Día: junio 9, 2010

Bolivia en la campaña electoral de Brasil

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Bolivia y su gobierno han entrado a la campaña electoral por la presidencia de Brasil, el próximo octubre, por la puerta grande. José Serra, ex gobernador de Sao Paulo y ex ministro de Salud Pública, impuso el tema hace unos días en el primer round, en el que ya lleva ventaja pues colocó la política de su país hacia el nuestro en la defensiva:  Entre el 80% y 90% de la cocaína que se consume en su país ingresa desde Bolivia. “Es un país amigo, ¿no?”, se preguntó con ironía antes de lanzar una avalancha de acusaciones  que puede entorpecer inclusive el financiamiento brasileño para la carretera San Ignacio de Moxos-Cochabamba, por $312 millones de dólares y más de 300 kilómetros de extensión.  La revista Veja, la tercera en circulación mundial (y quizá la segunda, pues se ha anunciado la desaparición de Newsweek, que le sigue a la primera, Time Magazine). Y  a las 48 horas, el presidente evo Morales, en un innegable reflejo del “efecto Serra”, decía que desconocía la amplitud del problema y llamaba a las fuerzas armadas a combatir el narcotráfico.

Pocos días antes, la misma revista había hurgado el nutrido avispero con un artículo que titulaba “La farsa de la nación indígena” que subrayaba las contradicciones del gobierno boliviano y anomalías como una justicia comunitaria no sometida a la justicia ordinaria sino colocada en igual nivel.

Serra volvió semana al ataque y reclamó que el gobierno boliviano actúe para impedir el ingreso de cocaína a Brasil. Veja se hace eco de las palabras del candidato opositor y de las reacciones que ocurrieron en Bolivia.  En un párrafo central, la revista subraya:

“Irritado con las declaraciones de Serra, un ministro boliviano con un nombre sugestivo, Oscar Coca, exigió pruebas. Aquí están: Morales ingresó a la política defendiendo a los plantadores de coca de la región del Chapare, en el departamento de Cochabamba. En la nueva Constitución boliviana, dictada por el presidente y aprobada en plebiscito a comienzos del año pasado, la coca es considerada “recurso renovable de la biodiversidad  de Bolivia y factor de cohesión social”.    Esa fue la fórmula encontrada para vender al mundo la idea de que la defensa de la producción de coca busca preservar los usos culturales de la planta, como en tés y al natural en la masticación. Si eso fuese verdad, el presidente boliviano tendría que incentivar la reducción  del área plantada, no su aumento. Morales anunció la intención de ampliar el cultivo de coca en 21.000 hectáreas. La demanda tradicional no precisa de más de 7.000 hectáreas para ser cubierta. Además,  la mayor parte de la producción boliviana tiene fines ilícitos: 71% de la coca del país es transformada en droga. En el Chapare, reducto electoral de Morales, ese índice sube para un espantoso 95%. Las acciones de combate al narcotráfico fueron desmanteladas una a una en el gobierno de Morales. La DEA, agencia antidrogas de Estados Unidos, por ejemplo, fue expulsada del país en 2008. Ella apoyaba a la policía local especializada en el combate al narcotráfico (FELCN), complementando salarios, comprando uniformes y ofreciendo cursos. Sin ese auxilio externo, la FELCN no tiene siquiera gasolina para perseguir a los traficantes y encontrar laboratorios de refinación de cocaína. Las aprehensiones actuales son, en la mayor parte, realizadas próximas a la frontera con Brasil y sólo por insistencia y ayuda de la Policía Federal Brasileña”.

La candidata oficial brasileña, Dilma Rousseff,  calificó las declaraciones de Serra como una “demonización” de Bolivia y defendió la línea vigente de la política exterior de su país respecto a su vecino. “Hemos demostrado que Brasil puede ser protagonista sin actitudes imperialistas…”, dijo, citado por la misma revista.

El resto de  la crónica, que dice que las palabras de Serra lastimaron a la diplomacia de Lula, puede ser visto en su versión original, en la sección internacional, en la parte final de la página, aquí.