El gas que no tenemos

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Si los planes del gobierno para exportar gas natural (materia prima) se cumplieran, tendríamos que estar produciendo casi el doble de lo que YPFB actualmente produce. Es una aritmética elemental: 27,7 millones de metros cúbicos prometidos por contrato a Argentina hace cuatro años sin que se sepa desde cuándo exactamente el compromiso empezará a ser cumplido (y que ahora ha sido refrendado con un re-escalonamiento de entregas hasta llegar al volumen comprometido originalmente); 30 mm3 para Brasil, nuestro principal comprador; 5 mm3 para Uruguay; 2,2 mm3 para Cuiabá, en la frontera con Brasil. El total es 64,9 mm3. Eso no incluye el consumo interno, entre seis y ocho millones de metros cúbicos. El resultado total de esta suma es de 72,9 mm3. Y  ¿saben cuánto producimos, según cifras oficiales?

Entre 41mm3 y 43 mm3. ¿De dónde, entonces, saldrán los otros 30 millones que faltan? La respuesta es un secreto bien guardado: por ahora no existen. Y en esa suma de compromisos no hay plantas termoeléctricas  ni petroquímicas y ni siquiera el gas (8 mm3) que para que el proyecto Mutún despegue. No sé si los “porteños” están conscientes de esta realidad: si no hay gas para la siderurgia, pueden apretar cuanto quieran el pescuezo de la firma india, que siempre les dirá: si no hay carne, ¿con qué preparo el guiso? Sin gas (y gasoducto para transportarlo) todo se vuelve sueños. La capacidad boliviana de aumentar su producción depende de la inversión en la búsqueda y explotación de yacimientos. Las empresas petroleras que todavía operan en Bolivia invierten lo mínimo para mantener sólo sus contratos de suministro. Si les preguntan por qué, probablemente escucharán: ¿“Con qué garantías reales? Además, aumentar ¿para vender dónde?”  Si se les responde Argentina y si la interrogada es Petrobrás, posiblemente escucharán un sonoro “hummmm”. ¿Empresa brasileña semi-estatal invirtiendo para que el gas se vaya a Argentina? Yo también diría “hummmm”.

La cuestión de la energía debería ser un tema fundamental para los bolivianos, como un ABC del que la población tendría que estar enterada cuando menos en lo esencial. Por eso lo trato con frecuencia.  Como me dice un ingeniero con muchos años en la industria, sin energía un país se descarrilla del tren del progreso.

Desalienta escuchar a los candidatos a alcaldías y gobernaciones en Santa Cruz hablar de proyectos grandiosos como trenes subterráneos, aéreos, conexiones domiciliares gratuitas de gas, y mencionar como base los recursos menguantes resultado de las regalías petroleras.  Viene al dedillo un comentario en El Deber del Ing. Carlos Miranda, quien ha dedicado su vida al sector petrolero: “Hagamos el tema simple: Hay que usar más gas natural y menos gasolina y diesel (que importamos), pero para ello hay que aumentar la producción y distribución de gas en el territorio nacional. Eso lo sabemos hace diez años y no lo podemos hacer”

Es en este contexto que se produce la visita a Bolivia de la presidenta argentina Cristina Kirchner. Debía venir para, entre otras cosas, para “reasignar” los volúmenes de gas que Bolivia  comprometió y de los que sólo llegaron a exportarse un 20% a 25% (unos 6 mm3), y a reconfirmar las penalidades por incumplimiento: take or pay, pay on delivery. Llevas o pagas, pagas a la entrega. Y a reafirmar la propósito binacional de construir un gasoducto (20 Kms. en lado boliviano y un tramo más extenso en Argentina) para llevar el gas. La bola estará de nuestro lado y sin cancha para jugar.

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