Día: febrero 7, 2010

Cortar en la propia carne

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 No habían pasado 24 horas desde la decisión del presidente Evo Morales de intervenir la Dirección Nacional de Aduanas, la cabeza de uno de los potes de corrupción más abundantes de Bolivia, cuando uno de sus hombres de mayor confianza, el ex ministro de Educación Félix Patzi, renunciaba a su candidatura como Prefecto de La Paz.  Había sido sorprendido por una patrulla policial en La Paz mientras conducía ebrio. Quiso fugar, dice la versión que dieron los canales de TV, pero la patrulla logró detenerlo.  El caso llegó a oídos del presidente Evo Morales quien de inmediato convocó a sus ministros más próximos y al poco tiempo el ex Ministro de Educación, y hasta el jueves 4 de febrero candidato del  MAS a la gobernación del Departamento de La Paz, renunciaba dejando a su partido ante una de sus mayores crisis. La salida de Patzi de la lista oficial de candidatos a gobernar La Paz tuvo un elemento traumático adicional. Pocas horas después, respaldado por dirigentes provinciales del departamento paceño, se “des-renunció” y, en un propósito que vislumbraba un mano a mano con el presidente Morales, dijo que la decisión la dejaba en manos de las  “organizaciones sociales”.

El MAS, que a esas alturas ya estaba sacudido por el trauma, escogió el lado más seguro y reafirmó la renuncia de Patzi, uno de los dirigentes ideológicamente más brillantes del marxismo campesino boliviano. Patzi  no tiene cómo sostenerse sin erosionar gravemente la autoridad del presidente Morales. Es él o el presidente, que sólo horas antes había dispuesto castigos severos para los infractores de las leyes de tránsito, puestas en entredicho por una seguidilla de graves accidentes.  Patzi no solamente perdió una gobernación –demográficamente la mayor del país-que el  MAS daba por segura. También perdió la licencia de conductor para el resto de su vida, pues sólo seis meses antes, cuando era Secretario General de la Prefectura de La Paz,  también había sido sorprendido conduciendo ebrio. Además, en su haber figuraba la adquisición irregular de un lote de computadoras cuando era Ministro de Educación, en 2006. Hasta este fin de semana, el MAS tenía varias cartas para jugar, pero ninguna de la calidad política de Patzi. (Entre los candidatos figuraba incluso incluso uno de los “Ponchos Rojos” de Achacachi.)  Patzi  no se ha resignado del todo a perder la candidatura ni a ingresar, siquiera momentáneamente, a un ostracismo político. Subraya que su futuro lo decidirán “las bases”, dirigentes de las provincias paceñas que se congregarán estos días para “limpiarlo” de culpa y pronunciarse a su favor.

Durante la semana, el presidente había ordenado la intervención de la Dirección Nacional de Aduanas y estaba en marcha una auditoría ante sospechas de corrupción. Un indicio de irregularidades mayores era un  “estudio” (garzonier, también le llaman) dentro de la oficina de la dirección general. La medida es atrevida. Hay que recordar a todos los que, desde el gobierno, estuvieron vinculados a las aduanas y amasaron grandes fortunas, para ellos y sus parientes.

Esta secuencia de episodios es rara en la historia boliviana. Puede tratase de un camino nuevo que intenta transitar el presidente Morales con gran potencial del réditos políticos. Si es así, no podrá salirse de él con facilidad, especialmente cuando su aliado  Hugo Chávez vive un verdadero “infierno astral”.  Si las dificutades del gobierno venezolano se agravasen, con una fuerza de succión capaz de contaminar a sus aliados, el mayor asidero del presidente boliviano  será persistir en  la imagen anti-corrupción que ha exhibido estos días. Perseverar en ese camino no será gratuito.  Puede traerle consecuencias. Una pregunta que sobrevuela muchas cabezas es si sus tribulaciones llegarán a la prueba suprema: cuando le toque -si llegare ese momento- hacer fuego sobre sus compañeros de ruta, los cocaleros.

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