Día: mayo 9, 2010

Caranavi III

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El sistema  de noticias on line chileno EMOL, del diario El Mercurio, informó esta tarde que el Ministro del Interior, Sacha Llorenti, confirmaba que una persona habia fallecido en Carnavi y que, sin confirmación,  habría una segunda victima fatal causada por los enfrentamientos que se registraron en ese lugar.

Los primeros párrafos de la información de EMOL (El Mercurio On Line) decían:

LA PAZ.- El ministro del Interior de Bolivia, Sacha Llorenti, confirmó este domingo que al menos una persona murió en la violencia vivida entre viernes y sábado en el poblado de Caranavi, en el norte de La Paz, donde la policía desbloqueó una ruta que estuvo en poder de manifestantes durante doce días.

“Lamentablemente anoche nos reportaron que un joven que estaba herido con traumatismo encéfalocraneano severo en el hospital de Clínicas aquí en La Paz perdió la vida”, dijo Llorenti a una red de medios de comunicación estatales.

“También ayer se informó -aunque nosotros no pudimos verificar este extremo- que habría otra persona fallecida ayer en Caranavi.

Ojalá que esta segunda información no se confirme”, manifestó Llorenti, lamentando la pérdida de vidas humanas.

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Busqué la noticia en ABI, la agencia boliviana oficial de informaciones. Hasta el momento de escribir esta entrada, la información no estaba en sus páginas electrónicas. Es decir, los bolivianos podían enterarse de una noticia oficial a través de una red electrónica de informaciones privada…de un país vecino.

El sábado por la tarde, Llorenti había negado que hubiese habido algún deceso en Caranavi. La noticia de las afirmaciones del ministro causaron molestia en Caranavi, donde dirigentes locales invitaron al ministro a trasladarse hasta del lugar para ver el cadáver, que se encontraba, dijeron, en un ataúd, velado por parientes y amigos del fallecido, identificado como Fidel Hernani por Los Tiempos. En su edición de este domingo, el diario cochabambino  mencionaba dos muertos, citando a Radio Fides.

Las noticias que llegaban de Caranavi reportaban una calma tensa en el lugar y se afirmaba que los vecinos preparaban nuevos actos de protesta.

El costoso endogenismo

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Hace pocas semanas, Zimbabwe (ex Rhodesia) celebró 30 años de independencia, bajo un régimen  “endógeno”, con prevalencia de los negros, antes discriminados oprobiosamente. Al mando de Robert Mugabe (todavía gobierna) fue instaurada una economía indigenista que rompió lazos con gran parte del mundo occidental, nacionalizó o estatizó cuanto encontró a su paso y dejó morir los algodonales y  haciendas que antes daban vida y confort en Zimbabwe, entonces un oasis en la convulsionada África. Resultado de tres décadas de un gobierno que reverencia un pasado de dudoso éxito y se esmera por mantener el curso,  han sido la conversión del país de una nación relativamente bien colocada en la economía africana a país mendigo, necesitado de ayuda externa para sobrevivir. El año pasado, la inflación seguía la velocidad de la luz. Llegó a cuatro trillones, un 44 seguido de quince dígitos. Para este año se la estima en 7,3%, lo que muestra el esfuerzo titánico que debe sobrellevar ese país (algunos deben recordar la estabilización draconiana de fines de la década de 1980 tras años de empobrecimiento abyecto de los bolivianos.)   The Economist informa que el más reciente paso en la “indigenización” económica ha sido obligar a las empresas valoradas en más de medio millón de dólares a estar bajo control indigenista total. Es decir, sin blancos.

La nacionalización o estatización cuádruple decretada el 1 de mayo está en camino de entregar al control del estado  todas las áreas llamadas  estratégicas de la economía. Lo que pasa con Zimbabwe debería ser un alerta y un camino prohibido.

Ya tenemos algunos ejemplos del exceso estatista. La producción de YPFB se mantiene en descenso: 37.000 barriles de petróleo, menos que en la década de 1970; 37-39 millones de metros cúbicos de gas natural (raspamos la olla para cubrir compromisos externos y echamos bajo la alfombra planes petroquímicos y termoeléctricas).

Cuatro años después de la toma de los campos que controlaba Petrobrás, el país está a oscuras sobre lo que ocurre con la empresa que gana el pan para los bolivianos. Expertos petroleros informan que el 8 de diciembre de 2008 fue la última vez que se puso a disposición de los interesados –la industria en  general- el parte diario de producción de los campos de YPFB. Tampoco ha habido una medición certificada de las reservas de gas. De manera que obtener información precisa sobre la industria petrolera boliviana equivale a caminar sobre el agua esperando que los pies toquen terreno firme. No es nada fácil.  Un ejemplo: hace unos meses la empresa inauguró (correcto) la perforación de uno de dos  pozos a ser perforados este año, rutina ínfima en la industria petrolera. En Bolivia, esa rutina es  excepcional, quizá por la ausencia de inversiones que revitalicen la industria y al deseo de mostrar que no se encuentra estática.

Algo más: En este mes de mayo, un aviso en una revista anuncia que YPFB ha concluido la preparación para empezar a hundir sus taladros, es decir el trabajo de desboscar, abrir caminos, construir la plataforma, etc. Sólo que la perforación de un pozo profundo demanda, me dice un ingeniero, 370 días. Y encima de todo, el hambre nacional por derivados de petróleo parece insaciable.  El Deber informaba hace unos días que las importaciones crecieron en un 96% este trimestre (enero-marzo) respecto al mismo período de 2009: US$ 88,5 millones versus 173,3 millones. Ustedes  juzguen.