Día: junio 22, 2010

La paz del Chaco, 75 años

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Con autorización del autor, reproduzco la entrega del diplomático Ramiro Prudencio Lizón, quien escribe sobre las “bodas de diamante” de la paz del Chaco. Bajo el título  “Conmemorando la paz del Chaco”, el internacinalista escribe:

En el presente mes de junio se ha conmemorado el 75º aniversario del protocolo de 12 de junio de 1935, que dio fin a las hostilidades después de tres años de una cruenta guerra, donde perecieron más de sesenta mil hombres.

Para recordar tan significativa fecha, los ministros de defensa de ambos países se reunieron en Villamontes.  Lo lógico hubiese sido que se encontrasen los dos primeros mandatarios, pero el presidente Evo Morales prefirió asistir a la inauguración del mundial de fútbol, lo que demuestra la carencia de asesores sobre asuntos internacionales en el Palacio de Gobierno, porque ni con el ministro ni con los viceministros de relaciones exteriores se puede contar ya que no son entendidos en la materia.

El mencionado protocolo fue suscrito por el canciller boliviano, don Tomás Manuel Elío, y por el paraguayo, don Luis Riart, reunidos en la Casa Rosada de Buenos Aires, en presencia del presidente argentino, don Agustín Justo, y de los miembros que conformaban la Comisión de Mediación.

Pese a que el acuerdo estaba sujeto a ratificación, el presidente Justo expresó en ese día que tenía “el gran honor y una alta satisfacción de declarar y anunciar solemnemente que la Guerra del Chaco ha terminado”.  Posteriormente, los cancilleres Elío y Riart, salieron al balcón principal del Palacio de Gobierno y se abrazaron delante de una inmensa multitud concentrada en la Plaza de Mayo que con lágrimas vitoreaban a Bolivia, Paraguay y Argentina.

El mismo día 12, se firmó un protocolo adicional donde se determinaba que las hostilidades se suspenderían a las 48 horas de ese momento, por un plazo de diez días, mientras se efectuaban las ratificaciones del acuerdo.

Pero la guerra continuaba.  El protocolo adicional había establecido que el cese de fuego debería comenzar a las 12 horas del día 14 de junio.  De ese modo, mientras los  pueblos boliviano y paraguayo festejaban jubilosos la paz, saliendo a las calles, concentrándose en las plazas y haciendo repicar las campanas, en el frente se seguía combatiendo.

Por increíble que parezca, el comando de nuestro ejército determinó que media hora antes de que se suspenda la guerra, se rompiese fuego en todo el frente y con todas las armas.  Parece que la intención era efectuar una demostración del potencial bélico para impresionar al enemigo y quizás colaborar a la acción de nuestros diplomáticos que negociaban en Buenos Aires.

Por fin, a la hora convenida de ese 14 de junio, callaron las armas.  Los soldados cesaron de combatir y en todo el frente se sintió un silencio impresionante.  Según contaban los combatientes, ese silencio fue más aterrador que el tronar de los cañones de pocos minutos antes.  Casi a los tres años de haberse iniciado, la Guerra del Chaco finalizó definitivamente.

Cabe destacar que pese a las órdenes de sus comandantes que impedían el contacto entre las tropas, los soldados bolivianos y paraguayos salieron de sus trincheras para abrazarse y demostrar que no existían odios ni rencores que impidiesen un acercamiento entre sus pueblos.

El Protocolo de 12 de junio de 1935 constituye un hito en nuestras relaciones con el Paraguay, porque divide dos épocas muy distintas.  La primera, que desembocó en la guerra, fue un largo período de desconfianza y enemistad entre los dos países; y la segunda, posterior a la guerra, en la que los pueblos boliviano y paraguayo han superado sus recelos y se encaminan hacia una plena hermandad.

Como corolario, es importante destacar la determinación efectuada por el Congreso paraguayo, hace unos veinte años, de devolver los trofeos de guerra conquistados a Bolivia.  Evidentemente, ese hermoso gesto sirvió para cerrar cualquier vestigio de resquemor que hubiese dejado esa tremenda contienda, y dio paso al ingreso de una futura integración entre Bolivia y Paraguay.

Sucre ante otra hora decisiva

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Para hoy está convocado un cabildo en Sucre, escenario de de una situación inverosímil al igual que otras que ocurren en Bolivia desde hace tiempo originadas en la escasa cultura democrática del país. El cabildo viene precedido de las jornadas violentas de la semana pasada, cuando ocurrió un vuelco político de campana y el alcalde electo por mayoría ciudadana, Jaime Barrón, fue defenestrado del cargo antes de haber calentado su sillón municipal. Fue depuesto  por el voto de concejales que colocaron interinamente en su lugar a Verónica Berríos, del partido de gobierno.  Los concejales del MAS se apoyaron en la ley electoral transitoria que establece que los funcionarios, aun cuando fuesen electos mayoritariamente, deberán renunciar a sus cargos mientras las denuncias que pudieren pesar contra ellos no fuesen debidamente esclarecidas.   Barrón, por el ritmo de tortuga con el que se conduce la justicia en Bolivia, puede esperar todo su mandato fuera del cargo. Una escena similar ha ocurrido en Quillacollo: el alcalde electo renunció ante las presiones de militantes del partido oficial.

El problema es que hasta ahora se trata de acusaciones, sin que exista aún una sentencia. Y la norma universal dice que todo acusado será inocente mientras no se le compruebe culpabilidad en un juicio justo e imparcial.

A Barrón se lo sindica como responsable de los incidentes que ocurrieron hace más de dos años cuando, en plena Asamblea Constituyente, una veintena de campesinos convocada para apoyar al presidente Morales fue vejada en la plaza principal de la capital boliviana: se les obligó a desnudarse hasta la cintura y a permanecer en silencio mientras eran abucheados, insultados y algunos recibían latigazos (los mismos puestos de moda con la mal llamada justicia comunitaria).  Los incidentes fueron un eslabón en una seguidilla de hechos violentos que tuvieron su clímax en La Calancha, con la muerte de dos personas que recibieron balas de alto calibre y unos trescientos heridos cuando protestaban contra el traslado de las reuniones constituyentes a un cuartel. Esos incidentes no han sido investigados debidamente ni se conoce a los culpables.

Las crónicas que he leído desde entonces nunca explicaron quiénes habían movilizado a ese grupo de campesinos hasta la capital. Nunca se supo quién o quiénes los llevaron hasta el lugar, quién costeó la movilización y su alojamiento.  Pues quienes lo hicieron son también responsables de lo ocurrido, aunque hasta ahora hayan conseguido eludir la cuota que les corresponde en los incidentes que tuvieron su culminación en la aprobación sin presencia opositora de una CPE que luego recibió apoyo mayoritario de la población (y que excluyó del debate la cuestión de la capital de Bolivia que Sucre, con el apoyo de otras regiones, quería que fuese considerado). Uno no lleva  sin la debida protección a las personas a una excursión: les garantiza el transporte, la comida, el alojamiento y hasta un seguro de vida.

Bolivia vive un período de transformaciones sobre todo sociales  que se extiende por todo el país en busca de la quimérica igualdad.  Poco se dice que las desigualdades no disminuirán a niveles civilizados mientras no aumente notablemente la educación, ni existan suficientes fuentes de trabajo para generar empleos dignos con salarios dignos.  Educación e inversión van de la mano. Muy pocos se arriesgan a invertir en un país con bajos niveles de educación.  Las inversiones en Bolivia llegan a cuentagotas y de puntillas. Esta valla gigante en el desarrollo no se la salta con las garrochas de los feriados. Ayer lunes, 21 de junio, el país entero estuvo detenido para conmemorar el año aymara. Las otras 33 etnias del país sentirán que tienen también derecho a reclamar su propio feriado. Así, Bolivia puede tener pronto 34 feriados étnicos, casi el 10%  de un año entero, sin contar vacaciones ni feriados cívicos ni religiosos. Un récord.