Día: marzo 17, 2010

Recordando Calama

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El diplomático Ramiro Prudencio Lizón ha escrito sobre la defensa de Calama, el 23 de marzo de 1879. Esa epopeya era conmemorada un tiempo de manera abierta en todos los rincones de Bolivia y constituía un feriado nacional. Prudencio propone restaurar ese feriado, como un homenaje al mayor héroe civil boliviano. Su artículo, originalmente publicado en el diario paceño La Razón y que este blog reproduce con autorización del autor, dice:

Honrar a los héroes

Próximamente se conmemorará un nuevo aniversario de la gesta heroica de Calama, acaecida el 23 de marzo de 1879, y que fuera la primera acción bélica de la Guerra del Pacífico.  Ese día, un puñado de hombres, al mando del doctor Ladislao Cabrera, decidió enfrentar al enemigo y vender cara la ocupación de la localidad de Calama, zona minera y de conversión de varios caminos que comunicaban la costa con el altiplano.

Según fuentes chilenas, el contingente de ese país que atacó Calama estaba constituido por 554 hombres de las tres armas, al mando del coronel Emilio Sotomayor, quien un mes atrás había ocupado el puerto de Antofagasta.  A las 7:30 de la mañana se inició el combate con un fuerte fuego de fusilería de los bolivianos atrincherados en el lado del puente del Topáter que obligó a la caballería adversaria a repasar el vado del río Loa.  Poco después sucedió algo semejante por el lado del puente Carvajal.  Aquí también la caballería chilena es forzada a retroceder.

Ante la ineficacia de la caballería, la fuerte infantería chilena inicia el ataque cruzando diversos vados del río.  Pese a la heroica defensa, la línea de los bolivianos pronto quedó rota por varias partes, agravándose aun más la situación por la escasez de munición que se hizo sentir. Ello obligó al doctor Cabrera a ordenar la retirada al perder sus hombres toda esperanza de triunfo.  Pero un pequeño grupo, al mando de don Eduardo Abaroa, decidió no retirarse y continuó la lucha.

Es interesante recordar lo escrito por el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna, respecto a este suceso.   El dice que Cabrera había ordenado “a un valerosísimo mozo, natural de Calama, casado en ella en venturoso hogar, llamado Eduardo Abaroa, descender al paso encubierto por la enramada, y allí recibió el último a fusilazos a los chilenos desapercibidos”.

Poco después, comenta Vicuña Mackenna, “el intrépido Abaroa pasó el angosto río por una viga y con doce hombres hízose fuerte”.  Luego continúa: “No quiso el taimado calameño desamparar aquel puesto, confiado a su honor, y allí cayó peleando como león acuadrillado, hasta que el hijo de Carlos Roberto Souper le atravesó con su espada”.

El historiador chileno también cita el relato efectuado por el corresponsal de “El Mercurio” de Valparaíso, sobre el combate de Calama, donde señala que Abaroa había muerto como un héroe: “Herido en siete partes, no quiso rendirse y siguió haciendo fuego con su carabina.  Era un joven inteligente y valeroso, y su nombre debe ser saludado con respeto por todo hombre de honor.  Murió aferrado a su arma y apuntando al enemigo.  Había disparado más de cien tiros y no quiso retirarse de su puesto ni aun cuando los chilenos habían ya salvado las trincheras”.

Han pasado 131 años de este hermoso acontecimiento, y su recuerdo no sólo mantiene latente la forma en que debemos defender el suelo patrio, sino que además, nos martillea permanentemente que Bolivia ha quedado enclaustrada en sus montañas.  Por este motivo denominamos a esa fecha el Día del Mar.

Pero los bolivianos no sabemos rendir el debido homenaje a nuestros héroes.  Mientras que en los otros dos países involucrados en esa guerra, los días consagrados a recordar a sus héroes del Pacífico son feriados, el 21 de mayo en Chile, y el 8 de octubre en Perú;  en Bolivia, el 23 de marzo no lo es.  Y teniendo presente además, que para Chile y Perú, la Guerra del Pacífico es un hecho del pasado, mientras que para nuestro país es algo vivo y lacerante.

En consecuencia, sería muy conveniente que el Gobierno nacional se preocupara en dictaminar que el Día del Mar vuelva a ser feriado, como lo fue durante casi un siglo.  Además, en ese glorioso día, se debería pedir a nuestro pueblo un voto de confianza de que tarde o temprano Bolivia llegará al mar;  porque sólo las naciones que no claudican en sus ideales pueden alcanzar los objetivos trazados.