambos países se reunieron en Villamontes.  Lo lógico hubiese sido que se encontrasen los dos primeros mandatarios, pero el presidente Evo Morales prefirió asistir a la inauguración del mundial de fútbol, lo que demuestra la carencia de asesores sobre asuntos internacionales en el Palacio de Gobierno, porque ni con el ministro ni con los viceministros de relaciones exteriores se puede contar ya que no son entendidos en la materia.

El mencionado protocolo fue suscrito por el canciller boliviano, don Tomás Manuel Elío, y por el paraguayo, don Luis Riart, reunidos en la Casa Rosada de Buenos Aires, en presencia del presidente argentino, don Agustín Justo, y de los miembros que conformaban la Comisión de Mediación.

Pese a que el acuerdo estaba sujeto a ratificación, el presidente Justo expresó en ese día que tenía “el gran honor y una alta satisfacción de declarar y anunciar solemnemente que la Guerra del Chaco ha terminado”.  Posteriormente, los cancilleres Elío y Riart, salieron al balcón principal del Palacio de Gobierno y se abrazaron delante de una inmensa multitud concentrada en la Plaza de Mayo que con lágrimas vitoreaban a Bolivia, Paraguay y Argentina.

El mismo día 12, se firmó un protocolo adicional donde se determinaba que las hostilidades se suspenderían a las 48 horas de ese momento, por un plazo de diez días, mientras se efectuaban las ratificaciones del acuerdo.

Pero la guerra continuaba.  El protocolo adicional había establecido que el cese de fuego debería comenzar a las 12 horas del día 14 de junio.  De ese modo, mientras los  pueblos boliviano y paraguayo festejaban jubilosos la paz, saliendo a las calles, concentrándose en las plazas y haciendo repicar las campanas, en el frente se seguía combatiendo.

Por increíble que parezca, el comando de nuestro ejército determinó que media hora antes de que se suspenda la guerra, se rompiese fuego en todo el frente y con todas las armas.  Parece que la intención era efectuar una demostración del potencial bélico para impresionar al enemigo y quizás colaborar a la acción de nuestros diplomáticos que negociaban en Buenos Aires.

Por fin, a la hora convenida de ese 14 de junio, callaron las armas.  Los soldados cesaron de combatir y en todo el frente se sintió un silencio impresionante.  Según contaban los combatientes, ese silencio fue más aterrador que el tronar de los cañones de pocos minutos antes.  Casi a los tres años de haberse iniciado, la Guerra del Chaco finalizó definitivamente.

Cabe destacar que pese a las órdenes de sus comandantes que impedían el contacto entre las tropas, los soldados bolivianos y paraguayos salieron de sus trincheras para abrazarse y demostrar que no existían odios ni rencores que impidiesen un acercamiento entre sus pueblos.

El Protocolo de 12 de junio de 1935 constituye un hito en nuestras relaciones con el Paraguay, porque divide dos épocas muy distintas.  La primera, que desembocó en la guerra, fue un largo período de desconfianza y enemistad entre los dos países; y la segunda, posterior a la guerra, en la que los pueblos boliviano y paraguayo han superado sus recelos y se encaminan hacia una plena hermandad.

Como corolario, es importante destacar la determinación efectuada por el Congreso paraguayo, hace unos veinte años, de devolver los trofeos de guerra conquistados a Bolivia.  Evidentemente, ese hermoso gesto sirvió para cerrar cualquier vestigio de resquemor que hubiese dejado esa tremenda contienda, y dio paso al ingreso de una futura integración entre Bolivia y Paraguay.

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