Día: marzo 31, 2010

¿Un hombre para salvar a la OEA?

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Desde Estados Unidos escribe Ted-Córdova-Claure, corresponsal

Havelock, USA –  Hasta hace poco habría sido una paradoja imposible que Estados Unidos apoyase a un político socialista para ordenar el gallinero de su propio patio trasero, la Organización de Estados Americanos, que funciona en un edificio apocas cuadras de la Casa Blanca, en Washington, pero, en el cambiante clima político de la globalidad, esa paradoja imposible es la que ha ocurrido. Miguel Inzulza, un político y diplomático chileno, socialista se, se mantiene por otros 5 anos como secretario general de la OEA.
Inzulza fue socialista de los de Salvador Allende, el mismo Allende que Washington mandó a derrocar durante la presidencia del corrupto Richard Nixon -remember Watergate-, que tenía como secretario de Estado al errático Ric Henry Kissinger quien, según medios políticos chilenos. no puede viajar como lo hacía antes -soy como un cowboy solitario que recorre el mundo, dijo una vez -porque aún tendría sobre su cabeza una orden de aprehensión. Sin la OEA y sin porvenir en su país, su vida política habría llegado a su fin.
El matutino madrileño El País destaco en un artículo de primera página el jueves 24 de marzo, destaco que   “Insulza es un animal político”. Fuera de ese hábitat está tan incómodo como un pez fuera del agua. Es también un carácter volcánico al que le resulta más difícil hacer amigos que perder los que tiene. Ni en Chile, tras la victoria de la derecha, ni en Washington, se le han creado alternativas para dejar la OEA. Llegado el momento de decidir, se ha visto tan abocado a seguir en la OEA como ésta a reelegirlo, escribió el corresponsal Miguel Puente, excelente observador del paisaje washingtoniano en la era de Obama, tan distinta de otras. Además, en tiempos del incómodo “populismo revolucionario” y de los trabalenguas de Hugo Chávez o Evo Morales, quien mejor para cuidar el gallinero que un socialista de malas pulgas?
teddycordova@gmail.com
web: tedcor.wordpress

Bolivia y Chile: un repaso a la historia

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En su columna Contrapunto, el diplomatico Ramiro Prudencio Lizón ha escrito un artículo sobre bajo el título “Chile y la cuestión marítima nacional”, con cuya autorización reproduzco aquí.

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El canciller chileno, Alfredo Moreno, ha decidido crear una Dirección Vecinal, destinada a atender exclusivamente las relaciones con los países limítrofes a su país, es decir, Argentina, Bolivia y Perú.  Y sobre nuestro país, ha reiterado que existe una agenda de 13 puntos, que incluye la demanda de una salida al mar.

Al respecto, en nuestro país hay la idea generalizada de que Chile tiene como política básica, el rechazar todo entendimiento con Bolivia sobre una salida al mar.  Ahora bien, si la mencionada posición chilena fuese cierta, entonces vanos serían los esfuerzos nacionales por alcanzar el mar.

Pero la realidad es diferente.  Al contrario de lo que piensan muchos bolivianos, la política tradicional chilena, salvo cuando las relaciones están muy frías, ha sido buscar una solución al problema marítimo boliviano.  En el transcurso del siglo veinte, y luego de haberse suscrito el Tratado de Paz de 1904, hubo diversas negociaciones entre los dos países relativas la tema.  Basta recordar lo sucedido en los últimos cincuenta años de dicha centuria.

Primeramente, el gobierno del presidente Gabriel González Videla llegó a aceptar, en 1950, el ingreso a “una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico”.  Luego, durante el gobierno del presidente Jorge Alessandri, Chile presentó un memorándum en 1961, donde declaraba que “siempre ha estado llano a estudiar en gestiones directas con Bolivia, la posibilidad de satisfacer las aspiraciones de ésta y los intereses de Chile”.  Como se sabe, el conflicto producido por el desvío de las aguas del río Lauca, sepultó esta nueva iniciativa.

Poco tiempo después, el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva reanudó conversaciones reservadas sobre el tema marítimo, pero el ambiente no era todavía propicio para un entendimiento, ya que la querella del Lauca había creado una profunda animadversión entre los pueblos boliviano y chileno.  Con el gobierno socialista de Salvador Allende, se continuaron las conversaciones, llegándose a concebir una posible solución en base a la entrega de un corredor al norte de Arica, tal como se había estudiado en 1950.

A la caída de Allende, el régimen militar que tomó el poder, encabezado por el general Augusto Pinochet, también se preocupó del asunto, y buscó un arreglo directo con Bolivia.  De este modo, se llegó a la negociación iniciada en Charaña, que fue la más importante del siglo pasado.  En esa oportunidad, mediante nota de 19 de diciembre de 1975, Chile ofreció ceder a nuestro país, un corredor al norte de Arica, con continuidad territorial desde Bolivia hasta el mar.  En resarcimiento, exigió una compensación territorial.   Lo increíble es que en Bolivia surgió una oposición irracional al trueque de territorios, al extremo de que Banzer se sintió obligado a suspender relaciones diplomáticas con Chile y dar fin con ello a tan trascendental negociación que pudo haber roto nuestro enclaustramiento geográfico hace más de treinta años.

Posteriormente, y pese a esa abrupta ruptura de relaciones, se volvió a negociar la cuestión marítima.  Ella se concretó en la reunión de los cancilleres de ambos países, llevada a cabo en 1987, en la ciudad de Montevideo.  Pero, declaraciones anteladas de nuestro gobierno de que Bolivia nunca aceptaría un canje de territorios, provocó la frustración de este nuevo emprendimiento.

Es evidente que cuando los dos países se transan en enfrentamientos agresivos, como ha sucedido en los últimos años, la nación chilena se pone soberbia y decide rechazar toda posible inteligencia sobre la materia.  Pero desde el gobierno de Rodríguez Veltzé y mucho más con el de Evo Morales, los dos gobiernos y los dos pueblos se han acercado, y es muy posible que prime nuevamente en Chile la corriente de buscar una solución al histórico problema marítimo que ha separado hasta el presente, a los tres países involucrados en la Guerra del Pacífico.

Un comisario ataca al Cardenal

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La acusación de un fiscal de La Paz formulada el lunes contra el Cardenal Primado Julio Terrazas, a quien sindica de haber recibido fondos reservados por un valor de  115.000 bolivianos  en 1999, vino como trueno ominoso en plena Semana Santa. Acostumbrado a la lógica de sus superiores de dispara primero, averigua después,  el fiscal Félix Peralta no se preocupó por determinar si se trataba de un homónimo, menos aún de determinar qué fin tuvo esa supuesta entrega ni la magnitud de la calumnia que podía tejer. Se trataba de denigrar al Primado boliviano, la máxima autoridad de la Iglesia Católica en este país, cuya voz serena y firme molesta visiblemente a los mandamases del gobierno.

Se cuenta que San Agustín, en una visión mientras meditaba sobre el mal de la calumnia sobre la reputación de las personas, vio a un niño que echaba agua en una canasta interminablemente. Movido por la curiosidad, se le acercó y le preguntó qué hacía. El niño respondió que quería llenar de agua la canasta. “Es imposible”, le replicó el santo. “El agua siempre se saldrá”. El muchacho despareció ante el asombro del santo mientras una voz le decía: “Lo mismo ocurre con la reputación de las personas. Por más que trates de reparar el daño hecho, jamás lograrás restablecerle plenamente la reputación.”

Por eso el buen nombre de las personas es uno de los mayores valores a respetar. No hacerlo constituye una de las mayores afrentas morales.  Eso explica la reacción de toda la Conferencia Episcopal Boliviana y de la Arquidiócesis de Santa Cruz. En un comunicado este martes, la institución declaró que  “lo que  causa  aún más extrañeza es que el mencionado fiscal lanza las acusaciones a la opinión pública sin haber confirmado la identidad de la persona, demostrado de esta manera una falta de ética profesional y contraviniendo las normas legales”. Agrega: “A nombre del señor Cardenal, luego de haber dialogado con su persona, podemos afirmar categóricamente que durante los largos años de su ministerio episcopal, nunca él ha recibido dinero de parte de ningún gobierno”.

El siguiente párrafo dice: “Estas declaraciones desaprensivas, basadas en una documentación no verificada legalmente y que por lo tanto hacen sospechar en la manipulación, causaron un grave daño a la persona del Cardenal, a su dignidad y sus derechos, además a su investidura y trayectoria, y en el Pastor, a toda la Iglesia Católica”.

Concluye: Este hecho doloroso se da significativamente durante la Semana Santa, días sagrados para la comunidad católica que vive intensamente los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor” y de inmediato invita a todos los cristianos a participar de las celebraciones litúrgicas, a “intensificar la oración” y a solidarizarse con el Pastor católico.

Menudo problema ha creado para su gobierno el fiscal Peralta, quien tendrá que mostrar todas sus cartas. Parte del problema queda transferido a los candidatos del partido de gobierno en las elecciones del Domingo de Resurrección.

La lista de fiscal incluye unos 50 nombres, de personas y empresas, incluso el ex Defensor del Pueblo Waldo Albarracín, quien  ha reconocido que recibió no los 150.000 bolivianos que señalo el fiscal Peralta, sino mucho más. Recibió, según dijo, más de un millón, que distribuyó entre víctimas de la violencia en el Chapare. El ex defensor deberá ahora, en su propia defensa, dar los nombres de los receptores.

Una  huelga de hambre

En un hecho separado, pero que exhibe el grado de tensión que existe entre Santa Cruz y el gobierno, el Presidente del Comité Cívico, Luis Núñez, decidió declararse desde este miércoles en huelga de hambre ante los que denomino “atropellos continuos del gobierno” contra la región. Para el candidato del gobierno para la elección de gobernador, Jerjes Justiniano, ni la huelga de hambre ni la carga sobre el Cardenal son buenas noticias.