Factor Evo

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La semana pasada fui a renovar mi carnet de conductor. Me imaginaba un alud de trámites kafkiano y un sinfín de traslados a las oficinas de la Policía. Era lo que me había tocado hacer en otras ocasiones. Me imaginaba cómo reaccionaría ante los reclamos indirectos de “comisiones” (coimas) en medio de  la multitud que suele apiñarse, a ratos desordenadamente, en procura de llegar hasta el balcón correspondiente.

Fue una grata sorpresa encontrarme con que pude realizar todos los trámites en menos de 24 horas, y pagar estrictamente lo que estaba establecido por ley: unos 240 bolivianos. No me parecía algo de todos los días. Era un hecho novedoso y esperanzador. Coincidencia o no, días antes el gobierno acababa de imponer normas draconianas contra la corrupción. Si se empeña en seguir el camino de cortar la grande y la pequeña corrupción, ese esfuerzo ganará la simpatía de muchos de los que deben realizar trámites que hasta hace poco parecían interminables y que se convertían en un calvario para el ciudadano. Y como muchos otros ciudadanos, espero ver la conducta de las patrullas nocturnas que «inspeccionan» vehículos…

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